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12 de febrero de 2013

MEMO

Cuanto más memo,
más cerca de la verdad sin adornos,
sin condiciones ni retórica.

Más cerca de la verdad, desnuda
en su independencia.

De la verdad que no necesita justificación,
explicación ni público.

Cuanto más memo, menos fingido,
más alegre, ligero e inocente,
más comprometido con lo simple.

Cuanto más memo, más seguro, más directo,
más exacto, puro e inconsciente.

Cuanto más memo, más limpio,
y de remontarnos a los orígenes de los principios,
diremos que
cuanto más memo, más humano.


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9 de febrero de 2013

LA ATENCIÓN EXTRAVIADA.

Hay un tiempo, que es la reunión de muchos tiempos, que podríamos llamarlo nuestro tiempo despreocupado.

Nos pasa casi completamente desapercibido, aunque a poco que te fijes, ahí está, delante tuyo. Un buen día coge cuerpo, y se te hace tan presente, que a lo mejor te sientes culpable de no haberle echado cuenta, y te preguntas pero en qué estaba yo pensando entonces. Te preguntas si estabas en Babia o en standby, si andabas entusiasmándote por algo que a día de hoy no recuerdas, o si por el contrario estabas ahogándote con las cosas normales, con las fortuitas, las maravillosas carambolas o las desastrosas casualidades que cada día te absorben la atención.

El caso es que estás viendo que ese tiempo despreocupado, que acabó por pasarte desapercibido, también era parte de tu vida, y ya pasó, y este pequeño detalle, el de percibir de improviso un tiempo tuyo que no volverá, según tus circunstancias actuales, tu estado de ánimo, situación económico/laboral, sentimental, según tu prestancia psíquico emocional, y por qué no decirlo, tu estado de salud, tu edad, etc; pues este pequeño detalle, te hará vivir ese precioso tiempo perdido como una simple curiosidad, como una anécdota o como una insalvable tragedia.

Creo que raramente vas a quedar indiferente cuando veas ante ti mismo, en el momento presente, cuánto hiciste de más y cuánto hiciste de menos en ese tiempo que te pasó y que no viviste. Puede ser que tu despreocupación, o tu falta de atención, estuvieran basadas simplemente en que tu espíritu no levantaba un palmo del suelo. Esto hacía que tu vida fuese más sencilla, pues hoy, con la distancia, ves que en aquel entonces la gente te dejaba en paz. Te das cuenta de que, en realidad, la vida sólo opuso exigencias a las que tú ponías, y ves que, remontando el río más arriba de los rápidos, cuando todo es fresco, inmediato, puro y ruidoso, cuando no tenías noticias de la profundidad, tú eras, a fin de cuentas, apenas una mínima preocupación o una pequeña esperanza para tus padres. Eras apenas una parte atomizada del trabajo de tus maestros. Hacías tus cosas, hoy lo ves, sin percibir que nadie estuviese analizando tus potencialidades, ni dirigiendo tus valores, ni desnudando tus ambiciones.

Hoy ves la fuerza de aquella candidez, hoy ves que sólo de su mano podías, aunque sin saberlo, sentirte libre. Echas de menos esa libertad que no sabías ver.

En vez de lamentarte, o encogerte de hombros, sorprenderte o acariciar ese tiempo despreocupado que hoy se te presentó, a lo mejor hoy podrías arremangarte un poco más para concienciarte de lo que hoy mismo tienes entre manos. A lo mejor, hoy podrías hacer lo posible, a conciencia, para que tu vida sea más plena o más digna. Una vida de ojos abiertos y corazón dispuesto.

A lo mejor, también, hoy podrías intentar desconocerte del todo de ti mismo, relajarte de todo y entregarte a un lento, constante e indolente fluir del tiempo que vives hoy y pasará. A lo mejor, viendo hoy la cata puntual de lo que tus sueños y aspiraciones, tus amores, esfuerzos y anhelos han venido a resultar, a lo mejor decides que lo mejor es abrir enteramente los ojos a la despreocupación, y dejar que tu tiempo de hoy avance por sí solo, alegre o arrastrado, hasta que se le acaben las ganas, las distancias, el sentido de sus propios ímpetus.


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7 de febrero de 2013

LOS TÍTULOS DE LAS COSAS.


Está feo, y suena raro que empiece soltando una conclusión. Se me ocurre que puede parecer que quiero dejar las cosas como muy asentadas, pero antes de tiempo. Se me ocurre que puede parecer que impongo un criterio de partida y dejo al lector poco margen para la disensión. No sé.

