11 de diciembre de 2017

LAS NUBES CUERPO A TIERRA


Llueve, y no me sirven
colores de pintores enamorados,
por mucho que me ponga.
A veces,
para lo que quede de vida,
sobrevolando el verdor,
sólo tengo el olor
de tu chicle de menta.
Con eso hago
por mantenerme encendido,
al menos lo que queda
de semana, hasta que
en mi corazón escampe.
Jag.
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LLUEVE

Llueve sobre
mi dia nublado.
Menos mal
que Hockney pinta
como si siempre
estuviera enamorado.

Jag.
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10 de diciembre de 2017

TEMBLOR



La verdad, no sé hasta qué punto tendrás todas las ganas de vivir de tu parte.

No se me ocurre pedirte nada. Me pongo delante tuya y sólo me sale la audacia desmesura suicida de sentarme y quedarme quieto lo más cerca posible de tu casa, y comerme un yogur en el parque, o leer un libro o manosear el tiempo acariciándote de algún modo inútilmente en estas notas, esperando que tu ventana dé a mi alma, sabiendo con algún tipo de sabiduría imbécil que un día cualquiera tu corazón va a acabar volando hacia mí, después de tender una lavadora blanca.

Y vas a acabar preguntando temblorosa pero qué estás haciendo aquí maíz del cielo, hombre del demonio, que quién te habrá pedido juegos espectáculos como si no te importaran mis vecinos.

Y temblarás porque sabes que esas cosas que te pondrían de repente a preguntarme, en realidad no tienen demasiada vuelta. En realidad tú sabes que todo eso que nos pone tan cerca de la locura o de la maravilla, no exige ninguna ciencia de nadie, porque está hecho de todo lo sencillo que se entiende en todas las partes y en todos los corazones. Y cualquiera puede hacerlo con cualquier lápiz pequeño en una esquina de cualquier papel que encuentras por la casa.

Temblarás porque un desconocido feo y torpe se come un yogur mientras te espera, o derrama poemas ingenuos haciendo tiempo mientras te espera, mientras piensa tu nombre a los cuatro vientos.

Temblarás porque la pregunta la escribes en un papel traslúcido, que pones sobre la respuesta.

Temblarás porque sabes que todo eso está hecho de nuestra sangre y de nuestras cosquillas.

Temblarás porque todo eso está hecho del miedo más profundo por la más grande alegría.

Temblarás porque en un momento se hace eterno lo que tantas y tantas veces a ti y a mí se nos ha acabado, o se nos ha muerto, o se nos ha hecho mentira.

Temblarás si te acercas, como tiemblo yo al saber que el sentido de todo es correr y salir a buscar para darte todo lo que no tengo.

Temblarás, yo lo sé, y nadie tendrá la culpa de que cuando me miras yo me sienta como cuando llegaba a casa después de que, a la salida del colegio, me esperaran tantos para burlarse y hacerme morder el polvo.

Nadie tendrá la culpa de que yo te mire y sepa, sin conocerte, que el dolor sigue, que no se me repara el orgullo ni se me cansa el cansancio.

Pero te miro, y sé que ya he llegado.

Jag.
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8 de diciembre de 2017

ÁNGELES

Ella me habló de su primer ángel.

De cuando siempre quiso dedicarse a la música.

Me preguntó qué haces por aquí. Y yo no supe o no le dije o no me acuerdo, pero lo entendió perfectamente.

Ella me dijo que volvió por su segundo ángel. Me dijo tú lo conoces, es de nuestros tiempos malotes.

Me dijo que tenía que estar tranquilo.

Me dijo en su idioma que todo va al tran tran.

Y yo estuve de acuerdo, aunque la vida me está comiendo los nervios, le dije.

Yo venía cargado con bolsas de fruta y el corazón rebosando.

Ella me dijo que las cosas pasan porque las cosas te necesitan. Es verdad.

Yo le dije que su tercer ángel es un buen tío. Y su especie de tristeza resignada dibujó una caricia en los labios.

Dijo que las cosas son sabias. Y que también son comprensivas, con el tiempo te van dejando saber para qué sirvió lo ocurrido.

Sí. A veces la vida se raja por donde tiene que salir el aire. O por donde te tiene que entrar la luz.

Ella me dijo que estamos en lugares y personas inesperados porque formamos parte de cosas que tienen que pasar.

(Al mismo tiempo, yo estaba jugando con su cuarto ángel. Me preguntaba un número del uno al diez, si hombre si mujer, si hermano, amigo, novia o enemigo. Y algo gané).

Le dije a ella que a veces estás en los sitios para que pase algo que no te va a pasar a ti.

Ella me dio la razón. Nos despedimos.

. . .

Me fui lleno de amor hacia casa. Porque de pronto parece que han venido a hablarme cinco ángeles, y porque estoy aquí, en esta época desquiciada e inexplicable, y te pienso todo el día.

Yo no sé casi nunca qué estoy haciendo, y tengo completamente desorientado el sentido de dónde debo poner mi interés. A veces pienso que ya se me han ido la posibilidad de la brillantez y las fuerzas. Para seguir, para permanecer y para renovarme.

Pero pienso que te amo, porque te miro y hay algo maravilloso que está como respirando y oculto en mitad de lo oscuro. Y a pesar de sentirme vacío y perdido, yo te lo quiero dar todo. Y no tengo momento para pensar en que reciba algo de ti. Como que no me hace falta. Aunque luego vaya siempre especulando con cómo será que tú quieras hacer por verme y por hablarme (fantaseo con que estoy sentado en algún lugar, y tú me pides un auricular para escuchar juntos una misma canción).

Y todo es un contrasentido. Siempre me pongo a pensar que porque tú y yo somos tan diferentes, podemos tener alguna posibilidad para la armonía.

Yo no sé a qué parajes me conduce todo esto. Pero después de hablar con ella, de pronto me descubro sereno y entregado.

Porque estoy aquí, y cuando te veo, yo te doy mi sonrisa. Y todo está bien.

Jag.
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Me dijiste el lunes:


¿Llevas la manzana?

Y mi vida era una sonrisa.
Jag.
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Amar


no es normal.
Jag.

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5 de diciembre de 2017

PEQUEÑA NOTICIA

Ocurre que llevo unos días pensando
que hay cansancios que descansando
no se quitan.

Ocurre que al mismo tiempo,
yo me acuerdo
de una parte mínima tuya,
e inexplicablemente de pronto uno
vuelve a ponerse en marcha.

Yo en estas cosas creo que soy diesel,
no soy especialmente rápido, y confieso
que soy duro por las mañanas,
todo me pesa y me cruje, pero,
una vez que he calentado,
ya me vengan kilómetros
acelerones frenazos volantazos
de tus llanuras y colinas.

Yo qué quieres que te diga,
es sentarme delante de un papel, olvidarme de tanto que me aprisiona a mí, y que supongo que también a ti, y tener de pronto toda la inspiración puesta en ir a verte y pedirte un beso de tu boca.

Todo
se me hace suspirable de repente,
todo tiene en este instante de luz
su potencialidad para la maravilla.

Y yo no tengo remedio,
mi castillo se desmorona de vergüenza
porque a veces siento
que tan sólo
he puesto números y quejas
en la jodida edad adulta.

Esto no puede comprenderse con facilidad, esto
no es para nada admisible,
y yo me digo, gravado sin remedio
por una honestidad que me arrastra
hasta el fondo,

tú qué vas a decirle

tú qué vas a aportarle
que no sea ropa heredada y malaúva,
que no sean discos que no conoce,
libros que no le importan y que
tú mismo tienes desperdigados, eh?

