Sí señor, me lo propuse en su día, y lo conseguí. Tengo en la casa un tigre Bengala de unos cuatrocientos kilos (por confirmar). Ya tiene cuerpo de adulto, pero es muy jovencito. Siempre tiene ganas de jugar. Lo que pasa es que te deja lleno de moretones, con las zarpas que tiene. Si se pone a jugar con el portátil, despídete de él.
Al principio tuve que pedir permisos y firmas para tenerlo en la casa, como animal de compañía. Es muy cariñoso, tuve que reforzar todas las puertas y ventanas de la casa, para que pasaran el control del ayuntamiento.
Estoy muy contento: come lo normal para su edad y peso. Los carniceros se saben mi dirección de memoria, y por dónde tienen que descargar y todo.
Me ha dicho el veterinario que en la época que estamos tiene pelaje de invierno, que se ahoga de calor. He puesto aire acondicionado a tope en su habitación. También le he derramado sacos de hielo donde suele acostarse. Me ha dado un zarpazo cariñoso.
Todo va bien, cuando yo me voy al curro, le dejo agua, comida y cierro con llave. A veces los compañeros del trabajo me notan en la cara que el tigre Bengala ha tenido una mala noche. También me lo notan en las manos, en los brazos, en las piernas.
El tigre Bengala no tiene nombre porque no quiero influir en su personalidad.
Tener un tigre Bengala en la casa me da mucho glamour. Cuando salgo, los que me conocen, le dicen a otros: ¡Éste tiene un tigre Bengala en la casa, éste tiene un tigre Bengala en la casa! Y la gente dice, Enseriooo? Y siempre se forma corrillo.
A veces, vienen unas mujeres muy guapas, que preguntan:
-¿Tú eres el que tiene un tigre Bengala en la casa?
Le digo Sí, ¿te vienes a la cama? Y NO SE VIENEN.
Ya eso me tiene un poco mosca. Todo el mundo flipa con que tengo un tigre Bengala en la casa, pero les digo que vengan a verlo, Y NUNCA VIENEN. Me siento solo y no quiero una vida así. Pienso en la gente y me siento DOLIDO. Escribo ésto con lágrimas en los ojos.
El tigre Bengala me mira desde la cocina. Ha sacado la puerta de la nevera y está tendido, jugueteando con ella en el suelo. Está para comérselo.
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12 de febrero de 2014
15 de julio de 2012
El pan del mañana.
Nadie sabe con exactitud qué fue lo que hizo enfadar tanto al bueno de Troncho, pero quedará imborrable la noche que iluminó la ciudad con su M-60. Disparó a todo lo que le vino en gana y sin descanso. Detrás de él, arrimándole munición (y eso no lo entendieron los periodistas que cubrieron la noticia) iban muchos de sus convecinos: iban los mecánicos, las limpiadoras, los escayolistas, albañiles, pintores, fontaneros, electricistas, carpinteros, cristaleros, industriales del hormigón, carpinteros del aluminio, pulimentadores, trabajos verticales, chapistas, instaladores de antenas, jardineros, decoradoras, conductores de excavadora, instaladores de antenas, hosteleros, fabricantes de muebles, vendedores de electrodomésticos, drogueros, farmacéuticos, abogados (por razones obvias), sastres, fotógrafos freelance, coleccionistas de autógrafos, músicos, poetas, cotillas, artistas multimedia, sacerdotes, vendedores de recambios, psicólogos, ferreteros, arquitectos, médicos estomatólogos, oculistas, peluqueros, vigilantes jurados, empleados de telefónica, guionistas de cine y cazatalentos de circo. Todos le siguieron, escondiéndose entre los escombros y las explosiones en la noche. Le ayudaron a destrozar la ciudad porque todos ganaban algo con aquello. Troncho había tenido un terrible arrebato de furia, estaba convirtiendo la ciudad en un inmenso montón de escombros y ellos sabían que esto no iba a quedar así: habría que reconstruirla de las cenizas y ayudar a los afectados a superar su sentimiento de indefensión. La reacción de Troncho iba a dar mucho trabajo a todo el que pudiera sacar provecho de la tragedia. También le siguieron los dueños de los videoclubs, los vendedores de coches y algún concejal de la oposición. Todos se decían que Troncho era el Pan del Mañana, y por eso le ayudaron.