Pero es que ocurre que empezar haciendo esto, soltar una conclusión medio sugiriendo que no habrá demostración ni espacio para el debate, me parece una perfecta imagen del tema que quiero tratar: las cosas son lo que son, pero nosotros “les ponemos un título”. Quiero decir que hacemos un juicio rápido de esas cosas, sin debate ni rigor, y hacemos como este texto está haciendo: tras una impresión rápida, formulamos conclusiones subjetivas, precipitadas, y a otra cosa.

Sin querer entrar a juzgar si es una ventaja o una limitación (que nos brinda o nos impone el funcionamiento de nuestra mente), en este texto me quiero limitar a señalar la cuestión. Para quien la quiera leer.

Michael Pollan, en su “La Botánica del Deseo” (1) dice que en la tarea de percibir e interpretar el mundo fenoménico “mirar, escuchar, oler, sentir o probar las cosas tal como realmente son resulta siempre difícil, si no imposible (...), así que percibimos cada instante multisensorial a través de una pantalla protectora de ideas, experiencias pasadas y expectativas”.

Supongo que esa capacidad de escoger y desechar de entre todos los estímulos sensoriales que recibimos, es lo que nos salva de vivir en un estado de permanente asombro, y por tanto, indecisión e inacción. En un mundo plurisensorial, esa capacidad que tiene nuestra mente para hacernos discernir entre lo que merece nuestra atención y lo que no, nos ayuda a sobrevivir, eso es cierto, pero lo que yo quería señalar en mi conclusión inicial es que esa cualidad lleva implícita una condición limitadora: no sólo discernimos lo que interesa de lo que no en términos de percepción sensorial, también lo hacemos en un plano conceptual.

Citado en el mismo libro de Pollan, Ralph W. Emerson dice que “la Naturaleza siempre se viste con los colores del espíritu”. Se refiere a que nunca vemos el mundo directamente tal cual es, sino que lo hacemos sólo a través de un filtro de conceptos previos y metáforas. Y es que aparte de nuestras limitaciones en el plano sensorial (nunca olfatearemos tan agudamente como un perro, por ejemplo), aparte de los discernimientos que, con criterio más bien práctico nos hace la mente en nuestro orden sensitivo, también nos ponemos trabas, de forma igualmente inconsciente a nivel mental/conceptual. Vemos el mundo, y también se puede decir que lo comprendemos, a través de nuestro agujerito particular. Nos perdemos el resto del mundo y no somos conscientes de ello. Por supuesto, tampoco sabemos que ese agujerito se puede ensanchar. O con voluntad, o con ayuda, o con suerte, o con una sabia combinación de todo. He pensado que a más ancho nuestro agujerito, a más “anchos” y “profundos” los conceptos y metáforas que gobiernan nuestra relación con el mundo, más “ancho” y “profundo” será nuestro mundo. No sólo lo que percibimos a nivel particular, también lo que comprendemos.

Vengo a decir que estamos instalados en la complacencia. Es seguro que, por mucho que nos esforcemos, no veremos colores infrarrojos ni ultravioletas, tampoco olfatearemos tan agudamente como un perro, estas son cuestiones de limitación sensorial, pero ¿nuestros conceptos? ¿nuestras metáforas? Aquí nos referimos a creaciones de nuestra mente, que, aunque pueden venir mediatizadas por infinidad de factores externos, también tienen una parte de decisión que no asumimos, una parte de voluntad que no reconocemos.

Hemos creado un mundo en el que se valoran la comodidad y la estabilidad. Y no sólo se valoran: se potencian e incentivan ¿Por qué? Pienso que porque así se nos mantiene, a nivel personal y colectivo, dentro de un orden predecible, y por tanto, controlable y dirigible. Pienso que esa comodidad y estabilidad que se nos desliza como fin último, adormecen, matan una cualidad básica de nuestra mente y de nuestro corazón: el espíritu de indagar más allá de la mera supervivencia. Si se duerme el espíritu de indagar, se evita que cuestionemos, se evitan las disensiones, las críticas a lo establecido. Y con ese afán también nos es sugerido qué es sobrevivir: conseguir estabilidad/comodidad emocional, social y económica a nivel individual, extensible al entorno inmediato, familia y amigos. Fuera de eso, nos son sugeridos una serie de conceptos de, digamos, vaga definición que, a modo de complementos/objetivos vitales, nos alejan de la posibilidad de plantearnos la vida en peligrosos niveles de seriedad y cuestionamiento más profundo.