¿EH?

Y aunque parece que nunca acabo
de descargarme del todo del desaliento, a pesar
de tanto que me canso de mí mismo,
la noticia que hoy tengo para ti
es que me descubro intacta
la persistente inmadurez que me empuja
a andar agarrándome
a tu cara preciosa
para
continuar
adelante
con la ancestral conspiración de los trovadores.

-¿Y no te da vergüenza?- me preguntarás.

Y pensaré que esa no es buena pregunta ni para empezar algo ni para darlo por terminado.

Pero no repondré nada, seguiré manteniendo cara de medio siglo de tontura. No diré nada, porque ya me has pillado en el aire, ay, cierva del trópico. No diré esta boca es tuya, porque nada de eso se entendería en ningún tratado de vuelo sin motor.

La noticia es que tienes un papel
en el torpe y niño lanzarme una vez más,
armado hasta los dientes
con las mejores ropas
de mi vulnerabilidad,
completamente desasistido, para
ponerme delante del mostrador y decirte que

-Hola,
soy tu cliente que no tiene la razón, hola,
mira, que me ha pasado que de repente
pienso que no veas tú qué raro es todo esto,
que creo que se me ha ocurrido para ti lo más bonito,
o algo así, lo siento, normalmente
cuando estoy solo tengo mejor expresión oral,
y ya hago bastante conteniendo gestos
que no vayan a parecerte bruscos, por Dios,
no me pongas esa cara, que yo también me he asustado,
me ha dolido y me ha ahogado, toda
una sorpresa, ya ves,
como otras veces
me ha desvelado, me ha intranquilizado,
y me ha hecho más guapo y más luminoso,
tan sólo por pensar un momento que algún día
tenía que ponerme a decir que pienso en ti
delante tuya mirándote a los ojos.

Yo no sé cómo llamarlo, no creas,
ya sabes, estas cosas son como siempre,
y como otras veces,
siempre son distintas

Yo, como casi siempre,
no me atrevo a ponerle un nombre, para qué
dejar esto aprisionado
en que es deseo, en
que es supervivencia, o atracción
o tan sólo un torpe arrebato de gimnasia
de mi pobre corazón, yo qué sé.

Sólo sé que me ha ocurrido contigo,
o por ti, o para ti, o hacia ti, y qué importa
la preposición a las cosas importantes, y de pronto,
sin violincitos ni mandolinas, se me impone
que a esto habrá que hacerle algo, no lo sé,
ir a lo tuyo a decirte que es cierto
que no tengo nada, pero
que vayas haciendo sitio,
porque todo es para ti.

Que no soy nadie, pero todo esto
y lo que me escuches en adelante,
te lo digo yo.

Y si te lo digo yo, puede
que te suene raro,
delirante o desquiciado, puede
que oído de mi boca
te venga grande asfixiante
o chico irrisorio,
o pronto inoportuno
o tarde lastimoso
o nunca descarnado a secas,
pero si te lo digo yo,
bueno sí es.

Y por decirte algo bueno,
pues ya soy alguien.

Jag.
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4 de diciembre de 2017

LUNES


Ella vive en una casa
en la que
le faltan piezas.
Yo no hago
más que pensar
en qué debo añadir
para que le valiera
mi sonrisa.
Jag.
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HABÍA



En su momento
sentí que
esa mujer nunca
iba a quererme,
y me dije tengo 
que dejar el café.


Jag.
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Querida, para


que no te dejes llevar
por mi aparente
aire esquivo:
para la gente,
quiero ser libre como un pájaro,
para ti,
soy libre como un taxi.
Jag.
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Mi vida funciona



cuando mi sueño 
tiene suelo, cuando
se nota perfectamente que 
tu sonrisa, que se me escapa
y puede echarse a volar con cualquiera,
se pone a decirme:

Eres tú, 
es ahora, 
y voy a gastar 
mi poquito de libertad
en intentarlo contigo.

Jag.
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29 de noviembre de 2017

AUNQUE ALLÍ

Pequeño demonio, rosita
salvaje en mi pechera,
secreto dulce de la boca, grito
de mis entrañas: Ay.

Demasiado despierto
tengo mi ser durmiente,
para tu desgracia, jovencita porque.

¿Y si por mi vida
he de dejarlo tendido, ay
pequeño resuello broteverde
yerbita que me asombra?

¿Y si a pesar de quererte
tanto de esa manera que
a mí se me ocurre,
sin querer te rompo algo?

¿Eh?

Digo yo que mal dolor me diera
en tal supuesto del malevo destino,
mas ¿qué me dirás si agotamos recoveco,
mi llanito de sol de invierno,
claro de luna y manta,
domingo de tarde y pizza,
y se nos pasen las emociones,
y en un repente fatal
-sobre todo tú- descubres
que ni tú ni yo
a ti ni a mí podemos
hacernos del todo tal y como
deseásemos precisáramos
para mantener a la familia
a raya o al menos
el PH del entorno?

¿Eh?

Y aunque yo ahora mismo
me esté muriendo de vida
por el arrullo de tus aguas de ya sabes,
las de ahí lejos,
las de tus gestos perdidos
de por ahí abajo, las de
tus gustos automáticos, desvelos imprudentes,
aunque me brindes calor de las montañas,
brillos de tus perlas, sabores
preciosos de tu sima y toda esa
imaginería imbécil
que todas y todos
tenemos disponible
en la emergente
poesía insufrible
libre de cloro 100 %,
aunque me hagas y me des
todo lo que te salga de la lozanía,
aunque me hagas literalmente
renacer perdiéndome
en los inacabables porqués
de tu elementalmente preciosa hermosura,
sabe, ay, feliz demonio de mis entrañas, que
lejos de la alegría que
tan fácil me sale contigo, lejos
de tu secreta dentellada que
me incendia la vida, lejos
de tus ansias de cuento, de raíz, de viaje,
lejos de eso,
lejos, insisto, de eso que me eres
dolorosamente tan hermoso,
sabe que yo
no tengo por menos que decirte
que contadas tengo las tristezas, oye.

Piensa y siente, mi pequeño destello,
sueña y construye, mi hermoso chorrito,
y aguanta y desiste, mejor
de lo que yo lo hago, te recomiendo.

No empieces otra vez, espera,
a intentar argumentar la
nobleza y dignidad de los sentimientos,
que eso es sacar discurso
de una pareja de potrillos
hiperventilando, respira
y escucha a la sagacidad
de tu ternura de hierro que yo amo.

Sabe que yo no podré
sostener el dolor
de todo lo que ha de gustarte
antes de que me encuentres.

Tú date cuenta.

Deja las lágrimas
para los amaneceres de invierno
camino de un trabajo de mierda,
que te llegarán.

Deja las maldiciones
para la gravedad de la dicha, para
la sumisión de las carnes, y no
te adelanto más acontecimientos.

Mi lindo fuego de altiplanicie, yo te pido
que nos amemos como puedas,
sin dejar de vigilar
que la vida preciosos páramos tiene.

Y alimentos,
y vergüenzas deseadas,
y extravíos excitantes, refugios
para tu boca para tu alma,
para tu cuerpo hermoso,
contorneado y hecho
en otras manos.

Lejos de este océano estancado.

Jag.
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28 de noviembre de 2017

MEDIANAMENTE LLAMA

Ya sé que va a resultarte extraño que abra un poema de amor con una niña sangrando monstruosamente.

