10 de octubre de 2017

DIOS RUMIANTE

En principio, me veo en la lógica de advertirte que me dispongo a probar a hacer componer de alguna manera un textezuelo llenito hasta el cansancio de puntos y aparte, un conjunto de fraseos equívocamente versificados como los de los y las escritores y escritoras instalados e instaladas en los puestos de jerarquía de las listas de venta de los suplementos culturales de papel de fin de semana, esas listas de venta que la gente hace involuntariamente y sin sentido compositivo con sus compras, la misma gente que por sentirse parte de la ciudadanía acaba manteniendo en pie su ilusión de que el gobierno que les gobierna es la suma de su decisión con la decisión de una casi absoluta suficiente mayoría que impunemente derrota a lo justo y se arroga la razón del número irracional y estúpido para cargar de respaldo su ambición, la del gobernante, su ineptitud, su maldad, su egoísmo y el campo libre de su tropelía, y ya no quiero perderme más, referirme a esos textezuelos dirigidos a princesitas que han escuchado un disco de Chavela, se han colgado un post de Frida y están a punto de separarse porque tienen la ilusión de que princesitas no lo son, y se ponen a leer la vaga poesía de otras princesitas que confunden la redacción de un poema con la exposición libertina de un edulcorado calentón, sí, un textezuelo como ésos que copan de puntos y aparte los despejados libros de poesía de adaptación curricular para personas que se saben borrosamente desesperadas por todo pero han aprendido en internet la palabra empoderamiento y se han lanzado sin querer a alimentar la falacia de que este país TAMBIÉN ha hecho una transición efectiva hacia un verdadero interés por la CULTURA, mucho más allá (en realidad más hacia aquí) de cuando los hijos y las hijas de los generales victoriosos y los de los que montaron sus negocios favorecidos por la victoria empezaron a cardarse el pelo, se pusieron hombreras de plástico, aprendieron palabrotas en inglés, y empezaron un módulo de yonqui guapo en academia privada del centro a un paso de casa, mientras los yonquis feos suspendían como moscas en los barracones y las bajeras de puente de los arrabales y extrarradios, sí, y ya está bien de seguir abusando de la frágil atención en el devaneo barato, referirme a esos textezuelos de sensible de postal para leer en la playa y en el metro y meneando la sopa de sobre y meneando a una prima en una barra con luces dudosas pero efectistas de seducción/conquista/tenemos/que/vivir/la/vida, mientras se esbozan planes de maridar momentáneamente hortaliza y conchafina, en fin, la verdad es que yo no soy quién para extenderme, ni esto va a ser qué para extenderse, sí, ésos, esos textezuelos vagos dirigidos al consumo de personas con sus sentimientos y sus deberes inalienables hablando primero de su individualidad inviolable, de su papel en el conjunto del colectivo, de su identidad con su intrínseco e innegociable respeto por su peculiaridad, para después hablar de los fichajes. Y ya me callo, en principio, de la advertencia, que me sale más larga que lo que venga a decir, y qué importa, y que no se me vaya a notar más de la cuenta el postoperatorio de Bernhard, pienso.

. . .

Tú sabes que a veces no comunicamos porque las puertas y las ventanas no se nos abren de tan hinchadas de veneno.

Tú sabes que ya nos va haciendo falta que algo sencillo se ponga de nuestra parte.

Ahora mismo, al menos como mínimo, es esto lo que nos une.

La vida no nos viene como la luz que ilumina las caras de dos niños que se miran frente a frente en torno a una hoguera en la noche.

La vida no pierde el tiempo en acariciar tus manos mientras le ofreces tus mejores canicas.

Las coge y ya está.

No importa si se te acaba el juego.

La vida es llora, mientras el cielo azul impávido pasa recortando los cedros moribundos.

Es ceniza debajo de la caricia, la vida.

Es una página que ociosamente y sin más se pierde para siempre, mientras esperas que se acabe de una puta vez la reforma de la torre de Sally.

Ya ves.

Soñamos con que una mujer colosal, con un cuerpo hecho de conejitos blancos iba a venir a darnos el abrazo que sentimos que habíamos perdido de nuestra madre.

Un abrazo efectivo y acogedor.

(Dios, me odio haciendo esto).

Un abrazo como de ahora para siempre sin preguntas.

Un abrazo de me voy a quedar contigo para siempre a partir de ahora.

Para siempre y a pesar de que tu respirar se agita presuroso.

