30 de agosto de 2018
DESPERADOS. V
En tu casa, de pocos libros, todos ordenados, distantes, todo está iluminado como un vaso de leche templada.
En la luz tamizada de la una de la tarde, mi piel moreno camiseta se enreda con tu piel blanca en el sofá de loneta color hueso.
Unos brazos oscuros como flotando en el aire, jugando a apasionarse en el vacío. Besos asumiendo desesperanza. Tus veladas muestras de animosidad hacia mí, apenas importunando la blancura neblinosa de la escena.
En cámara, espero que pase desapercibido mi gesto desalentado: cuando se disipan las altas expectativas que ponemos en el innombrable, el único presente que nos queda es un casi imperceptible olor a mierda.
Nos lo deja todo mísero y desnudo. Y la blancura deja de recordar a la limpieza o la beatitud, para dejarnos solos, expulsados y expuestos a la luz del mundo.
Jag.
30_8_18
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DESPERADOS. IV
Cuando yo te doy la espalda, es por la atención que necesitan mis cosas, y tú me imaginas más guapo. Música incidental neutra.
Cuando tú me vuelves la espalda, es porque con frecuencia parece que necesitas olvidarme. En mitad de un lento fundido a negro, siempre te observo caminando hacia una muerte segura.
Jag.
29_8_18
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DESPERADOS. III
Ya no tenemos nada que decirnos, pero sigamos por aquí un rato.
Estoy seguro de que todo este decorado está aquí por algo.
Jag.
28_8_18
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DESPERADOS. II
Yo no sabía que ella olía a sándalo y agua de rosas.
Ella no sabía que yo la estaba mirando en plano general subjetivo, con cámara a hombro, desde la espesura.
Jag.
27_8_18
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DESPERADOS. I
Vamos a dar una vuelta, a ver si nos encontramos con un giro argumental.
Jag.
25_8_18
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