Pero ni yo tengo la culpa del gusto pedestre de tu alma, ni la tienes tú del andar caprino que trae música verdadera a la mía. Porque

es ella misma, mi hermoso demonio
con el pelo entretejido de broza, la que
me pincha el culo (gozosamente)
cuando dormimos escondidos en la vereda.

Y para eso no tengo explicación,
y no quiero escribirle
un poema de amor por sorpresa,
y que está sangrando monstruosamente
ya lo dije yo porque
ya lo dijo ella. Y, porque no lo veo justo,
tampoco
le voy a contar películas impactantes
de un hombre sospechosamente
parecido a mi, que emprende un viaje,
y la mete a ella en su paisaje,
cargando con su pasado
que regresa, pues
uno cree que ya pasa
y todavía pesa, y ofrecerle
su hombro, su crisis de vida
con todas las letras,
y de su destello, el gozo,
de un discutible resurgir, resuello,
de su simple lucha, ardor,
y amor, remotamente fiable,
tras la caída.

No, eso no le puedo, no.

No le puedo construir lealtad
en el anhelo simple de pertenecer
a alguna parte suya, yo
no le puedo ser un hombre solo
en el deseo y en la pregunta. No.

Responsabilidad, señores,
que estoy hablando
del hambre de una mujer,
de que no es aconsejable
que le falte respirar ni cauce
para su completa sonrisa, y por eso,
antes de empezar,
llevamos por la mitad
la película.

Esa niña está ahora mismo
en su pleno derecho
de mandar todo al carajo.

Apasionadas canciones roncas ya va teniendo.

Esa niña está ahora mismo
en su pleno derecho
a poner tanta fe en el amor
sin darse cuenta.

Yo no la pierdo de vista,
porque está goteando de vida,
y le reza sin pudor
a dioses que no existen.

Y yo me canso de la tercera persona,
y me digo, estando solo
y con todo perdido en esta noche negra
de qué tengo que esconderme.

Y si ella tanto me emociona,
yo la quiero sacar al aire, hacerle
público notorio ostensible el deseo
de su mano de pluma,
dentellada persistente.

Y si ella tanto me dice por dentro,
yo la quiero sacar al aire
y que se nos muera el protocolo
de rozarnos apenas con los dedos
y sobrevivir con el recuerdo la semana.

Yo me estoy poniendo muy simple con el tiempo.

Ella sale de la tierra y los ecosistemas la siguen sin pensarlo, caminando tan siempre, con raíces que se le lanzan al suelo, desde la planta de los pies.

Y a mí se me acaban los poemas, las conjeturas, los refugios, naufragios, defensas, épicas, eufemismos y trascendencias. Yo sospecho sencillamente, que si ella no anda cerca, a mí me parece que casi nada de esto va a acabar siendo llevadero. Es que me estoy poniendo muy simple con el tiempo. Yo creo que todo podría ser tan banal y llano como rozarnos y aguantar un poco. A ver si nos va a gustar estar de la mano. A ver. Mirarnos de frente y ver cómo nuestras extrañezas se ponen a convivir y calcular cuánta materia buena podemos inventarnos para rellenar los resquicios que dejen nuestros malos encajes.

Dicho esto, añadir que a la mierda mi desaliento y mi cansancio.

Yo la quiero sacar al aire y decirle
oye, que te quiero al sol,
oye, que te quiero
de esa manera que se me aparece, oye
vente conmigo, manifiestamente al aire,
y a ver si puede ser
que todo nos duela de amor.

Jag.
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BULO




¿Nadie es perfecto?

Mentira.

Nadie es nadie,
y sólo Perfecto es perfecto
aunque caiga fatal 
a la gente normal.

Jag.
28_11_17


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27 de noviembre de 2017

ESTÁS OCUPÁNDOME POR DENTRO

La noche se volvió más negra porque pensé que no venías.

Sentí que no volvería a verte. Y me dolió como si la vida me hubiera dado un portazo en la cara.

Sí, ya tú lo sabes, al principio parece que no puedo evitar ser así de tonto. Colgar la percepción de mi destino de una señal inconsistente y arbitraria. Y dejarme caer resignadamente en la fatalidad. Yo sé que esta actitud nunca me ha servido para ganar en algo. Yo lo sé. Ese vivir pendiente de algo que está fuera de mí, y saberme como material de construcción de algo suyo. No puedo evitarlo.

Soy ese hombre que se desmorona delante tuya, cuando no me miras. Y cuando me miras, peor. Tú tienes como esa electricidad sencilla en los ojos. Ese poder. Una perspicacia muda de saberlo a ciencia cierta y que no te tiemble la voz ni el pulso cuando entras con la taza de café sucia y me preguntas qué, si ya lo sé, y yo te digo sí, que ya ves, y tú te preguntas en voz alta desde cuando, y me miras al mismo tiempo con una intensidad en la cordialidad, y yo te digo casi nada y luego me dices ten, y yo, claro, y tú, bueno, ya sabes.

Entre el asco, la desgana, el sinsentido y el miedo, algunas veces pienso en cómo me atrevo a ponerme enfrente tuya, sabiendo que no siento que tenga nada para darte. Pero será que no estoy tan podrido. O que he escuchado alguna canción preciosa por la mañana, que me acaba iluminando, o inspirando, o euforizando. O que quiero seguir engañado un rato más. Yo no sé. Será que finalmente no ha podido del todo conmigo este mundo hecho a martillazos. Pero acabo teniendo como la vocación de imaginarte a mi lado. Aunque sea sin mirarnos ni tocarnos siquiera, en alguna situación casual, ambigua y despreocupada. Como que estamos mirando ambos hacia un mismo lugar, o que ambos notamos cómo en un instante la tarde se nubla y se sumerge en sombra, y a los dos se nos levanta el frío. Notar tan sólo que estás cerca. Aunque no me roces. Sólo como compartiendo algo sin querer. A lo mejor sólo una temperatura que nos destempla. O un sonido que oscuramente lo envuelve todo y nos arropa. Sentir tan sólo que estás cerca mientras algo desconocido nos sobreviene. Y tener frío los dos al mismo tiempo. O sentir estupor o sorpresa los dos. Sentir qué oscuro se está poniendo de pronto todo esto, y saber que hay una lucecita ahí al lado. Sentirnos ahí, sin haberlo planeado, sin molestarnos. Sin ilusionarnos. Sin hacer listas de deseos ni letanías de necesidades. Ahí al lado, sin más, como una planta ajena a otra en un mismo campo, bailando en solitario la misma fotosíntesis, aportando por separado su cuota al fondo común del aire respirable. Tú en tus cosas y yo, maravillado por la suerte, haciendo y deshaciendo nudos en las entrañas, sin saber ayudar al precipitarnos en algo animal y alimenticio que nos mantenga conjugados.

Yo no sé hacerlo. Bastante tengo con responder sonriendo a alguna sonrisa tuya, sin dejar de salir cataratas de lo que sin querer me provocas, tan inexplicablemente. No sé hacerlo. Algo tendrá que tener la culpa de todo este nerviosismo. No sé sí será por algo que promete, aunque yo no me confío. No sé si será por algo que ya se está haciendo delante de mí, tan maltratado por la fe. Yo sólo sé morirme poco a poco de excitación delante tuya, esforzándome por que no lo notes, y romper esa especie de guión de diosas propiciatorias del crecimiento, la regeneración y la debacle. Morirme y morderme la lengua y no lanzarme niñamente a tomarte la mano y pedir mecerme un poco en el calor de tu cuello. Morirme delante tuya y quedarme razonablemente educado e inalterable delante de todo el mundo, como cuando encuentras una moneda buena medio enterrada y sucia en la calle, y en un suspiro cierras el puño y aprietas el paso sin mirarla, hasta refugiarte en un portal o esconderte pegado a una pared en sombras, con el corazón asomado a la boca.

