9 de marzo de 2018
5 de marzo de 2018
SEMANA DEL ALMA
Están pasando
horas, resuellos,
de labios que
me muerdo,
y te llevo
conmigo, y no
está pasando nada.
Están pasando
el sol, las lluvias,
el calor, los besos
de tu casa, y me
estremezco de solo
contigo, y no
está pasando nada.
Están pasando
la fe por las ganas
de hacerme contigo
de suspiro
nuestra casa. Para nunca
desde siempre, y no
está pasando nada.
Cuánto estamos
diciendo solos.
Cuánto beso tenemos
nuestro guardado.
Cuánto entre
lo que queremos,
y lo que nos parece.
Y no
está pasando nada.
Jag.
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4 de marzo de 2018
Quiéreme ahora,
y no vengas a mi entierro.
Va a estar
anegado de lágrimas
de gente que nunca
movió un dedo por mi.
Jag.
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3 de marzo de 2018
MIRADA DEL LOBO EN UNA TARDENOCHE DE LLUVIA
La manera más simple de la felicidad es amoldarse a lo que hay y disfrutar. Como si fuésemos líquidos que caen en un cuenco. Si cae mucho, no importa. Si cae poco, no importa. Tampoco si cae dentro o cae fuera.
Te dije no pienses en el frío y yo no pensaré en los cristianos. Y te lo dije atropelladamente, porque diciéndotelo al oído, ya voy acercándome a la idea de cómo me gustaría que todo esto fuera con más frecuencia. Que tú no pensaras en lo uno y yo no pensara en lo otro, supongo que podría ser suficiente para que ni tú ni yo saliésemos movidos si a Dios le diera por hacernos una foto.
Te miraba con el rabillo del ojo. Las manos rodeando al móvil cálidamente sobre tu regazo. Las rodillas muy juntas. Y tu olor.
Por mi parte, por dentro, todo, resumido en un estremecimiento, contigo a mi lado. No sé decirlo, no quiero describirlo, para que no acabe decepcionado, y me niego a inventarlo.
Hace cuatro noches te dije que sólo quiero vivir. Y si no es para ti, no quiero calor para nadie.
Yo sé que con mi honesto candor no voy a ninguna parte. Y sé que no estoy en posición de plantearme lo que tú necesitas. Pero alguna vez pienso en qué estoy haciendo con mi vida, y la corriente de pensamientos se me corta cuando siento que hago algo que te ayude o te sirva, o que al menos te haga reír.
Yo sé que no es un plan de vida, y que todo esto se va a resolver en una explosión sin sentido de sentimientos atropellados, como abrir de golpe una gaseosa que ha venido en la parte de atrás de una furgoneta.
En un momento pienso que tengo que cuidar de tu dolor y del mío. Pero todo eso está confundido con mi cuidado por tu plenitud y la mía. Y por algo parecido a unas esperanzas, que aunque no queramos, nos acabamos formando.
Siempre ando con la mano nerviosa y tensa en el grifo de decir las cosas. Ya podrás imaginar que este baile absurdo de lo que quiero con lo que debo, de lo que puedo con lo que hago, me tiene agotado, y de los nervios. Tengo un miedo terrible a decirme que te amo.
Que tú y yo nos conocemos más de lo que admitimos, es un hecho. Y notaste mi respirar acelerado, y ahora no puedo evitar volver a temblar ante este papel que se arruga al choque de la calidez con la humedad. No tengo remedio.
Te inclinaste un poco por leer algo, y de algún modo me sentí de pronto derrotado por la blancura de tu cuello. Después, no pude más que irme. Y sólo podía caminar por calles en las que los edificios no me escondieran la luna llena. Esa que juega con nuestros líquidos.
Jag.
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1 de marzo de 2018
ESCRÚPULO Y CREPÚSCULO
1.
Tenías casi prisa por saberlo todo, y después el silencio.
Todo resumido en una línea desastrosa de emoticonos tristes y enfermos que yo ni sabía que existían.
Y después ay, y después de después ya está.
2.
Aunque yo esté solo en mi piel, vida, no llores.
No llores, aunque estés sola en la piel que sólo yo te conozco. Aunque se calle o se apague o nunca diga nada la sola lágrima que tú y yo de algún modo formamos en mitad de esta tormenta. Esa gota que es la única vida que tú y yo podemos permitirnos.
No me llores, vida, igual que no sé llorarte, pues las lágrimas del fin ya hirvieron al principio.
Nuestro fin que quién sabe. Nuestro fin que cuándo será. El de por qué será y por quién.
Nuestro fin, con su lágrima de bienvenida.
Con sus caricias que no fueron, abrazadas a las palabras que callaron.
Nuestra lágrima, nuestro rayo de esperanza y nuestro fin por nuestra mano.
Por culpa de la verdad, arrastrados por la riada.
Por nuestra mano.
Por nuestros ojos que callan.
Por nuestras vidas tomadas una a una, como si nunca nos hubiésemos bebido ni respirado.
Vida, no llores.
Vida, vive. Y no me calles.
3.
No sé cuál es la parte triste de todo esto. Sencillamente no sé decirlo.
Es como la estupefacción de una memoria del futuro.
Como un ya te lo dije tomando unos cafés con un quién podía saberlo.
Un nunca debió pasar yéndose de fin de semana con un pasó antes de tiempo.
Hay tantas, tantas cosas que no sé. Tanta oscuridad que no quiero, a pesar de todo lo que me esté iluminando. Tantas y tantas cosas que me van sucediendo. Un día antes de otro y al revés.
Tanto que me deja dolorido y liberado.
Tanto que me brinda tan solo, tan ligero y limpio el dibujo de mi vida.
Todo tan de mi parte para decidir, que no sé.
Jag.
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Tenías casi prisa por saberlo todo, y después el silencio.
Todo resumido en una línea desastrosa de emoticonos tristes y enfermos que yo ni sabía que existían.
Y después ay, y después de después ya está.
2.
Aunque yo esté solo en mi piel, vida, no llores.
No llores, aunque estés sola en la piel que sólo yo te conozco. Aunque se calle o se apague o nunca diga nada la sola lágrima que tú y yo de algún modo formamos en mitad de esta tormenta. Esa gota que es la única vida que tú y yo podemos permitirnos.
No me llores, vida, igual que no sé llorarte, pues las lágrimas del fin ya hirvieron al principio.
Nuestro fin que quién sabe. Nuestro fin que cuándo será. El de por qué será y por quién.
Nuestro fin, con su lágrima de bienvenida.
Con sus caricias que no fueron, abrazadas a las palabras que callaron.
Nuestra lágrima, nuestro rayo de esperanza y nuestro fin por nuestra mano.
Por culpa de la verdad, arrastrados por la riada.
Por nuestra mano.
Por nuestros ojos que callan.
Por nuestras vidas tomadas una a una, como si nunca nos hubiésemos bebido ni respirado.
Vida, no llores.
Vida, vive. Y no me calles.
3.
No sé cuál es la parte triste de todo esto. Sencillamente no sé decirlo.
Es como la estupefacción de una memoria del futuro.
Como un ya te lo dije tomando unos cafés con un quién podía saberlo.
Un nunca debió pasar yéndose de fin de semana con un pasó antes de tiempo.
Hay tantas, tantas cosas que no sé. Tanta oscuridad que no quiero, a pesar de todo lo que me esté iluminando. Tantas y tantas cosas que me van sucediendo. Un día antes de otro y al revés.
Tanto que me deja dolorido y liberado.
Tanto que me brinda tan solo, tan ligero y limpio el dibujo de mi vida.
Todo tan de mi parte para decidir, que no sé.
Jag.
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