Un abrazo de estate tranquilo que aquí dentro no ha de llegar la vileza de la medianía.

Ese.

Ese abrazo hemos soñado.

Pero hemos despertado de ese sueño, y sólo nos tenemos a nosotros.

Y nos sentimos solos y traicionados, y ya nos da risa plantearnos si aún podemos llegar a volver a creer en nosotros mismos.

Y no me lleves la contraria, que sabes que es verdad.

No nos queda nada.

Nada.

Qué podemos esperar de la gente.

La gente es una masa que justifica su ignorancia por la vida acelerada.

La gente maquilla de normal la injusticia de la que viven los miserables.

La gente se queda encallada en su honradez, en su buena intención.

La gente se acaba acomodando en su cortedad de acción, en su comodidad de reacción, siguiendo la baba trending topic para no tener que sentirse rara, o sola, o abandonada de la mayoría.

La gente reza para que les salgan youtubers de éxito, o reinas de la belleza, o magos del balón, o inventores de App´s revolucionariamente productivas.

La gente piensa que acabó su mezquindad porque sus hijas e hijos terminaron una carrera en la universidad.

La gente celebra que superaron enfermedades que les hubiera arruinado su imagen externa.

La gente toma drogas limpias e invisibles.

La gente lee a Shakespeare para saber quién es el asesino.

La gente mantiene el orden y suspira por llegar a hacer lo suficiente para que les tengan envidia los vecinos.

La gente, quiéreme.

La gente, piérdete.

La gente, tenemos que hablar en serio.

La gente, de esa guárdame una cría. La gente.

La gente que confunde egoísmo con individualidad.

Independencia y autonomía y anarquía y libertad.

Para toda la gente y para una a una. Una de cal, y de arena, una.

Porque ¿sabes para quién hacen los gobiernos que hace la gente?

Pues para la gente.

¿Sabes quién manda pegar palos cuando la gente está opinando un poco raro para los gobiernos que hace la gente?

Pues la gente del gobierno de la gente.

Y los esbirros que pegan los palos del gobierno son la gente. Están ahí para eso, para que la gente no se manche la ropa, ni se le maltrate el espíritu, ni tenga que estar apuntalando constantemente las verdades que les revelaron Dios o sus padres.

Así se mantienen tranquilas las verdades de la gente que lo dejó bien atado.

Así se garantiza su correcta digestión.

Y de mientras, gente que sólo lee en los tiempos muertos, sin tener noción de persona, van por la calle y las barras de los bares postulando por su identidad.

La gente que nos roba.

La que se siente diferente y hace gala de ello.

La que se siente con talla para hacernos evidente su desprecio.

La que no tiene interés ni comprensión lectora, aunque mata y muere por su derecho a opinar.

La que viene y la que vendrá. Esa gente, la que nos coge de la mano, y nos acompaña amablemente al matadero.

En todas partes gente junta.

Gente de la esperanza al lado de gente de claudicar.

Gente de construirse y gente de zozobrar.

Gente del orgullo y gente de la lástima.

Todos uno frente a otro.

Todos uno al lado de otro.

Unos allí, para dar leche y sangre.

Otros enfrente, por su leche y por su sangre.

Todos mascullando las canciones infantiles que les afilaron los dientes.

Sí, esa gente delicada, criada con angustia.

Esa gente dura que se merece la siesta.

Esa gente suficiente, que hace bandera con sus desmayos.

Esa. La que tiene todo lo que hace falta y podría avanzar sola o de la mano por el camino de la alegría.

La gente, entre la que está quien me ama.

La gente, entre la que está quien abriría la puerta de su casa, y te daría la silla, el pan y el vino.

La gente, no me desfallezcas.

La gente, no te rindas.

Y sigue, hasta que se rompan todos los platos y ensuciemos sin remedio todo lo blanco con las pobres razones de nuestros deseos. O de nuestras culpas.

No les hagas caso a los gobernantes, como hace la gente.

No les hagas caso a los gobernados, como hace la gente.

Disuade y desiste. No les alientes con lo mejor del brillo de tu mirada.

No mires a los ojos de quienes construyen el recelo. La gente.

Abominan de los libros que acaban mal, mientras piensan que su vida está bastante bien. Y que lo normal es la felicidad.

La gente que piensa que el dolor es sólo un lamentable traspiés.

Sí, la gente.

La que se enamora de las fotos.