Y tan cómodo que estaba yo en mi pobreza, en mi cobardía.

Tú tienes la culpa de todo esto, por tu olor que me invade. Porque sin querer me marcas, me invades de alegría. Porque descubro que en conversaciones falaces, yo estoy deseando decir en voz alta tu nombre, como sacando una bandera de la verdad. Decir tu nombre, no el de otra mujer que se llama como tú. Sólo tu nombre.

Y no tener palabras para protegerme de eso. Y saber por esa ciencia incierta que despereza mi alma, que mi cuerpo tiene por sí solo una sacudida siniestra e inocente, y se pone a levantar como una casa de sonido cálido que nos envuelve, como una oración en la que tú y yo podríamos refugiarnos de la vida fría.

Yo sé que es imprudente confiarme a un olor que me invade, a algo en lo que nadie puede ayudarme, pero yo sé que nos compartimos.

Y sé que es caprichoso y estúpido echarte la culpa de que tú me sonrías y a mí se me haga por dentro como un rumor de alas efervescentes, y aire fresco, y nubes que se desdibujan. Y culparte por el verano y por el invierno, que se suceden sin ganas y sin tiento, culparte de la intensidad que se te sale del cuerpo sin saber. Culpa de las verduras de cercanía y la fruta de temporada. Culpa de cosas bonitas e inexplicables, abriéndome puertas de par en par por dentro.

Tan sin querer, tú me invades, y me estás llenando de ti sin permiso por dentro.

Me dejas perdido de luces y de aires frescos, y ahora qué hago yo con todo esto.

Todo eso se me resuelve en una especie de incómoda beatitud cuando me quedo solo. Se me va aposentando en toda su densidad y pesadez. En mi boca callada empujas desde dentro un por qué no vamos a mirarnos de pronto un día más pausadamente, con esa traicionera seguridad de saber que los líquidos que te corren por el alma van a empezar a latirte con más ganas cuando yo aparezco por la puerta, y van a pegar la nariz por dentro de tu piel, y van a tensarla hasta casi transparentarla, y se te van a adivinar desde fuera las ansias de brotarnos. Y que pase todo porque yo estoy por ahí, como un vegetal inocente en sus cosas, pero de algún modo fertilizado por tu cercanía, por tu temperatura o por tu ley, pero de todos modos tan sumergido de lleno en algo tan de culpa tuya y mía. Algo tan cargado de lo que quiera que eres. Algo tan insensato y maravilloso. Tan de dentro y tan de cerca.


Jag.
27_11_17


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LOS OLORES


Es mejor
cuando tú vas a ellos
que cuando ellos
vienen a ti.
Jag.
26_11_17


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23 de noviembre de 2017

NO TE TENGO TIEMPO

No te 
tengo tiempo
de escribirte
lo de hoy.

Jag.
23_11_17


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Este texto se escribió como presentación en FB de otra entrada del blog: "YO SÉ MÁS COSAS". 

Pueden acceder a esa entrada en el link:

TAN SÓLO


No sé
para qué sirvo.
No encuentro
qué darme.
Alguna vez caigo
de pronto
en que te pienso,
y sin querer
me pongo a sentir
que para ti para mí
no todo está perdido.
Jag.
22_11_17


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20 de noviembre de 2017

SE VAN BATIENDO

En principio, yo quería hacer un texto acerca de cómo en diferentes fases de la vida, tenía diferentes formas y ritmos de escritura. Quería decir que, a medida que se iban sucediendo esos cambios vitales, cada forma de escribir (también de pintar y etcétera) se iba quedando obsoleta, y me aburría y enervaba hasta que daba con el grado y lugar del cambio que había de sobrevenir. Quería decir que también me ha pasado al revés: lo que hago pierde sentido, me pide un cambio, pero no sólo a nivel "qué hago", sino a nivel "quién soy", y ese malestar ha sido una señal para que me plantee cambios a nivel vital.

Esa era la idea que quería expresar, la dicha y desazón de que lo que hago y quien soy están tan íntimamente conectados. Pero luego me puse a escribirlo y el tema se me ha ido de las manos, como siempre, y como siempre me han saltado los mismos tics baratos de siempre y tal. (Un conocido de Barna, decía con verde sorna que yo iba a acabar escribiendo para Psicologies y revistas por el estilo. No le dije nada y le sonreí tipo jejeje, que viene a querer decir: cualquier publicación remunerada, conseguida por mis méritos, es mejor que las que tú vas a conseguir chupándola, que no das para más.) En fin, que allá, en la cumbre, en la colina, quedaron mis ideas primeras, allá mis nobles intenciones, tan perdidas. Me fui por las ramas, perdí el árbol y cambié sin querer de bosque. Por eso ahora, de segunda escritura, pongo esta intro, y voy redactando en parágrafos (dicc), y lo mismo así doy una idea aproximada del infame potaje emocional, léxico-lingüístico, socio-económico-vital de uno que está en mis zapatos, en mi pellejo, en mi pueblo y en mi circunstancia. Lo mismo esto, junto con lo que siga, consigue dar una idea de parte del espíritu de mi época, y no veas qué chachi. Dios qué vergüenza.

La camiseta que le he pintado a Miguelito es un rayito con un resplandor circular. Después de hacerla he pensado que es un relámpago que al mismo tiempo es un reloj. Es como volver al Zen. Anda que.

Antes, cuando vivía solo y no sabía que en realidad vivía en multitud, una mujer decía cuando yo no estaba delante:

mi Jose,

y eso algunas veces me ponía mágico, y otras veces furioso. Porque vaya honor y vaya responsabilidad y vaya manera de vivir empeñados en la equivocación y con la pata metía. También me decía:

yo es que en mi casa no puedo dormir.

Era una cosa tierna en sus ideales de entonces, y era una de las mejores conversaciones de su época. Hemos mantenido ese afecto de muchas maneras hasta prácticamente hoy, pero muchas cosas han cambiado irremediablemente. Se me ha acabado poniendo entre galla y paternalista-condescendiente, y no suelo tener mucho aguante con la gente que siente que vive precedida por una banda sonora y va por ahí repartiendo magnanimidad y perdonando la vida. Así que prácticamente ayer me quedé con las ganas de dejarle dicho que, entre ella y yo, el tren que se toma o se pierde, soy yo.

Me encantaba y marcó mi vida con muchas cosas, pero nunca le escribí nada.

Más o menos en ese mismo antes, pero en distinta circunstancia, otra mujer me decía:

yo no sé cómo lo haces, que cada vez que vienes de vacaciones me baja la regla.

Un día me dio un piquito disfrazada de alienígena o algo por el estilo, aunque alguien, acto seguido, tiró de mí y me metió en un conga, y todo se acabó saliendo de madre, y acabamos unos cuantos, paulatinamente cada vez menos, bebiendo gintonics en un escalón de piedra labrada en cantería. Por lo que sea, esa mujer se llegó a tranquilizar conmigo en su momento, y corrigió a tiempo de tomar la vereda correcta, de la mano de un jipi con herencia.

No le escribí nada.

En ese mismo antes, alguna mujer me decía

que mira cómo me has puesto de vino los pantalones, que vamos corriendo a tu casa, que eres una calamidad.

