23 de marzo de 2013

11 de marzo de 2013

DIGNIDAD


El nacer, crecer e ilusionarte y continuar, desgastándote con constancia y poco a poco hasta llegar al páramo desolado de la decepción, en ese orden, te animan a claudicar.

Pero aún teniéndola por definir, la dignidad es una llama de luz tímida y calor mínimo que se te mantiene encendida en lo más recóndito del alma. No la tienes localizada, pero te anima inexplicablemente. A tu hambre le responde con alimentos insospechados, y pone campo abierto en la asfixia, fuerza en la flaqueza y bravura en el pavor, de manera que con los mismos escombros de tu derrota te construye posibilidades de encontrar sentido.

Te devuelve los argumentos para vivir.


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10 de marzo de 2013

MIS TRIUNFOS.


Un libro amado me dice que no recuerda qué clásico le dijo que el amor sonríe a los que triunfan.

Sin querer entrar en discusión con los libros que amo, y mucho menos con los clásicos desconocidos, yo digo que amar no depende de las sonrisas. Que amar no depende de triunfar.

Más bien afirmo que amar es el triunfo. Y que sonreír es una forma, gratuita y elemental, de amar sin quedarse a valorar lo que se ganó o perdió.

El amor y las sonrisas son incapaces de pensar en el porvenir. Viven en el momento presente. Si se prolongan, lo eternizan.

No voy a negar que sonreí con un extra de motivación cuando el amor me ha mirado, benévolo, en su momento. Pero no se sonríe o se ama por lo que se espere a cambio. Sonreír y amar son actos gratuitos y espontáneos. Si estás contando lo que das y lo que esperas, ni estás sonriendo ni estás amando.

Por tanto, ¿a qué relacionar el triunfo con el amor, con la sonrisa, si una sonrisa sincera, si un amor redondo ya son, en sí mismos, un triunfo?

Esto lo digo yo, que me siento un clásico más de estos tiempos de cobardía y desmesura, por amar como amo y decir lo que digo sin perder la sonrisa.

Lo digo yo, que amo en seco y sonrío en ayunas.


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