La que dice que te ha encontrado cuando encuentra y le gusta tu foto.

La gente esa, opina por las fotos.

Cree en las fotos, y construye su vida con sus fotos.

Cree en las fotos, y construye su vida con fotos de otros.

Construye la vida de los otros con fotos suyas y fotos de otros.

Gente que, por creer en las fotos, construye la vida de otros con fotos de otros otros.

No desmientas a esa gente, ahora que piensan que su felicidad es un derecho natural que viene en camino.

La gente, sí. Concretamente esa gente.

La pobre gente que sufre la miseria.

También, la que construye miseria para otros. La que vive de esa miseria, y le pone un mango y un marco bonito y la adecenta y la vende, y de eso hace el propósito, la luz de su vida.

Y lo mismo con la ignorancia.

Respira, que se parece a pensar.

Y piensa, que es mucho más que respirar.

Trafican con los sentimientos de los demás. La gente.

Hay gente que siente que es una isla perdida en el océano. Y rodeados de agua y de sal, se enorgullecen de su falta de hilos de sangre y de tierra que los unan al continente.

Por otra parte, hay gente que siente que es una isla perdida en el océano. Y rodeados de agua y sal, se sienten abandonados del vigor de la mano que ayuda, del aliento caliente que nunca los dejaría solos.

Gente que siente que todo a su alrededor es vacío, es hermana de sangre de gente que siente que todo a su alrededor está para atacarle.

La gente que siente que es una brisa de primavera. Y se ofrecen y se abren.

Gente que siente que todo está siempre bien, y tiene ahorros de esperanzas para los tiempos oscuros, y sincero entusiasmo por vivir.

Esa gente le da las gracias a Dios por haber nacido y vivir. Piensan que merecen la buena vida que viven, y están convencidos de que las desgracias son injusticias que les ocurren a ellos porque se han traspapelado.

Esa gente.

La que piensa que sólo los demás desfallecen.

Que sólo los demás se manchan en público.

Que sólo los demás tienen postura reprobable por el sentido común de la ciudadanía. Esa gente.

Ahí los tienes, están por todas partes, hablando con acento tertuliano de la fotografía impecable de las películas que no entienden.

La gente que abriga serias sospechas de la ironía, porque en realidad nunca ha comprendido demasiado bien los mensajes evidentes.

Gente que recela del raro y del desobediente.

Gente que abomina del feo y del extravagante.

Gente que se ríe de quien no encaja en las formas.

La gente. Venenosa y vulnerable.

Pérfida e inocente, la gente.

La gente piel fina.

La gente chochona, huevona.

La gente listilla, tan simplona, la gente.

Abochornada por nada. La que se ríe abiertamente cuando alguien

se mancha

se cae

se tuerce

se sale

se muere de forma ridícula.

La gente que nunca moverá un músculo por lo verdadero y lo digno,

aunque tenga constantemente hinchadas las venas del cuello por el mantenimiento de las formas.

Esa gente que habla gratis.

La que quiere tener razón soltando lugares comunes.

Esa gente que opina barato en su cátedra del teclado.

La que se muestra orgullosa de los logros y progresos del mundo civilizado.

La que berrea sus derechos, para después decir con orgullo

ese puente

esa manzana

esa vacuna

esa alberca

la hemos construido nosotros.

La gente que se acuerda del prójimo para repartir los pagos y las culpas.

La gente que parece que su objetivo en esta vida es salvar el culo.

La que ejerce con orgullo y soltura su opción de ciudadano.

La gente sigue adelante, a favor de viento y marea.

La gente sigue votando la herencia envenenada, y que el mejor me quedo como estoy no se nos acabe yendo al garete.

La gente las viste como putas y tiene plena convicción de la prevalencia de sus derechos.

Entre toda la gente la mataron, pero al final se murió sola.

Sola como la gente.

La que sigue en su amor prefabricado.

La que sigue en su emoción de importación, y con el debido respeto, señor, pero qué diablos, vamos a darnos un beso bajo el muérdago.

La que tiene en su agenda los cumpleaños de los niños, la ropa de diario y los amigos del trabajo.

Lloran de ardor aprendido y suspiran de plástico.

Comen de pie y follan a distancia.

Les gusta les encanta les divierte les asombra les entristece y enfada, pero nada les emociona.

Sonríe con miedo, abraza de memoria, besa con cuidado.

