28 de mayo de 2011
Mi canción fácil.
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Me niego a ejercer de cínico desengañado: amo y me ilusiono.
Me construyo una verdad para seguir amando ese amor, para seguir ilusionándome por mis ilusiones.
Lo hago cada día, como una costumbre necesaria, como lavarme la cara al levantarme. A veces con más o menos convicción, con mayor o menor fuerza, pero cada día me levanto a trabajar en esa construcción.
Amando me sale una canción fácil:
Mejor arrepentirme, equivocarme, una, dos veces, que ir cargando todo el tiempo con mi desesperanza y mi cobardía.
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19 de mayo de 2011
MI DON.
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En el pasado consiguieron hacerme creer que lo que hoy veo como mi don, esto es, mi ambigüedad, mi capacidad para cambiar por aburrimiento, mi volubilidad, llámese mi capacidad para impregnarme de lo que me rodeaba, y renovarme y crecer o limpiarme las pieles antiguas, eso y mucho más, pues consiguieron hacerme creer que era un defecto. Como una falta de personalidad. Lo llamaban debilidad, lo llamaban dispersión, lo llamaban ambivalencia, y trataban de que sonara negativo. Sólo servía la construcción lógica de un argumento, supongo, una personalidad recta y definida, un lenguaje.
¿Y quién puede juzgar a quién? ¿Quién puede obligarme a mantenerme en esas miras que acotan y reducen? ¿Quién tiene autoridad o razón para cortar el salto de un Gracehopper?
Mía es la amplitud del salto, y mío es el dolor de la posible caída. ¿De qué se defendían?
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En el pasado consiguieron hacerme creer que lo que hoy veo como mi don, esto es, mi ambigüedad, mi capacidad para cambiar por aburrimiento, mi volubilidad, llámese mi capacidad para impregnarme de lo que me rodeaba, y renovarme y crecer o limpiarme las pieles antiguas, eso y mucho más, pues consiguieron hacerme creer que era un defecto. Como una falta de personalidad. Lo llamaban debilidad, lo llamaban dispersión, lo llamaban ambivalencia, y trataban de que sonara negativo. Sólo servía la construcción lógica de un argumento, supongo, una personalidad recta y definida, un lenguaje.
¿Y quién puede juzgar a quién? ¿Quién puede obligarme a mantenerme en esas miras que acotan y reducen? ¿Quién tiene autoridad o razón para cortar el salto de un Gracehopper?
Mía es la amplitud del salto, y mío es el dolor de la posible caída. ¿De qué se defendían?
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