Mostrando entradas con la etiqueta Plano-secuencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Plano-secuencia. Mostrar todas las entradas

28 de abril de 2020

Día 39 del confinamiento,


Propuesta de guión de la secuencia final de una película de Isabel Coixet en el caso de que la productora le exigiera POR CONTRATO que tuviera un final feliz:
Interior. Habitación individual de hospital privado. Noche.
Iluminación de pecera. Tonos graves y fondo de música complicada. Tras los ventanales de cristal, bosque autóctono californiano, tras el bosque, zona residencial que duerme, tras la zona residencial, rumor lejano de la ciudad, atestada de gente normal con una salud envidiable que empieza a retirarse a sus aposentos.
La enferma, de mediana edad, despierta al fin, después de toda la película enfocándola a ella, de plano detalle a plano medio, con su visitante, hombre o mujer (da igual) de mediana edad y profesión liberal, preferentemente familiar directo, que dice, con un volumen de voz inferior al normal:
VISITANTE:
-Ahora lo comprendo todo, Esteisi.
ENFERMA:
(Mirada afirmativa y optimista)
VISITANTE:
(Le toma una mano entre sus manos)
-Tengo que decirte que en realidad FUI YO quien se comió la chocolatina que nos trajo el tío Marcus para acción de gracias en 1957.
La música adopta un sesgo ligeramente esperanzado, mientras abrimos en zoom inverso a plano general. Fundido a negro.
FIN.
Jag.
21_4_2020




.

Día 38 del confinamiento,

Bueno, ya sabes, siempre hay un momento en que tienes tiempo libre sin límite, como un chicle gastado que se estira y estira, y todo está en silencio, y por un hueco de la ventana miras el calmo cielo estrellado, y hace un poco de fresco y le atribuyes a cualquier majadería la piel de gallina, y te pones sensible en plan barato y piensas en las cosas de la existencia (aunque no tengas preparación para ello), y abordas el manido tema de lo pequeño que eres ante la inmensidad del universo y el sentido de la vida y toda esa mandanga.
Yo sólo espero que Isabel Coixet llevara un guión bien avanzado antes de que empezara todo esto. Dios, que no se ponga a hacer algo sobre la pandemia en el confinamiento, bueno, a lo que haga le van a dar otro Goya, y con el discurso y los ecos en las redes, van a prorrogar este tema, hasta convertirlo en algo que pase a formar parte de la idioticracia del país, como el Resistiré, el Cuéntame, la Transición ejemplar y del barco de Chanquete no nos moverán. Mierda.
Me pongo a pensar en Isabel Coixet viendo las cosas a través de sus gafas de estar buscando la tierra prometida. Me pongo a pensar que ella se pone a pensar en algo parecido a "Qué bello es vivir" de Frank Capra, qué pasaría en el mundo si yo no estuviera, pero a ella se le ocurre darle su poquito de retorcimiento y piensa, qué pasaría en el mundo si yo me muriera, y le sale "Mi vida sin mí" de Isabel Coixet, que vienen a compartir una base especulativa acerca de la existencia de uno y de una, sólo que la primera peli se ve todas las navidades, y después de verla sales a la calle queriendo a todo cristo, y la segunda pues no es nada recomendable según el momento que estés pasando, me parece, y ni de coña para un domingo por la tarde.
Mi vida sin mí, mi vida sin mí. Joder. Es que esta mujer parece que no sabe bajar a la tienda a por cientocincuenta gramos de jamón de pavo finito, y hacerse un chanwi con ligeresa antes de acostarse.
Jag.
20_4_2020



.

Día 37 del confinamiento,


Parece que quedan algunos días más de estar encerrados.
Ánimo. No caigamos enfermos.
Decid las cosas. Con ruido, si hace falta.
Que no parezca esto
una película de Isabel Coixet.
Jag.
19_4_2020



.

28 de noviembre de 2018

Plano-secuencia

Yo a ella la quiero
en plano-secuencia,
sin cortes, desde
que abro los ojos,
y mientras camino,
me siento a respirar,
celebrar, adornar
un lamento. Aunque quizá
lo verdaderamente bueno
de esta película, es que ella,
al mismo tiempo,
en el interior de la sala
de montaje de su
amoroso corazón,
está sonorizando
sus propios latidos
desde que abre los ojos,
mientras camina,
mientras respira,
celebra y adorna
su lamento. Quiero decir
que esa es la verdadera
maravilla, la de
vete tú a saber qué
estofados estará
concibiendo en su horno,
al mismo tiempo
que yo la quiero
en plano-secuencia,
por lo menos
desde mi película.
Jag.
25_11_18


.

30 de agosto de 2018

DESPERADOS. V



En tu casa, de pocos libros, todos ordenados, distantes, todo está iluminado como un vaso de leche templada.

En la luz tamizada de la una de la tarde, mi piel moreno camiseta se enreda con tu piel blanca en el sofá de loneta color hueso.