De entrada, la vida está organizada para que nuestro tiempo, energías y atención se vean absorbidos en la satisfacción de las necesidades puramente fisiológicas: respirar, alimentarse, beber y dormir, liberar los desechos corporales, regular la homeostasis y el ñaca ñaca (todo lo que se pueda). Quiero decir que CONSEGUIR ejercer estas acciones, que satisfacen derechos fundamentales, están sujetas a protocolos que sugieren sensaciones de fragilidad en cuanto a la seguridad física, moral y fisiológica de la persona. Se condiciona el equilibrio familiar con la manipulación de las condiciones en que se distribuyen los ingresos y recursos. Y manteniendo un aura de precariedad alrededor de las condiciones laborales, se consigue       que la atención no vaya mucho más allá del día a día.

Dentro de esas condiciones precarias en cuanto a las satisfacciones de lo fisiológico, se educa a la gente en la necesidad de ser aceptado socialmente: se diseñan conjuntamente la necesidad y los parámetros en los que debemos encajar nuestras necesidades reales de afecto, amor, amistad y pertenencia al colectivo. Fuera de los límites marcados por esos parámetros, el individuo se encuentra segregado del grupo... Aún aceptando los límites aceptables dentro del colectivo, nos bombardean con adornos que hemos de conseguir para definirnos frente al resto. El éxito. El prestigio. El poder que cada uno pueda ejercer en su nivel. Dejan en nuestra mano la búsqueda de nuestra felicidad, sin ayudarnos a definirla. Relacionan fuerzas imponderables (y externas a la esfera de acción de nuestra voluntad) con nuestra autoestima. Nos hipotecan. Yo me pregunto si no estarán consiguiendo, con esa batería de abstracciones inalcanzables, mantenernos alejados de las energías salvajes que trascienden al individuo, y que son las que marcan la evolución del ser humano como especie.

Decía que se nos educa en la comodidad y la estabilidad, cuando en realidad la Naturaleza no es cómoda ni es estable. Se nos adormece el afán de indagar aunque, en realidad, la vida es un presente que se renueva constantemente ¿De qué sirve lo aprendido? ¿En qué nos beneficia lo acumulado? Así, miramos las cosas con los ojos de nuestra comodidad, que degenera en vagancia, en indolencia. Miramos las cosas habiendo perdido la necesidad y las ganas de saber cómo y de qué están hechas, habiendo olvidado la posibilidad de preguntarles qué quieren de nosotros, qué parte nuestra necesitan. Miramos las cosas sin verlas.

Y al final, ¿qué son esas cosas que vemos a través de los títulos que les ponemos?¿Por qué sería interesante que las viésemos desnudas, sin estorbos ni disfraces? Pues porque esas cosas son quiénes somos, qué queremos y qué sentimos. Esas cosas que miramos y no vemos constituyen el conjunto de anhelos que dirigen nuestras expectativas, son el cajón de herramientas (físico, emocional, conceptual) que disponemos para satisfacerlas. En suma, esas cosas que miramos y no vemos constituyen lo que esperamos de la vida y para qué nos vemos con fuerzas. Hasta dónde damos alcance a nuestra dignidad y cómo conformamos los límites de nuestro atrevimiento.

Nos conformamos, en ambos sentidos de la palabra, con los títulos que les ponemos a las cosas, dos puntos, nos hacemos y nos resignamos. Y en ambos casos lo hacemos a nivel inconsciente, involuntario. Se nos escapa que a un tiempo hay algo inmanente y voluble en quiénes somos, que hay una mezcla caprichosa de perpetuidad e inconstancia en lo que sentimos. Y acabamos entregados al desaliento porque ¿eres más lo que eres que lo que quieres ser? ¿eres más lo que sientes que puedes ser que lo que deseas? ¿sientes más o mejor lo que tienes clasificado en tu bagaje emocional que lo que ni siquiera sabes que podrías definir? Así, con los títulos, que nos brindan descanso antes de haber empezado el trabajo, acabamos rindiéndonos a la prosaica evidencia de que, ineludiblemente, no estamos aquí para siempre, por eso saturamos nuestra atención y llenamos nuestra vida con famélicas verdades, que nos dirigen: soy fulanito de tal, nacionalista, aparejador, calvo, deportivo y jovial; soy menganita de cual, escorpión, divorciada y rubia con reflejos caoba, luchadora, madre de tres niños preciosos que prefiero mantener en el anonimato, me encuentro limpiando la barra, quiero la paz en el mundo y un media libra con queso; yo soy single y tengo verdaderas ganas de vivir, mis sueños van por buen camino y estoy bien con un helado de stracchiatella mientras me llega el éxito, el amor verdadero o la llamada de la naturaleza.

