22 de febrero de 2020

NO LLORA MAGDALENA


Un giro brusco le diste sin querer a todo esto cuando me trajiste el cuenco de té verde pulverizado a la piedra.
No pude evitar pensar que eres de esas mujeres que se derraman dichosas si es que un hombre les regala un hacha. Y supongo que me abandoné a soñarte mirándote desnuda, callada, en cuclillas, goteando de barro.
Por supuesto que merecías que esforzase el poema, aunque observa lo certeros que estuvimos explorando la infinidad de nuestros matices, tan sólo caminando juntos por la ronda.
Jag.
23_1_2020



.

NO QUIERO ACABAR BUCÓLICO


Me despertó un ruido, y me encontré rodeado de maleza. Abierto, tenía encima un libro que no recordaba. Lo arrojé lejos de mi, me puse de pie de un salto y supe que era mediodía. Atravesé unos espesos arbustos, y entre los árboles, mi vista llaneaba sobre minúsculas urbanizaciones y pequeñas acequias. Podría haberme puesto a intentar saber cómo había ido a acabar allí, pero estaba ocupado enteramente en maravillarme por tener todo ese dolor de cabeza para mí solo. El aire estaba limpio y toda esa mierda estúpida que sobre la vida en el campo se le puede ocurrir a un urbanita de profesión liberal barra funcionario. Aburrido y decepcionante y estrecho y miope y conformista y desalmado e ignorante patético orgulloso como un pajarillo que está a punto de morir envenenado bebiendo en una charca de la cantera.
Hablábamos de oportunidades que damos y que recibe la gente. Yo nunca había dudado de que tu drama te ocupa y te hace. Pero en tu entimismamiento se te escapa que todo el mundo tiene su drama propio, que es el que, como a ti, ahora mismo y en todo momento, le ocupa y le hace. Lo he intentado contigo muchas veces, a conciencia, pero no valoras o no sabes dar el paso siguiente. Al final me duele reconocer y verbalizar lo que la peña suelta festiva y tan descarnadamente. Ya tenía comprobado que eres un pobre perro idiota que gira y gira persiguiéndose la cola. Sólo que en tu pobre idiota elección está incluida alguna dentellada a alguien que se te acerca. Como tú, hay personas que no tienen conciencia de lo que puede llegar a construir un encuentro temporal con alguien cualquiera. Personas como tú, con su escuálida y desoladora implicación en lo que hablamos mientras nos encontramos, me hacen pensar, mientras asiento mecánicamente, por qué no estoy ahora mismo leyendo un libro.
Vengo a decir mayormente que estoy harto de tu puta frecuencia vibratoria.
El campo no tiene un fin para alguien que ha nacido en la miseria y vive insatisfecho. Me aburre mortalmente sostener sobre todo tus tontas alegrías. No me llegan, igual que por mucho que te pongas, ni hueles las cosas que a mí me entusiasman. Por eso estoy siempre como adornando mi soledad. Como si no hubiera vuelta de salir al mundo y acabar peleado y rendido con la gente.
En el campo, los silencios del invierno al otoño, tan arruinados porque por dentro no descansan mis ruidos. Me escapo de la gente tan buena y tan normal como tú, y me hago un hogar de paso en mi encierro. Y tantas veces ocurre que hay libros como tú. Con su grosero y vacío engreírse, con su artificio absorbente de impostada emoción que no viene a darme nada, consiguen que me remueva incómodo en la silla, porque echo de menos el viento sin idioma y la luz del sol, tan desprendida. Libros como tú, que hacen que rabie de picor en la cama. Que me lanzan a sufrir por el tiempo en que estoy dándole la espalda a la sencilla, pura y silenciosa luz de las estrellas. Libros como tú, que con su absurda exigencia, a cambio de nada, me están quitando el tiempo y la posibilidad de dormir tan llanamente, y de estar soñando cualquier cosa.
Jag.
21_1_2020



.

ESTÍMULOS


Me doy cuenta de que salgo, por descansar, a evadirme un poco de mí, aunque suelo encontrarme con gente que sale a encontrarse consigo misma y atosigarme con su producto. La parte que le pesa y la que le enorgullece, para que yo se las soporte. Cuando transijo, yo me evado de mí, y ellas, ellos, se evaden también de mí.
Salgo a intentar airearme cada cierto tiempo, cuando ya me empieza a quedar borrosa la certeza de que aunque intente darme todo, lo normal es verme malempleado en conversaciones en las que hay de todo menos interés, generosidad, comprensión.
Entonces me sale la risa triste de después de negarme a lo que no quería ver, y me vuelvo a mi encierro, en el que, en realidad, aún en soledad, la mayor parte del tiempo estoy lleno de estímulos.
Jag.
20_1_2020



.

REAL


Cuando me pongo
a soñar de verdad,
no eres tú.
Jag.
18_1_2020



.

POR LA MAÑANA


Es viernes, recordad
no entregaros
a la escuálida certeza
de que una
de cada cinco cervezas
es un quinto.
Jag.
17_1_2020



.