11 de noviembre de 2012

El Bocadillo.

Tengo un mensaje esperando en el móvil. Puede ser alguna gilipollez de alguien, y también –Dios no lo quiera- una mala noticia en serio. Yo prefiero pensar que es un mensaje de la mujer que amo, un mensaje que esperaba y que no me lo esperaba hoy. Que me cuente algo bueno en pocas palabras, algo bueno para los dos, o algo bueno sólo para mí, en el peor de los casos. Algo bueno para ella sola... de eso no me fío, sobre todo si supone además algo malo para mi...

El caso es que el móvil me ha pitado el mensaje y me ha pillado haciéndome un bocadillo. Acabo de ver en una pelicula un rollo zen de samurais, y dice que cada momento tiene su lugar o algo por el estilo, y eso me ha convencido. La verdad es que puede decir cualquier cosa el dichoso mensaje en espera. De todo me ha llegado, y a cualquier hora. Y he pensado que a ver si después del mensaje pierdo las ganas de bocadillo, y que el cuerpo no lo tengo yo para grandes alardes.

Voy a comer y que espere el mensaje. Si es urgente lo lamentaré mientras hago la digestión o –Dios no lo quiera- toda la vida. Además, que van a dar por la tele la repetición del gol que ha metido un fulano, que dicen que ha sido un pasote.


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7 de noviembre de 2012

Con un pie en el suelo.


Estoy casi recién llegado de una minigira de trabajo: monitor de pintura y juegos cooperativos para grupos de empresa en Lleida, el lunes, y en Valencia, el martes.

En la actividad de Valencia, una rubilla con gafas, que va a trabajar en un nuevo MediaMa_ _ _, me suelta que hacer bien un color es una cuestión de amor.

Después, en otro juego de creatividad/organización, se pone a hacer cosas, por su cuenta y fuera de guión, con plena conciencia de que su iniciativa va a favorecer y perfeccionar el resultado final del trabajo colectivo.

Lo que ha hecho, lo que ha dicho así, tan sencillamente, me puede, me inspira a nivel humano.

He estado todo el viaje de vuelta dándole vueltas.

No hablo de lo que conseguía sonriendo, con la voz.

Por supuesto, he tenido la precaución de no preguntarle el nombre.

Este post es por las cosas que van desafiando la física, por las que le añaden anchura y profundidad a la realidad. Por esa chica que sabe de qué están hechas las cosas, vendiendo USBs y móviles allá, a lo lejos...
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3 de noviembre de 2012

ESE PUNTITO DE CONSTANCIA.

En algunos momentos, no sólo en los malos, me asalta la poderosa impresión de que estoy en cosas artísticas por cortito, y no por lo contrario. Lo de ser artista por ser un negado para la vida normal. Esa vida normal, a mí, no me ayuda a que haga otra lectura.

Cuando haces cosas artísticas, visto desde dentro, casi puede decirse que te dedicas a estar encerrado en ti mismo. Carl G. Jung decía que “el que mira afuera, sueña, y el que mira adentro, despierta”. Luego está lo del “conócete a ti mismo” y cosas por el estilo. En fin, muchas citas podría poner para justificar mis introversiones, pero la base es que cuando miro afuera, me siento un inepto. Cuando te acostumbras a estar más de la mitad del tiempo confrontándote y poniéndote obstáculos para saltártelos, acabas poniéndote quisquilloso con las cosas y contigo mismo. Te tiras así las horas y los años, saliendo a la calle a por una barra de pan o cosas así, paseando manchas perennes en pantalones de pana, en camisetas de propaganda y viendo siempre desde  lejos verdaderas bellezas inaccesibles para ti, para tu gusto o al menos para tu consuelo. Y te acabas creyendo el papel de pobre inepto para la elementalidad, para la vida en directo.

Hoy me he dado cuenta de que, si a pesar de todo esto y más, sigues aguantando el tirón y no das el brazo a torcer y sigues en esas trece, si sigues adelante incluso sospechando que todo esto te viene grande y en realidad no estás en tu sitio, que todo esto es fruto de que en plena pubertad te coincidió un momento raro de la hormona con un libro de Dostoievski, o Platero y él en la época del instituto, o Rothko o calendarios de Picasso o de algún otro, y te acabaste zambullendo, pobre de ti, en LA ELECCIÓN EQUIVOCADA, si sigues adelante a pesar de estar convencido de que a lo mejor no eres más que un caso concreto de la psicología no patológica –de entrada-, lo que queda de un pobre niñato que sólo quería un poco más de atención que la media de entre los que consiguen acabar la FP, si sigues insistiendo en el equívoco, a pesar de que la vida te vaya de culo la mayor parte del tiempo, y lo sepas, y ese saberlo y seguir adelante te adorne para siempre con un magnífico humor de mierda, porque sabes que intentar desandar el camino hasta convertirte en una PERSONA NORMAL, ya es cuando menos complicado, porque a estas alturas, presentas credenciales y sólo te toman en serio para ir a marear la perdiz, y ya no hay más remedio que insistir en el alambre, y con ese nivel de ingresos, sólo puedes permitirte una casita de alquiler bajo en Zancadilla de la Torre, Avenida de las Pieles de Plátano, sin número, esquina con Palos de Ciego, y a pesar de que el tiempo se te espesa enumerando las contras de tu vida, y sigues en lo tuyo, interesándote en todas esas cosas que te acaban encerrando en ti mismo, si sigues porque sabes que algo maravilloso e inalcanzable está en juego y escondido, y como un bobo despreocupado has ido pasando así de adolescente interesando a joven promesa, y de frustrado te diriges a vieja gloria otoñal sin haberte enterado de pasos intermedios que te hubieran permitido meter mano para enderezar la situación, si te has tragado todo cuando has visto cómo te adelantaban mediocres por la izquierda, ineptos por la derecha, ignorantes por arriba y oportunistas por abajo, y si a pesar de todo esto sigues intuyendo ese algo maravilloso en lo que haces, si además consigues pagar el alquiler y poco más, si a pesar de conocer todo esto de ti aún hay gente que te envía mensajes de amor o de aliento y muestras de interés por pasar tiempo contigo, hostia, al final, esto es tu vida ¿no?