Unos brazos oscuros como flotando en el aire, jugando a apasionarse en el vacío. Besos asumiendo desesperanza. Tus veladas muestras de animosidad hacia mí, apenas importunando la blancura neblinosa de la escena.

En cámara, espero que pase desapercibido mi gesto desalentado: cuando se disipan las altas expectativas que ponemos en el innombrable, el único presente que nos queda es un casi imperceptible olor a mierda.

Nos lo deja todo mísero y desnudo. Y la blancura deja de recordar a la limpieza o la beatitud, para dejarnos solos, expulsados y expuestos a la luz del mundo.

Jag.
30_8_18



.

DESPERADOS. IV



Cuando yo te doy la espalda, es por la atención que necesitan mis cosas, y tú me imaginas más guapo. Música incidental neutra.

Cuando tú me vuelves la espalda, es porque con frecuencia parece que necesitas olvidarme. En mitad de un lento fundido a negro, siempre te observo caminando hacia una muerte segura.

Jag.
29_8_18



.

DESPERADOS. III



Ya no tenemos nada que decirnos, pero sigamos por aquí un rato.

Estoy seguro de que todo este decorado está aquí por algo.

Jag.
28_8_18



.

DESPERADOS. II



Yo no sabía que ella olía a sándalo y agua de rosas.

Ella no sabía que yo la estaba mirando en plano general subjetivo, con cámara a hombro, desde la espesura.

Jag.
27_8_18



.

DESPERADOS. I



Vamos a dar una vuelta, a ver si nos encontramos con un giro argumental.

Jag.
25_8_18



.

2 de marzo de 2013

BRAGAS



Pues por la luz o la tiniebla que hallé o perdí, me crié imaginando que la vida era un plano general contrapicado subjetivo en la amplia avenida de una gran ciudad, con iluminación natural para una tarde cualquiera de una primavera amable. Se vería un cielo azul con algunas nubes limpias pasando con despreocupación, y fachadas de grandes ventanales a ambos lados, de los que saldrían cientos de preciosas manos femeninas que con pasión anhelante lanzan sus bragas a mi paso. Delicadas bragas de encaje, cayendo hacia mí, a cámara lenta, cada una con su delicado aroma y temperatura, sin complicaciones ni malos rollos entre ellas. Buenas bragas vecinas que vuelan suspirando porque saben que YO voy por la calle, todas ellas ilusionadas por los aires de la tarde, recortándose sobre las hojas verdes de los árboles de la avenida, que son como un decorado tímido que se mueve sin ruido detrás de esa hermosa sinfonía de las transparencias y los lacitos, de los encajes, filigranas, elásticos y vivillos. Tío, todo es flow y corazón acelerado y sabor triunfal en los labios cuando la vida es promesa y se pone de tu parte. Encuentras una fuerza que no te cabe en las manos y te desata la cabeza, porque el mensaje inequívoco es que HAY AMOR PARA TI, hay amor como para bloquear con bragas de todas las tallas, con sus cúspides, mesetas y bajadas la gran avenida de una gran ciudad en una tarde de primavera.

Y al mismo tiempo, quiero decir simultáneamente con la imagen de la secuencia que yo soñaba que podría ser una vida estimulante (o al menos una parte localizada de mi vida), al mismo tiempo, la toma tiene una banda sonora que aleje al espectador de la odiosa y facilona idea de que la secuencia sólo pretende ilustrar una fantasía lúbrica. Una banda sonora como de película europea independiente que hable de pasiones y/o sentimientos. Un número contenido y vigoroso al tiempo, que no caiga en lo solemne e ilustre a las claras que a pesar de mi imperfección y mezquindad (también las del espectador), a pesar de mi pobre y mísera humanidad, vivo bajo la posibilidad de que el Universo, en un instante, ponga todos sus mecanismos y avatares de acuerdo para que yo sepa, para que todos sepamos, que merecemos el amor. El AMOR con mayúsculas. Y esa banda sonora, a su manera, me sume en un profundo estado de bienestar, de comunión con el mundo, mientras a cámara lenta van cayendo las bragas. Esa banda sonora desnudaría en pantalla mi pulso cardíaco, amablemente condicionado, hablaría del nuevo ritmo de mi respiración, del tacto amabilizado del aire al rozarme el cuerpo, de la presión deliciosamente aligerada de los pies al contacto con los adoquines o las hojas caídas sobre el asfalto. Todo, en fin, subrayando una imponente verdad como de estatua clásica de mármol: que es EN LA VIDA NORMAL de alguien como yo, donde yo mismo puedo encontrar mágicos ingredientes, alimentos maravillosos para sentir que seguir vivo, mientras me corresponda, es la mayor expresión de la poesía, el más digno, estimulante, completo y esperanzador de los logros que puede alcanzar un ser humano.


.