Dime tú entonces qué podemos esperar de la gente, tú y yo.

Gastan sus años de intelecto, sus litros de poema en aprenderse las canciones de los jefezuelos que tienen a mano.

Se les lanzan a los brazos, y les siguen como sombra oscura, como luz de un falso día, hasta el borde de todos los precipicios, los acantilados.

Cada quién vive convencido de ser el solista del coro.

La gente, oye.

La que vitorea a las fuerzas represoras.

La que pone fotos de antes para hacer sangre ahora.

La que vocifera promesas brumosas para que les sigan los exaltados, los parias, los abuelos y los niños.

A por ellos, que nos roban.

Vámonos todos a los bares, que allí están el amor puro, la justicia universal.

Esa gente que te digo.

La que se aprende las consignas de quienes se arrogan garantes de su voz genuína.

De su tono vital.

De sus valores.

De sus directrices.

De sus anhelos. Sus sueños por cumplir. Sus amores escritos en tiempo inmemorial.

Pero qué cansado se me está haciendo esto.

La gente normal se deja poner las riendas. En la vida buscará un diccionario, obviando los significados de la actualidad.

La gente vive bien creyendo en un engaño establecido.

La gente es suficientemente lista.

La gente. La que construye el terror sin saberlo.

La gente. A la que se le saca punta para pinchar y no para escribir.

La pobre gente que va a caer como moscas, mientras celebran la promesa de que se alzarán como dioses.

La que se quedará atrapada para siempre en un tarro de espesa miel muerta que confundieron con la vida.

Esa gente, óyeme.

Esa masa informe que estudió y trabajó y se equivocó y tropezó e iluminó contigo y conmigo.

Míralos, no están tan lejos de nosotros. También se dejaron encandilar por la belleza quebradiza y la fuerza engañosa de sus años jóvenes.

Esa gente, en su torpe inocencia, alimentaron con chucherías lo que les vendieron como dignidad y orgullo. Y ahora todo se les está muriendo.

Construyeron contigo y conmigo la razón y nos estamos comiendo la consecuencia.

Contigo y conmigo conforman la mirada dulce y comprensiva del maligno.

Esa gente, que como tú y como yo vieron volar Constituciones y Biblias.

Pobre gente espinosa a la que el gobierno les puso un mango.

Saben contigo y conmigo, que todo lo que amamos se va a caer de boca al barro, arruinando para siempre la foto que queríamos enviarle a Dios, antes del examen de fin de curso.

Ay de ti y de mi. Ay de la gente.

La pobre gente a la que hay que entenderle los derechos.

La pobre gente que vive vegetal.

La pobre gente que reclama animal y se construye mineral.

La gente a la que hay que sostener el corazón ciego y la lengua equivocada.

La pobre gente, tan violenta.

La pobre gente, tan ingeniosa.

Tan golpeada e ignorante.

La pobre gente que enseñorea sus diferencias y alardea de sus límites, mientras hace aguas el pan que se lleva a la boca.

La pobre gente, masa enfurecida.

Con su corazón y su resuello, abandonados en mitad de este rincón del universo.

Esa pobre gente que no sabe que el deber y el pesar siempre permanecen encendidos.

Esa gente, pobre sarpullido del Big Bang, enfermedad colosal de este grano de lenteja tan duro, que vaga sin cura ni dirección por el cuajar del altísimo.

Yo ya estoy más que cansado de todo esto, debería confesarte.

Olvídate de lo que puedas esperar de la gente, a estas alturas.

Y Dios no nos traga.

Entrégate.

Vete tú a saber lo que puede llegar a leer la gente en tu cara y en mi cara triste cuando vamos cabizbajos por la calle.

Sólo tú y yo podemos arreglarlo, ahora que por fin nos hemos encontrado.

La gente está sola y aturdida.

Igual que tú y yo estamos solos y aturdidos, en esta digestión que nunca se acaba.

Es por eso y por poco más, que sólo tengo la remota esperanza de que a ti y a mi, de pronto algún día, algo sencillo va a acabar poniéndose de nuestra parte.


Jag.
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EL DULZOR, LA DUREZA



Te vi, y no le hice caso a las señales a la contra.

Te vi, y supe que iba a ir anulando paulatinamente mis compromisos sociales.

La risa con los amigos, las junteras convenientes. El goce de las muchachas desconocidas.

Te vi, y supe que todo cambiaría. 