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15 de agosto de 2011
SUCH A PERFECT DAY
Si la tortilla estaba líquida por el centro (había sido hecha a fuego demasiado rápido) con las patatas cortadas en trozos demasiado irregulares, la lechuga de la ensalada estaba babosa y falta de condimento, y la fruta estaba espachurrada, y no compramos bebida y el agua se había calentado (la nevera se calaba) y no pudimos comprar el pan que queríamos y tuvimos que apañarnos con uno que ni fu ni fa.
Si por todos lados encontramos escombros, papeles, botes de plástico, plantas resecas, latas, vidrios rotos, espinos. Si no había agua ni para mojarse los pies y el calor nos asfixiaba. Y las piedras nos pincharon y también las mantas que pusimos en el suelo. Y constantemente pasaba gente, excursionistas despistados, madres jóvenes que quieren llenar grandes botes de agua en chorritos pequeños, incluso cabreros vociferantes con sus veinte treinta cuarenta cincuenta cabras ocres marrones negras manchadas que pasaban muy, muy, muy, des, pa, cio.
Si se arrugó y se ensució nuestra ropa y se nos rayaron las gafas. Si las ramas de las adelfas nos obligaban a acurrucarnos contra el suelo pedregoso del que salían raíces puntiagudas astilladas que se nos clavaban en la espalda. Si el sol se movía rápido y nos dejaba sin sombra. Si nos acorralaban las hormigas, nos hostigaban las avispas los tábanos los escarabajos.
Si incluso nos dijimos frases que nos recordaron antiguos dolores y nos hicimos daño y discutimos y por eso salimos de allí corriendo y mirando el reloj sin darnos la mano sin darnos un beso y equivocando la vereda. Si nos resbalábamos y nos pinchábamos los pies con las espinas de varias especies de cardo gracias a nuestro calzado inapropiado.
Si se hacía tarde y la moto no cambiaba y todos los semáforos estaban en rojo. Si los cascos nos aplastaban las orejas y no podíamos cerrar los brazos, cada uno con dos mochilas.
Si había huelga de taxis en la estación y no encontrábamos aparcamiento... ¿por qué a pesar de todo esto, cinco minutos antes de separarnos estábamos callados y tristes? ¿Es que es posible que entre nosotros haya algo bueno, algo que sea capaz de convertir este cúmulo de despropósitos en un bonito día de campo?
24 de julio de 2011
GÉNEROS
Lui Scroll estaba en su casa viendo una película en la tele. Una de indios y pistoleros. Cuando los indios estaban a punto de cortarle la cabellera al guapo protagonista, un terremoto les cortó el rollo y permitió que el rostro pálido pudiese escapar a refugiarse en los brazos de su chica, una linda y fornida pelirroja de las praderas de Arkansas o de por ahí cerca.
Un terremoto de verdad destrozó en ese momento la ciudad, y con ella la casa de Lui Scroll. Cuando los equipos de salvamento consiguieron abrirse paso hasta ese barrio, y se afanaban en remover los escombros de su edificio, buscando víctimas y posibles supervivientes, Scroll seguía allí, milagrosamente vivo. Estaba cubierto de polvo, atónito y con la cerveza caliente en la mano, frente a la tele, que había reventado bajo un gran trozo del techo. No conseguía asimilar que había visto un terremoto en una película de vaqueros.
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Un terremoto de verdad destrozó en ese momento la ciudad, y con ella la casa de Lui Scroll. Cuando los equipos de salvamento consiguieron abrirse paso hasta ese barrio, y se afanaban en remover los escombros de su edificio, buscando víctimas y posibles supervivientes, Scroll seguía allí, milagrosamente vivo. Estaba cubierto de polvo, atónito y con la cerveza caliente en la mano, frente a la tele, que había reventado bajo un gran trozo del techo. No conseguía asimilar que había visto un terremoto en una película de vaqueros.
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