En fin, cierro mi conclusión apresurada pensando que tenemos la vida ahogada bajo el peso de lo que decimos que somos, la tenemos aburrida detrás de esas cosas que sentimos que hacemos. Más allá del peso, la opacidad e impenetrabilidad de los títulos con que miramos nuestra vida, más allá, marchitándose por la falta de nuestro afecto y atención, estamos nosotros mismos: la parte de nosotros que nos salvaría la vida, pero que no sabemos que podemos salir a buscar.



(1) Michael Pollan: “La Botánica del Deseo. El mundo visto a través de las plantas”.

Trad. Raúl Nagore,
Ed. Navarrorum Tabula s.l.
Donostia, 2007.


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31 de enero de 2013

DUDAS Y CERTEZAS



Para María.

Los textos que he leído, referidos al campo semántico de la dignidad artística, con mujeres y vino tinto, las vidas a las que esos textos remiten, y también mi vida, que se escribe mientras se va leyendo en esos textos, todo ello, digo, está sembrado de las resultas de los debates entre las dudas y las certezas. Las de los personajes de esos textos, que las heredan de sus autores, y las mías propias. Y esas dudas y certezas, las que uno escribe, las que otros heredan, son nacidas y alimentadas en la sucesión de tropiezos e iluminaciones que llamamos vivir. Y uno tropieza porque hay oscuridades en el alma, que se encuentran con avatares de la fortuna y accidentes del camino. Y el tropiezo, con su incertidumbre y angustia, se palía y resuelve con ligeros fogonazos que vienen del mundo, o que se sienten en el alma, y de improviso uno sabe elegir y todo se aclara, y el camino lo va haciendo uno, esquivando la trampa y el charco, mientras mantiene luz en el corazón, a saltitos, como un pájaro cantor despreocupado.

En esos textos sobre dignidad artística, mujeres y vino tinto me veo a mí y te veo a ti. No hay cerca ni lejos que ese contacto afloje, pues hablamos de una dignidad sin apellidos. No hay fronteras en el alma, pues lo que al alma atañe está dentro y está fuera al mismo tiempo, y está arriba y está abajo, y está cerca y está lejos. Pienso en términos y temperaturas de dignidad, y está aquí, en mí, y está ahí, donde tú estés.

Leyendo esas historias, escribiendo y viviendo esas historias en las que se ponen en juego tu dignidad y la mía, que al mismo tiempo son la misma dignidad de cualquiera, pues en esas historias yo no dejo de asistir al baile de las dudas y las certezas. Y la duda, encerrada en uno solo es un espeso tumor amargo que te aísla en tu propia oscuridad. Suerte que a la duda de uno puede responderle la certeza de otro. Ese uno se encuentra encerrado en su negra y espesa tristeza, y todo se podriría si no acudiese la certeza del otro, que viene a decirle sal, levántate y no desperdicies la alegría que te queda, sal y abre los ojos a tu valía, sobreponte, saca a compartir tus dones. Sé el mejor ejemplo para tus hijos.

Y a veces, en la vida, que suele ser demasiado larga o demasiado corta, depende cuándo y a quién preguntes, pues ocurre que es uno mismo el que se atasca en la duda oscura y necesita una ayuda para verse claro, en su talla real. Y otras veces, uno mismo ve en sus manos la llave que abre la alegría o el consuelo de otro que sufre. Y por eso, en estas nuestras historias de dignidad, en las que manejamos pobreza con iluminaciones esporádicas,  en esas historias con amores de distintas tallas, con silencios elocuentes y vino tinto, está bien que tú y yo sepamos identificar y aceptar el papel que en cada momento nos toca. Está bien que, en cualquiera de los casos sepamos encontrarnos. Que cuando estemos oscuros sepamos dejar sitio a quien viene en nuestra ayuda. Que cuando flotemos en luz y entusiasmo, sepamos escapar de la vanidad y la arrogancia por nuestros logros.

La dignidad nunca es cosa de uno solo. Aunque cada cual observa y cuida su alma propia, entre todos hacemos el alma de nuestro tiempo. Entre todos, con consciencia o sin ella, estamos poniendo el carácter a la vida que nos toca. No está bien que vivamos alelados sólo en lo que percibimos como nuestro.

