7 de febrero de 2011

Bodhisattva.

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¿Cuanta de mi sangre
quieres
para tu espíritu?


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Cierto símil.

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Soy un grito de amor balbuciente

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Soy un grito de amor balbuciente desde el fondo de la caverna.
Dame con un palo en las tuberías vacías que salen del corazón.
Escucha el eco.


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Útil y divertido

Es lícito, aunque suene arrogante, desear que el trabajo de uno mismo sirva al menos para su propia salvación. Y por qué no seguir subiendo la apuesta, que la caída sería la misma, y pretender también la salvación de otros, la de quien te lee, la de quien te escucha.

Por un andar sereno, por una aportación digna, trabajo con encono. Y rezo para mis adentros. A veces con la fe justa, a veces sin fe ninguna, a veces con un miedo silencioso a estar construyendo una mentira, una herida o una simple estupidez con mi oración. Y la posibilidad de salvarme o de salvar a otros, esa luz esquiva y debilucha que sobrevive enmedio de este oscuro caldo espeso, no me libra ni del miedo ni del silencio que dibuja heridas en la pobre bolsa de mi alma, por la que sin remedio y sin consuelo se me va escapando la fe.

Vaya diversión y vaya utilidad que estoy aportando al mundo.

Aunque te has ido, me mantengo con los instantes fugaces en que siento que respiras a mi lado. Algunas veces.


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¿Cuál es tu paso siguiente?

¿Cual es tu paso siguiente? ¿Cual el mío? ¿Somos un puente hacia otro lugar en la vida? ¿Cual es el escalón o río obstáculo que cada uno ha de salvar? ¿Soy buena compañía o interruptor o traductor o espectador enfermero paracaídas defensor propiciador de tu próximo paso?

¿Te hago falta? ¿Te doy vida? ¿Estás en mi paso siguiente?

Alguien tiene que amarte. Es urgente. O se escapará tu corazón dorado, que es un papelito que se va volando con el viento envenenado, aunque huele bien. Alguien tiene que amarte. No sirve un paso acompañado ni un abrazo presuroso antes de un beso en el cuello. No sirve demorarlo todo. No sirven los templos antiguos. No sirven las canciones de antes ni las canciones de después. No sirven los arreglos, no valen los efectos, las cortas ni las largas distancias. No valen las palabras, los dibujos que se dicen ni los alientos que se exhalan con las últimas quejas de la voluntad. No valen los dioses conocidos. No sirve la Ley Natural.

Amarte, alguien tiene que amarte desde el puesto de vigía.


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