Y yo, bueno, pues me quedaba un poco así, y al final todo se arreglaba sin debates ni epopeyas, hasta que alguna de ellas decía:

-Yo es que lo que quiero hacer es ayudarte, o

-Yo es que sólo quería saber qué querías decirme cuando tú y yo no nos entendíamos nada de nada.

Y claro que teníamos nuestro dulce corazoncito, pero venían tormentas de contigo estoy perdiendo quién soy, y todo era una turbulencia de ácida sangre caliente rezumando de los huesos hacia fuera, y una especie de locura eléctrica que degeneraba en zumbido, hasta que llegamos a la frase

"es que somos una mala pareja".

Y esa frase era como un espacio amplio en mitad de la llanura, con la hierba limpia y aburrida, sobre la que se derramaban implacablemente columnas de luz del sol que se colaban entre los nubarrones. Y se acababan las razones y las persecuciones. Como mano de santo, pero dando una hostia, y un dolor indescriptible y callado se posaba sobre todo, como el polvo de una explosión de harina. No éramos buena pareja, y ahí la emoción se quedó sin agenda, y se agotó la épica. Y cuando no tienes épica, pues de esa no te salvan ni Ovidio, ni Stendhal, ni Fromm. Textos como para Psicologies, y la verdad es que NO.

Yo ya me sospecho que probablemente he ido viviendo la vida sin enterarme de nada, tan cómodo, parece, en mi modo soñámbulo. La verdad es que cuando he tenido el mínimo interés en meter el dedo en el desconchón, todo ha sido poco más que entender que todo es una tramoya imbécil, que sirve para que nuestra imbecilidad propia se sienta a gusto. Yo qué sé. Quizá es que también salí escopeteao de mis ínfulas de investigador académico, y aterricé de boca en el llano.

Eran tiempos de rayos fugaces de luz y nubes en la mente. Algunas veces, las visitas decían, no veas qué bochorno en tu casa en verano, y yo decía, sí sí. Otras veces, las visitas decían, no veas qué humedad y qué frío en tu casa en invierno, y yo decía, sí sí. Pero mi casa estaba llena de alumnos y estrellas. Yo era el mismo bobalicón inadaptado de siempre, pero siempre había vodka bueno del supersol, morcilla de cebolla, atrezzos divertidos, herramientas excitantes, libros fabulosos y chocolate por todas partes, hasta por el suelo.

Ya todo eso pasó. Eran los tiempos como del spleen (Dict) del pueblo. Hice cinco libros, y tenía una vida social sin saberlo. Escribía cosas cortísimas y contenidas, basadas en alguna descabellada idea del ingenio que tenía entonces. La cosa es que aunque se me agotaron, esos textos me resultaron reveladores con el paso de las lecturas. Y aunque en su antes me funcionaron como catarsis, en el antes posterior, se me aparecieron con un alma y un cuerpo y una utilidad que no les conocía. Y a pesar de ello, esos tiempos pasaron y dejé de escribir así.

A ese tiempo le siguió un tiempo de dolor por la gente y desesperanza por lo que yo podía ofrecer al mundo. Estaba cansado y dolido, pero tuve fuerzas de iniciativa, más que de reacción, para evaluar el desastre e intentar poner nuevas bases en mi vida.

Hice lo que creí. Y con un poco de avanzar en la decisión, vi que escribía acerca de una especie de resplandecer que yo me notaba por dentro del pecho. Era el tiempo de la conciencia de conquistar mi forma de ser. Era el tiempo de la conciencia de que la vida es creación de cada una y cada uno, y que el trabajo verdadero es decidir y proveer los ingredientes, cocinarlos y hacerlos más o menos alimenticios y efectivos para vivir. Y escribía sobre eso, con todas las fallas que eso conllevaba, al mismo tiempo que lo vivía. Lo escribía llevando el peso de toda la soledad y mala comprensión, con toda la negra obstinación y cerrazón, mía y de los demás, que eso conllevaba. Decidir por mí mismo. Escribí sobre eso, y eso vivió en mí, y sobre mí, aplastándome tantas veces. Escribí y supe algo parecido a que precisarlo, consignarlo en papel, era una manera de traerlo a la realidad. Una manera de hacerlo. Como decir con todas las letras que decir el juego ya es jugarlo. Todo era luz y orgullo, en algunos momentos. Todo era una frívola, ingenua y patética nobleza, en algunos momentos. Todo era maravilloso y frágil, en algunos momentos. Como la canción de los castillos en el aire, de Alberto Cortez. La luz te ciega, a pesar de que todo se ve mejor. El orgullo te separa de los demás, porque encuentras lo tuyo y estás solo. Siempre hay un dolor oculto, cuando ganas en algo. Todo lo que se decide de verdad, es radical, y por tanto, oscuro para los demás, y de una independencia que les deja la impresión de su prescindibilidad. Lo oscuro no atrae, y genera sospechas lo que funciona en completa autonomía. La gente, el colectivo, no está por acercarse y comprender. Todo era emocionante, pero lo emocional es un estricto territorio personal: sugiere la soledad a quien mira, y subraya la soledad de quien lo siente. Supe a mi torpe manera que vivir con los demás siempre ha sido el juego, la comedia, la tragedia de intentar explicar a toda la gente, con razonamientos, con casi demostraciones, lo que siente cada quién en la oscuridad impenetrable de su solitario corazón. Y eso no es sólo una horrible batalla perdida, no, es una desastrosa guerra sin sentido que no debía haber tenido lugar. Lo que ocurre en cada corazón es el funcionamiento autónomo de un universo que no cabe en la torpeza de las palabras. La Historia en un invento. La Filosofía es un devaneo. La Poesía es una caída elegante. Que el corazón quiera salir de sí, alumbrando con su pobre candil la oscuridad de fuera, es la aspiración más legítima para no morir asfixiados, pero está condenada al fracaso. Un corazón nunca reconocerá plenamente a otro, porque cada cual vive ensimismado. Y sólo verá enfrente los colores y olores que ya lleva. Las personas, una a una, seguimos siendo gente. Y estamos atrapados en la paradoja de querer dar vida a nuestra unicidad sin que deje de aceptarnos el resto del mundo. Seguimos siendo gente, las personas: queremos cosas que puedan compartirse, que sean accesibles a todos, y que puedan hablarse livianamente, para que no haya escollos, y seamos aceptados, y que nos sintamos acogidos, acompañados. Amados. En realidad, nadie está preparado para que nadie intente ir un poco más allá de esa liviandad, más allá de esa cerca en la que estamos amalgamados y nos sentimos a salvo. Como Ícaro volando hacia el sol, todo el mundo espera secreta o abiertamente que la lógica derrita sus alas, porque nadie está preparado para que alguien esté anotando resultados satisfactorios traídos del más allá de las narices del común de la gente. La alegría, los momentos conseguidos de felicidad puntual, si no son plenamente compartidos, ya se encarga nuestra educación, nuestra ley, nuestra cultura, de llamarlos locura, o envanecimiento, o psicosis, o extravagancia, rareza o ridículo. Lo que consigas solo, si te lo guardas, lo vives solo, pero si lo compartes, estarás a un paso de despertar los abatimientos del orgullo de quien se limitó a escucharte y nunca hizo nada, despertará el recelo y la mal disimulada mala conciencia por haber montado su vida con lo que encontró a mano sin cuestionar nada.

El paraíso sólo puede ser una promesa, porque nadie está dispuesto a volar y dejarlo todo.