Es bueno que tú y yo, y todos, sepamos tender la mano abierta para pedir cuando estemos encerrados en la duda. Que sepamos, igualmente, tener la mano ágil cuando al otro podamos iluminar con nuestras modestas certezas.


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NO. NO.


No te vayas. Espera.

Ten paciencia con la leche. Escucha.

Pues sólo vapores salidos
caminos trabados
angosturas posibles
te prometen ahí afuera.

No les van a pesar tus penas, sospecho.

Quédate. Aguanta a mi lado, pues
¿qué se te ha perdido fuera?

Mantente calentita.

¿Dónde vas a estar mejor que entre mis brazos,
acunada por las nanas de mi flora intestinal?

Permanece generosa y fragante
a mi lado.

Fuera sólo hay gente temerosa
de llevar el alma andando
por el centro de la calle,
viven en el temor de que
lo posible pasee de la mano de lo improbable.

¿No te daría vergüenza de que nos viesen
a ti y a mí,
juntos y torpemente vestidos por la calle?


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29 de enero de 2013

Mujer de los ojitos brillantes.

Te amo lo que te puedo
desde que en el duelo por una muerte tuya
dijiste esto es
una estrellita que se apaga.


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27 de enero de 2013

ME ACABAN DE DECIR

que vuelvo a estar en el mercado inmobiliario.

¿Qué hacer?

Tomarme lo que pasa como una opción y no como una limitación u obstáculo, es lo que voy a hacer.

No oponer resistencia al cambio. Indagar en la naturaleza del momento, es lo que voy a hacer.

Me miro la mano, y aunque no sé cuales son, sé que en ella están todas las líneas que me voy a atrever a cruzar.

Mientras rumio lo que pasará,
me vienen a la cabeza dos canciones.

Me sale la canción de Joselito,
el de la voz de oro.

Me sale la canción de don´t worry,
be happy.

He pagado mis cafés y me he ido corriendo a la biblioteca, pensando dónde estará mi próximo hogar.

He sacado cómics conocidos y por conocer:
"El Playboy" de Chester Brown,
"El destino del artista" de Eddie Campbell,
"Logicomix, una búsqueda épica de la verdad" de Doxiadis, Papadimitrou, Papadatos y Annie di Donna.

También he sacado
"Pequeños milagros" de Will Eisner. Debo confesarlo.

Ya pienso en mi próxima casa. Quiero escribir y llegar a más gente. Más profundo y más sentido. Quiero ilustrar mis textos y soltarlos al viento, y acariciar ojitos verdes, azules, marrones y negros. Quiero pintar óleo. Quiero pintar acuarelas. Quiero hacer más mosaicos, y que cada pieza sea mejor que la anterior. Quiero ingresar algo de dinero después de conseguir sobrevivir. Por el dentista, lo digo. Por poder viajar a repartir besos, lo digo. Seguir pagando el alquiler y llegar a renovar mi ordenador.

También quiero pensar que este cambio me está acercando al amor. Hasta el momento, construí ilusiones y comí conejo en la casa, pero después de eso, sigo con un hueco en el estómago del alma, y un frío gélido e inclemente agita la hierba de las praderas de mi corazón.


JAG.
Lesseps 27_1_2013



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8 de enero de 2013

¿Qué hora es en el Polo?

Supongo
que es triste
vivir como una liberación
la puerta que me cierras.


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CUANDO DESPIERTES



Cuando despiertes,
todo te parecerá forzado,
y sabrás que es tarde.

Tendrás el ardor desengañado
y la música a destiempo.

Preguntarás, pero no hallarás rastro
de mi corazón en los fumaderos.

Encontrarás los vientos cambiados
y la sonrisa cediendo en su empeño,
entonces querrás saber, de repente,
qué había de ti,
qué había de mí
en esa cosa rara que se consume.

Pero habrá cenizas, y no respuestas,
cuando despiertes.


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4 de diciembre de 2012

TENEMOS QUE ENCONTRAR REBELDÍA.



Tenemos que encontrar rebeldes incluso en una generación que vive con sus padres hasta los treintaycinco años, aproximadamente.

Tenemos que encontrar rebeldes entre los que, con cualificación universitaria, no se lanzan a por una vida segura en el funcionariado.

Tenemos que encontrar rebeldes entre los que, al perder el primer trabajo, al fallar el primer amor, no vuelven a lamentarse a la habitación donde dieron el estirón.