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A TU DISPOSICIÓN.

Pienso en tus cosas, y aunque sé que de forma autónoma estarás viviendo tu vida, a mí no deja de agarrárseme en algún sitio indeterminado un grado mínimo de indemostrable certeza por nuestro contacto. Me encuentro sólido, a pesar de todo. No encontré pisadas en la maleza, ni señales en los astros, no encontré afirmaciones terrenas ni pistas en los cielos de que vaya a ser yo quien va a procurar tu acomodo. Contado suena banal, sentido suena torpe y afirmado suena impertinente, pero tormentas peores se descargaron en risa, y con solidez evanescente, veo mis alientos asentados en tu vida.

Pues sólo con estar cerca, enviando un mensaje, interesándome, apareciendo de vez en cuando como para hacer bulto, preguntando en voz alta por tus cosas, relacionando en público las tuyas y las mías, llamándote en mitad de la noche para darte la imprescindible referencia de un pintor, escritor, filósofo, saltimbanqui, educador, cantante, erudito, cocinero, gañán de la escena pública, héroe de la idea, malabarista de la consciencia del saber o personaje famoso por la exquisita belleza de su pellejo interior, por su ruindad, capacidad para la reflexión lúcida, para la polémica pertinente, señalado por la talla del enfoque de su saber o por su simple y atronadora zafiedad, sólo con estar al quite, siempre que pueda, a darte la respuesta que tenga, sólo con estar despierto cerca tuya, por si necesitas un apoyo visual, una mirada cómplice, un gesto de consuelo, un guiño de comprensión, sólo con mantenerme ocupado en mis cosas, pero con un ojo puesto en tu mundo, cuidando de no convertirme en un estorbo, pero manteniéndome a la vista, aunque sea de refilón y desenfocado, sólo con mantenerme contigo en mí, ya sé que estoy poniendo algún tipo de sabor o reflejo coloreado o aroma o bonanza o extrañeza o rara atmósfera o nueva claridad o sombra acogedora en tu paisaje, a tu disposición, sólo con ser YO, con lo que tenga en ese momento, sólo con aparecer y seguir empeñándome en ponerme en tu trayecto, sólo poniéndote delante alguna de mis formas, sé que estoy aportando algo al sabor que vas teniendo en la boca, a la temperatura de la cara, al relajo o la crispación de las manos. Yo lo sé. Y eso me empuja a seguir adelante.

Y está bien que mantenga la atención concentrada en tus lugares más inverosímiles. No sólo porque cada noche al acostarme quiero dormir con la impresión de que he hecho lo posible para que mi bien suceda, no sólo por eso. También porque tus maneras viven presas de una divina y turbadora estadística. Debo mantenerme pendiente de todas tus formas, de todos tus disfraces.

Cuando consigues creer que el amor está en tu cuenquito, de pronto se evapora, se mezcla con las nubes, y se va a llover a otra parte.

Adónde va todo esto no lo sé. Alguno recogerá las semillas que levanté de la tierra, las que regué con mi sudor. Para comer no me queda otra que confiar en la grandeza del campo. Y no puedo planificar nada con respecto a lo que realmente me importa. Bastante tengo con manejar esa ensalada de impulsos momentáneos que tengo que callarme para que esto –y yo mismo- no nos salgamos de madre. Bastante tengo con intentar saber si hay conciencia en tu reacción cuando estábamos allí. Bastante tengo con escrutar tus palabras o pensamientos callados ahora que estás allí y yo aquí, pensando que somos entes diferentes, cuerpos distantes y discursos tangentes. Aunque a veces yo ponga mis fuerzas en estar, de alguna manera, en tu paisaje.


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Deficientemente comprendido

es el amar
cuando se considera intimidad
el mero enseñarse las partes que
un pudor suficiente mantendría ocultas,
al menos un tiempo.

Igual cuando se llama confianza
a un simple intercambio
de rumores o secretos espinosos
referidos al uno, al otro o a un tercero
que no está presente.



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