Si lo compartes, también te quedas solo. Yo fracasé en esa excursión. La gente no quiere los souvenirs que dejan claro que sólo tú fuiste a por ellos. No quieren que les pidas compañía en tu viaje en busca de la autenticidad. No quieren exploraciones por la intensidad. No quieren indagar por la vida pura. Quieren formas que funcionen. No quieren que les animes ni les digas que es posible. Dejemos a los locos las cosas del fracaso. Dejemos a los fracasados las cosas de los locos. Vamos todos a normalizar una alegría comunal, y que se quemen de aire puro los exploradores de lo remoto. Que se pierdan solos en la posibilidades del abismo.

Parece que para mí todo eso es ya antes. Parece que se me pasaron los ímpetus para emprender cosas nuevas y hacerlas brillar. Y porque vengo a seguir escribiendo eso mismo, a mí me parece algo así como que me he quedado sin fuerzas para salir a buscar la luz de mis fuerzas. No sé, después de tanto antes, me miro ahora y parece que mi excursión se limita a verme a mí mismo en aquella belleza que me elevó y que no entendía.

También las miro a ellas, en aquellos antes y en este mismo ahora. Y no puedo dejar de seguir enamorado. Y sé que es patético e insufrible, porque estar enamorado es entregarse a la fugacidad e intentar construir edificios en la inconstancia. Es confiar en el brillo de una llamita en esta vida de inclemente ventolera. Es escribir tu vida en una raya en el agua. Es un rajón mínimo en la piel, que dibuja un largo hilo azaroso de sangre en el suelo nevado que se derrite. Pero sigo enamorado, y es como si no pudiera cerrarle las puertas a mis entrañas de animal que exprimirá sus instintos por trascenderse, por dejar dicho a todos los vientos que he ido y he vuelto, y que sólo quiero descansar las heridas para irme otra vez. Porque estoy persiguiendo el aroma de algo valioso que es para todo el mundo. Volveré a irme para volver y traerlo. Aunque nadie lo quiera. Aunque nadie lo comprenda y sonría de medio lado, dando a entender que entienden una palabra mínima de la épica trágica que estoy redactando, atravesando amores que son y que no son, sembrando de alegres mojones el camino, para venir a decir que voy y vengo derrotado, que en ese ir y volver, casi siempre y nunca soy el mismo, y que me duele perder y desperdiciarme, y que me voy gastando, como todos mis vecinos, pero voy siguiendo la certeza de la evanescente promesa de un perfume, y me he echado a conocer lo que no conozco, y fui y volví, y apenas traigo recuerdos de cosas que no quiere la gente, apenas unas letras que de tan cercanas y necesarias se ven desenfocadas, apenas unos brillos lejanos que parecen de chatarra, apenas tan sólo la alegría secreta de que después de un antes que sucedió a otro antes, seguí dando todo lo que tenía por alimentar al amor despiadado y sin mesura.

No hay descanso en intentar saber cualquier cosa de ese país fascinante e inexplorado que habita en cada uno de nosotros, y cuya puerta está dentro de mí.

Vuelvo, pues, desde mi caos a este texto perdido y enrevesado que nadie ha pedido. Vuelvo para volver a irme, para seguir diciendo que hay jardines imposibles allá a lo lejos, en los que mis tripas dieron todo lo que yo ya no tenía, que los restos de mi sangre reseca que orlan esos caminos no quieren quedarse en que fracasé y me caí de boca. Quieren decir que, en un vuelo breve, eso que yo llamé amor me elevó, y para quien quiera ir a probarlo, allí quedó la marca escrita de que, tan dichoso y tan dolorido, yo estuve allí.

Jag.
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9 de noviembre de 2017

COMO UN RELÁMPAGO VERDE.

Es como una percepción ruinosa que tengo de mí mismo. Y no entro a valorar. Me duele la cabeza un poco por. Me ahogo de improperio, y me canso de mi falta de luz y mi sobra de gólgota. Me dejo sentir eso y no dejo de tener la impresión de que claudico en algo importante, que se me escapa entre los dedos ay como el agua. Algunos conocidos lo intentaron con la alimentación. Otros me dijeron de mis métodos de selección de personal. Con paternalismo la mayoría, habida cuenta de que, de cara al modelo occidental de la clase trabajadora con titulación y/o herencia, yo vengo a ser un ejemplo estupendo de lo que no se debe hacer, a nivel social, laboral, intelectual, emocional, y así hasta el final. No me ayudo demasiado señalando sin maquillaje, en su crudeza, cada uno de mis clamorosos fracasos. Pues así, palmadita. Así, sonrisa, suficiencia y chasquear de la lengua. Así, a colmillo con mi seca inocencia, cada quién alzado en su propio púlpito expendedor de consejos y conveniencias. Les acabo poniendo la razón muy barata, me parece. Mi única labor buena, es la de servirles de zanco atalaya desde la que contemplar más tranquilos el futuro: al parecer, el que yo hable y ellos no, sirve para que entiendan que sus vidas sin sentido van por el camino correcto.

Madremía, que es una debacle, pensaría, si hubiera tenido visos de que seguía un plan remoto, o al menos una brumosa ansia improbable que esbocé mientras me trataba el acné, pero qué va. Desde chico me he sentido abrumado y escupido al mundo con mis dos apellidos, y ahí se me acabó todo lo respetable, me parece. Todo esto es un asombro mal entendido. Todo esto es una quedada mal llevada. No tengo sistema ni objetivo. Pan y estructura pedí en una exposición que hice, pero nadie entendió nada. Escribo sin tema ni fin, porque no siento que los tenga como "escritor". Escribo sin tema ni fin, porque como persona tampoco los encuentro, mi tema ni mi fin. Qué se yo. Siempre he pensado que estoy harto de vivir desde que nací. Y ahora me siento, y que esperen los mensajes, y me encuentro como perdido y dejado en un descampado en la noche cerrada. ¿Qué puedo dar, para que mereciera la pena soportar mis cargas, me pregunto? ¿Qué hay de bello en mi, antes de que me conozcan más allá de lo que se ve? Y sin embargo, yo te miro, y aunque no te conozco de nada, e intuyo tus cargas, tus dolores imborrables, tus malos olores, tus caprichos insalvables, a pesar de ello, digo, yo te miro y encuentro en mí como mi poco de ansia por ir un poco más allá de lo que veo, y me encuentro con inspiración para trasponer el umbral que echa para atrás a la mayoría, y avanzar un poco más hacia ti, y por lo menos hablar de algo más allá de la casual deferencia de la educación-buenos días-qué quería-sí-coge lo que quieras y ya-sí-en el estante de fuera-a cuatro cincuenta. ¿Será que hay como una curiosidad natural universal repartida en todo el mundo? ¿Será que la gente, como tú por ejemplo, también, como yo por ti, siente que tiene algo que ganar en descubrirnos y tantearnos, aunque sea mínimamente? Ay, yo no lo sé. Pero eso a mí me sirve para no bajar los brazos del todo.