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3 de diciembre de 2012

EL FIN DE LA JORNADA

Algunas noches, al final del día de trabajo,
decido
que me voy a tender a leer.

Cuando pasa un rato,
me digo
que sólo me voy a tender.

No encuentro el interruptor
de la lámpara buena.


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El deseo

va quedando sepultado
por el paso
de la espera a la decepción.


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27 de noviembre de 2012

La sencillez

proviene de la acumulación
y el paulatino depurado
de las complicaciones.


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HIGIENE POSTURAL

Al negar o afirmar,
tu cabeza puede estar clara y decidida.

Pero vigila que los pies
estén fuertemente asentados,
pues la vida sigue,
más allá de tu intervención.


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3 de noviembre de 2012

ESE PUNTITO DE CONSTANCIA.

En algunos momentos, no sólo en los malos, me asalta la poderosa impresión de que estoy en cosas artísticas por cortito, y no por lo contrario. Lo de ser artista por ser un negado para la vida normal. Esa vida normal, a mí, no me ayuda a que haga otra lectura.

Cuando haces cosas artísticas, visto desde dentro, casi puede decirse que te dedicas a estar encerrado en ti mismo. Carl G. Jung decía que “el que mira afuera, sueña, y el que mira adentro, despierta”. Luego está lo del “conócete a ti mismo” y cosas por el estilo. En fin, muchas citas podría poner para justificar mis introversiones, pero la base es que cuando miro afuera, me siento un inepto. Cuando te acostumbras a estar más de la mitad del tiempo confrontándote y poniéndote obstáculos para saltártelos, acabas poniéndote quisquilloso con las cosas y contigo mismo. Te tiras así las horas y los años, saliendo a la calle a por una barra de pan o cosas así, paseando manchas perennes en pantalones de pana, en camisetas de propaganda y viendo siempre desde  lejos verdaderas bellezas inaccesibles para ti, para tu gusto o al menos para tu consuelo. Y te acabas creyendo el papel de pobre inepto para la elementalidad, para la vida en directo.

Hoy me he dado cuenta de que, si a pesar de todo esto y más, sigues aguantando el tirón y no das el brazo a torcer y sigues en esas trece, si sigues adelante incluso sospechando que todo esto te viene grande y en realidad no estás en tu sitio, que todo esto es fruto de que en plena pubertad te coincidió un momento raro de la hormona con un libro de Dostoievski, o Platero y él en la época del instituto, o Rothko o calendarios de Picasso o de algún otro, y te acabaste zambullendo, pobre de ti, en LA ELECCIÓN EQUIVOCADA, si sigues adelante a pesar de estar convencido de que a lo mejor no eres más que un caso concreto de la psicología no patológica –de entrada-, lo que queda de un pobre niñato que sólo quería un poco más de atención que la media de entre los que consiguen acabar la FP, si sigues insistiendo en el equívoco, a pesar de que la vida te vaya de culo la mayor parte del tiempo, y lo sepas, y ese saberlo y seguir adelante te adorne para siempre con un magnífico humor de mierda, porque sabes que intentar desandar el camino hasta convertirte en una PERSONA NORMAL, ya es cuando menos complicado, porque a estas alturas, presentas credenciales y sólo te toman en serio para ir a marear la perdiz, y ya no hay más remedio que insistir en el alambre, y con ese nivel de ingresos, sólo puedes permitirte una casita de alquiler bajo en Zancadilla de la Torre, Avenida de las Pieles de Plátano, sin número, esquina con Palos de Ciego, y a pesar de que el tiempo se te espesa enumerando las contras de tu vida, y sigues en lo tuyo, interesándote en todas esas cosas que te acaban encerrando en ti mismo, si sigues porque sabes que algo maravilloso e inalcanzable está en juego y escondido, y como un bobo despreocupado has ido pasando así de adolescente interesando a joven promesa, y de frustrado te diriges a vieja gloria otoñal sin haberte enterado de pasos intermedios que te hubieran permitido meter mano para enderezar la situación, si te has tragado todo cuando has visto cómo te adelantaban mediocres por la izquierda, ineptos por la derecha, ignorantes por arriba y oportunistas por abajo, y si a pesar de todo esto sigues intuyendo ese algo maravilloso en lo que haces, si además consigues pagar el alquiler y poco más, si a pesar de conocer todo esto de ti aún hay gente que te envía mensajes de amor o de aliento y muestras de interés por pasar tiempo contigo, hostia, al final, esto es tu vida ¿no?




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