Yo ya sé que todo desemboca en la decepción, con su lecho de limo sucio, fangoso, formado por la podredumbre amalgamada que se arranca de la ilusiones, y arrastra el cauce vivo. Yo sé que todo acaba siendo dolorosamente normal, que todo tiende hacia un resignarnos a la lógica aplastante de la decrepitud y la miseria. Yo estoy golpeado y manoseado como la fruta que te dan en dos por uno. Yo sé todo este rendirnos a la lógica, lo sé, pero algo hay de juego oculto y esperanzado en algunas preguntas de todos los días. Algo en lo que, incluso fugazmente, acabamos depositando las explicaciones vitales fundamentales, las que guardamos y nos vienen desde las profundidades a decirnos por qué cada día tú te levantas para hacer siempre eso que haces, y por qué estoy yo mismo hoy en ese mismo lugar, y a pesar de ser de mundos distintos, estamos en una situación común y negociable, enfrentados y por mi parte entregándome de lleno a la desazón más que probable, pero sabiéndome con un nerviosismo sorpresivo en la voz, con un mortecino brillo en los ojos, mientras siento cómo una vez más estoy poniendo el alma en una pregunta casual, emocionándome porque sin querer nos hemos rozado los dedos, y he sentido como un relámpago verde iluminando todo mi mundo. Sabiendo, con sonrisa triste, que cualquier gesto tuyo de amabilidad, bastará para que tontamente me ponga otra vez a cargar las tintas. Como un autobús vacío, anárquico e insufrible, que sin itinerario ni destino, inventa donde quiere las paradas.

Jag.
9_11_17


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PRECARIADO


Doy amor
por comida y cama.
Jag.
7_11_17


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ESTO ERA


Cuando el dinosaurio
mordió la manzana,
Adán despertó, y Eva
todavía estaba allí.
Jag.

8_11_17


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7 de noviembre de 2017

ESCONDITE

Si lo vamos a hacer
ya está equivocado el condicional.

Será por tu gusto y el mío,
pues tiramos el imperativo,
si bien mal yo recuerdo.

Yo soy mi única esperanza.

Caminarás conmigo porque quieres,
aunque no tengo nada.

Caminarás conmigo porque quieres,
o porque no tengo nada y además,
tengo el brillo de saber
que no tengo nada
y se va a equivocar el futuro.

Tú dime tan sólo
dónde quieres que empecemos
a ponernos a enseñarnos
el vivillo de las entrañas,
de los corazones el bies, tú
tan sólo dime, porque quieres,
detalles importantes
que se me escapen
del prevalecer de tu sonrisa.

El mundo boquea
y yo no me voy a cambiar por otro.

Me quedo porque no tengo nada.

Dame tu combinación y tu etiqueta,
que antes de que la vida se gaste,
porque quieras,
contigo quiero arder.

Dame la mano, que vamos
a hacer el incendio andando.

Dame tu palabra, porque quieras,
y seguiremos adelante bailando.

Yo no pido perdón por tener intuido,
de repente y por adelantado,
el olor proyectado
de la verdad de ciertas cosas.

No se me ocurre explicación
del tenerte metida en el sentido.

Desde chico se me aferra
esa luz fatal o maravillosa
de lo inevitable,
de lo que siempre deseamos.

Se me queda cogido
en semejante parte, mira,
toca, pregunta, tienta.

Es con eso que tú sabes
como derrocaremos al gobierno
de la sangre de estos burros,
el de los traficantes de sueños
que allí se gustan
en este sucio mundo inhóspito.

Es con eso que tú sabes
con lo que tú y yo nos opondremos
a toda esa gente indecente que nació
con toda la baraja en la manga.

Jag.
7_11_17


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ARDEN MÁS FUEGOS QUE LOS QUE ENCENDÍ


Haces más
soñando sin esperar
que esperando sin soñar.
Jag.
6_11_17


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TALLA


Si es que la gente no me ayuda
ni me entiende,
tan dentro de sí, 
yo me quedo a vivir contigo de la mano
de mi sencillo amor
por el baile con tus adentros,
fabricando vida que inventemos,
y aún solo,
en mí mismo pleno.
En mis montañas de esperanzas.
Jag.
6_11_17


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2 de noviembre de 2017

CERO COMA DULCEMENTE

No importa nada que una nube delgada esté tamizando la luz de la tarde. Igual que no hay más ciego que eso que tanto dicen los arreglamundos buscazascas imbéciles politicoides del Facebook, no hay más muerto que el que no quiere vivir.

Yo sé que ella no es de lámparas encendidas en la noche. Y que la música que escucha y los poemas que comparte, yo no los buscaría saliendo de mi. Pero la pienso y la miro, le hablo, la escucho, y es como si se me arreglara algo que no sabía que estaba roto. Todo es cercano y misterioso al mismo tiempo.


No me queda nada de la alegría vana y suficiente que sueles tener cuando se prolongan los buenos tiempos, esos de entreguerras o entrebragas, esos que no exigen de ti la tensión ni el orgullo, ni el sentido del honor, fuera de los que no sean necesarios para hacer más exhaustivas las desmesuras del disfrute.


No puedes tener remedio, si no tienes el problema acotado.


Ella se acerca y se mira en el espejo. Después de escuchar a mi ojo, se responde bella por su corazón sobreviviente. Se mira sin más, y parece querer no darse cuenta de que el gobierno, con una sonrisa de estiércol, le va a decir que vamos otra vez a cambiar la hora en pro de la eficiencia de lo conveniente, y en contra del amor al aire libre, las gentes sin desodorante, y del bendito sol, que sale para todas y para todos, y viene a descansarnos al tejado.


Las canas le son ríos de plata, y le sujetan la cara como sosteniendo un cuenco de leche caliente. Ella se pone más niña de la cuenta, algunas veces creo, como los poemas que me acaban gustando de verdad. Se ríe ansiosa sin motivo. Y se me estremece, golpeándose un pie con otro en la cama, de pura excitación.


Paseamos, y de pronto dice tenemos que llamar a tu madre. Luego tiene un hambre atroz innegociable, y entro a comprar una ciruela un aguacate, claro. Lo único peor de todo esto, es que, a pesar del brillo de colmillo que se me ha quedado en la sonrisa, hoy me da por ojear incomprensiblemente un Benedetti que reciclé en su día.


Las guerras son siempre de los tontos contra los listos, entiéndaseme, de quienes tenemos toda la razón contra quienes se descolgaron por un descosido de la inopia y vinieron a caer AQUÍ, y se pusieron, por sus razones o por sus cojones, a jodernos la vida y a destensarle el ojete a nuestro statu quo, llámese mundo de perfección, belleza y justicia ¿no? 


Ay, descansa. Ella es un perro que se persigue la cola. En eso pone un empeño voraz. La amo en su ensimismamiento y en los descansos, en los que me mira en silencio, a contraluz. La amo con mi pequeño amor ingenuo y puro, que no le sirve para nada. La amo con el amor que construye fortalezas en el filo de una hoja de hierba bajo una lluvia tenaz, mientras se anegan los campos.


Le digo que me ha salvado la vida. Pero no puedo contárselo todo.


Las guerras vienen a ser siempre de nosotros contra ellos, desde tiempo inmemorial. Da igual el bando en el que caigas. Todo consiste en ponerle orgullo e inspiración a las consignas de tu facción, silenciar convenientemente sus contradicciones e inconsistencias, y lanzarte a tener razón a cualquier precio, y saberte convencido de que estás en el lado de las personas de la bondad, del derecho, de la legalidad, y que te opones a un sucio ruido de esquirlas de ponzoña ardiente que sale de los estómagos del infierno para rompernos los establecido. Tú el bien y ellos el mal, a toda costa, sin dudar, hasta la muerte. Así el amor bellaco, tantas veces. Así todo lo humano, tantas y tantas veces tan huérfano de  cordura para parar la palabra llameante, y de dignidad para que la decencia dé un paso al frente.


Por el camino, reconozco mi vulnerabilidad y la tuya. Puedo hacer algo malo sin querer, y puedo hacer lo que quiero, sin maldad.


Yo sé que amo sencillamente, casi instantáneo. Si no va sencillo, y no me rindo y no me dejo y no me voy por pies, supongo que es que será otra cosa a la que no me quiero molestar en poner nombre.

No tengo tema, ni voz, ni bandera que seguir. No tengo un talento que cultivar, ni un mensaje que grabar a fuego en la vida. Cuando he ganado algo, ha sido aburriendo al destino, de tanto perseguir con saña. Mis premios nunca me han llegado por sorpresa. Los he ganado por desgaste, por aburrimiento de hacer siempre lo mismo, y hartándome de recibir hostias. Y nunca fui un joven prometedor para nadie. No tengo alumnos que me esperen, ni contertulios que me aplauden las gracias, ni adolescentes que me lamen el póster con los ojos cerrados, más o menos por la zona de la polla.

En mis malos tiempos, yo sólo tengo mierda en las entrañas.

En mis buenos tiempos, yo sólo tengo buena vecindad para callármelo.

Furia en las tripas y vinagre en la boca. Y una luz agria que no consigo limpiarme de la risa. Ilusión por el amor y la bondad natural del hombre, para malamente contenerme de salir a pegarle fuego al mundo. Y espíritu cándidamente constructivo para empeñarme en haceros una casa con toda esa basura. En fin.

Poco va a poder hacerse con mis restos, estoy suponiendo.

No sé si como mala hierba. No sé si como arbusto, seto espinoso árbol magnífico, pradera en flor, pero la siento enraizada en las riberas vaguadas laderas soleadas riscos acantilados inaccesibles brumosos de mi corazón.

Ay, descansa.

Poco va a poder rescatarse de tanto vano intento que tuve por el amor, que se me murió no sé cuando por el camino. Y saber que me flaquean las fuerzas y me pierden flexibilidad las comprensiones con el paso de la gente (más que del tiempo), y dejar correr la desdicha, con el desborde de mi furia contenida por mi cobardía, por mi inmadurez, o por una especie de trasnochado cándido respeto por lo que finalmente se me reveló sucio e indigno de la cuenta siquiera.

Poco se va a poder sacar de mi torpe experiencia en el mundo, deslumbrado por lo vano tantas veces, resentido por tanto romo dolor que en su tiempo tuve por sola compañía. Y la incapacidad de aceptar que el mundo simplemente es torpe, sucio y ruidoso como un camión que viene de culo.

Dios, vaya formas estúpidas que me salen cuando me quedo tendido en la mala pipa. Ya me lo voy notando en la letra.

Ayúdame, vamos a bebernos juntos tus lágrimas, le decía.

Me he dado la hostia padre, y qué voy a atreverme a decir ahora con una mísera gota de fe o de convencimiento. No he sabido nunca posicionarme cerca del estrado de otros. Siempre sospeché de saborear tan de cerca el verbo o el timbre del orador, que siempre viene a dejar su basura en casa. Quizá por eso siempre he sido un negado para la oportunidad que tantos otros aprovecharon, la de entender un segundo de flaqueza, un descuido, y arrogarme la verdad, o al menos la palabra, y secuestrar con mi tonta vanidad al auditorio. No es poco lo que va a poder aprovecharse de mi. Es nada, en esta tarde pesada, que va hincando la rodilla como un viejo elefante que se ahoga.

Ella me imagina delicado, deseante y deseoso, y yo qué le voy a hacer. Ella se mira en el espejo, y no se entiende tan lejos de mi aroma. Y qué le digo. Se le suben los olores y los sabores y yo no lo entiendo, y no tengo alma para contradecirla.

La amo también cuando piensa sus dudas en voz alta, con tono "grandes verdades".

Ella dice que de algún modo todo esto se va a arreglar. Ya verás. Dice.

Ella dice que la verdad está en las pequeñas cosas. Dice. Y se alarma con la cara que le ponen cuando enseña las bragas en público, a un grupo de gente en la calle, a una sola persona en su cuarto.

Vengo a decir que del amor ella no tiene la culpa.

En realidad yo siento que no tengo nada que darle, que no sea ardor o negrura. Pero ¿cómo voy a decirle que se me han pasado para siempre las ganas de explicarle, para que entienda, y de una vez se reconforte?

Soy un grito de amor balbuciente desde el fondo de la caverna. Dame con un palo en las tuberías vacías que salen del corazón. Escucha el eco.

La muerte siempre se ha sentido tan natural entre los vivos, pero nadie parece querer entenderlo. No queremos caer en la cuenta de que la muerte va en serio ahora mismo. Que no la sabemos ver si no es con la pompa y el estertor que nosotros mismos le ponemos, sin que nos lo haya pedido.

Ay qué maná de tontos caídos del cielo, esperando que la muerte se nos va a anunciar con solemnidad y arrebato.

No ha sido nacer, cuando ya tenemos el arañazo de la vida resquebrajada dibujado por el cajorro titubeante hasta el hoyo. No ha sido el primer suspiro, y ya tenemos el corazón cegado y roto de luz que nos sobra. Y señalar bobamente, y ponernos en pie, torpes, balbucir extraños, y la cabeza ya está equivocada para siempre.

Qué puta mierda nos contaron que es esta vida, que nos lo creímos tan llanamente.

Qué lástima, me digo, que me encontró en su camino o le salí al paso, o yo qué sé qué pasó, para sólo tener para darle mis pobres adornos con guarnición de miseria y amargor. Mi dolor inútil de no poder resarcirla de haber desperdiciado sus poderes entre tanto malhombre empeñado en acabarla.

Ella se queda sola en la tarde, tan quieta ante el espejo, y yo tan ajeno y lejano. Y el sol se le posa cálido y desganado.

Y son tan pequeñas, sus cosas importantes.

El olor de las tetas, me dice, que se le queda impregnado en las copas.

Y claro que me muero de muá.

Y se emociona con esta cosa descabellada, y se queda atenta a esta ilógica desmesura. Se concentra en su ilusión de que todo esto es básicamente tierno, incluso adorable. Y me enseña sus manos grandes de empeñarse, sus manos bellas de hacer contra pronóstico. Sus manos duras de querer como se pueda. Sus manos de decidir. Sus manos de embestir. Sus manos de desnudarse siempre tan sola en este mundo. Y besar. Y besar y despertar de lo que quiera que soñaba en este castillo colapsado de migajas, y saberse el corazón mirado. Saberse en esa magnitud incomprensible de emoción inexplicada. Y desear con furia y egoísmo. Aunque tiemblen siniestramente las casas y se arruguen para siempre los papeles.

Amar. Tan sencillamente lo veo.

Amar con el ardor de los labios desprendido, y dárseme en lo que sabe y puede, pedirme en lo que siente que quiere y entiende que yo puedo saber y poder, pedirme para siempre en tan sólo un momento lo que siente que quiero, o lo que entiende que pido. Así el amor, al que siempre busqué, y tan bellaco perdí por el camino quién sabe dónde.

Ella sabe que no necesitamos que nos arreglen.

Ella sabe que todo se arregla no haciendo puto caso a nada de lo que estemos diciendo, que pasemos de nuestra opinión y de nuestra delicadeza como de la mierda, y darnos de besos. Darnos de besos o algo así de inexplicable, hasta que uno a uno nos cansemos y nos acabemos olvidando, a besos, de quejarnos por lo estúpido y miserable hijodeputa que hemos sabido siempre que es este mundo, mientras baja de culo la cuesta que nosotros subimos tan trabajosamente.

Jag.
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