Que el dulzor de los ideales, el amargor de recien volver de los sueños, incertidumbre de la calle. Todo.

Que todo cambiaría, pensé, tan sólo por saber que tú estás en el mundo.

Malas fatigas pase. Yo sé que tienes ropa especial para las manis. Qué guapa me pareces mientras te vistes con los colores de los empresarios respetables. Y qué bonitas salen de tus labios las canciones de los señoritos.

Ay, en qué mala hora.

Qué blanca y qué tonta eres la mayor parte del tiempo.

Todo hubiera debido de ser una vez más como siempre. Pero te vi.

Jag.
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AMOR

(traduït del català)
Jag.

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A LA VEZ


Quizá será
mucho pedir a la vida
amar y ser amado
por una mujer que comprenda
que contigo
es que no hay manera.
Jag.
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NO TE HAS DE ACOSTAR UN DÍA SIN HABER APRENDIDO ALGO


Yo no sabía que podía haber
tanto gilipollas teniendo razón.
Jag.
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4 de octubre de 2017

Nuestros sentimientos
están en nosotras y nosotros,
en cada una y cada uno.
Son nuestros,
no de nuestros gobernantes.
No dejes que trafiquen con ellos.
Que no los conviertan
en sus llaves
ni en sus armas.
Jag.
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POESÍA YA


Tanto centrarnos
en el amor/desamor,
y pasaremos a la historia 
por el
bollería industrial/colesterol.
Jag.
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2 de octubre de 2017

Humildad y atrevimiento.

Leo y escribo cada día.

Dedico mi vida a crear, porque he entendido que vivir es crear la vida. Y que ese es el único mensaje.

Tengo fe en cosas que no existen, y trabajo en ellas, porque con mi mano y ayuda, son realizables. Esa fe es por mí, y por, y para los demás.

No sabemos quienes somos, pero construimos lo que vamos siendo.

Somos únicos y somos parte del todo. Somos prescindibles, pero insustituibles. Con esa conciencia, dedico mi vida a creer y a crear, y alimento cada día la capacidad crítica de mi mente, y la amplitud de mirada y escucha de mi corazón, pues soy consciente de que soy responsable por lo que se lea, fuera de mí, acerca de lo que hago y lo que soy.

Lo único tiene que saber convivir con todo lo distinto.

Quiero que mis cosas sean útiles y divertidas para la gente. Y pertinentes, al menos en un momento determinado.

Crear es humildad y atrevimiento.

Este es mi país. El gobierno es mi conciencia, y todo el mundo cabe.

Jag.
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Creo que el sentido común, que es lo que sostiene a las personas por sí mismas, no cabe en ninguna forma de gobierno/gestión de colectivos.
Y también creo que las personas, una a una, somos al mismo tiempo la maravilla y la alimaña.
La verdad es que hoy no estoy para opinar de nada.
Jag.
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Yo, también.

Yo
también
me quiero ir
de estas maneras
de país.
Jag.
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29 de septiembre de 2017

Hairy

God shave the Queen.

Jag.
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Y qué le digo.


A veces esa ciega honestidad,
es que lo siento,
es que lo creo.
A veces esa honestidad niña herida,
honestidad limpia y tonta,
es lo que quiero, honestidad
del capricho por una
desnuda verdad sin más allá
que penará de hambre y de frío.
La honestidad de la sinceridad
sin rienda, como debe ser,
sin miramiento
por cómo ser pudiera.
A veces, ay,
te tengo delante,
cuánto te amo
y cuánto desde mi honestidad
que no lo sabe decir
más que al viento
cuando estoy solo
aquí abajo encerrado.
A veces, ay,
cuánto te amo y qué lejos
mi rayo de sol en la puerta,
qué lejos mi abrazo comprensivo,
qué lejos mi beso acogedor.
Y cuánto de este calor malvivo,
tan callado, desperdicio.
A veces esa honestidad niña tonta,
es lo que siento,
es lo que creo,
es lo que amo,
y tengo que dejar de mirarte,
y que no haya más palabras,
si no lo he de sostener
profundo extenso
intenso prolongado.
Es siempre y es ahora mismo,
ay, honestidad,
mi tonta querida limpia
blanca niña inalcanzable.
A veces enardecido,
tan sólo honestidad y ay,
qué le digo.
Porque él tenía toda la razón.
Honestidad blanca
linda niña,
cállate la boca.
Honestidad
no la sigas,
si después de tu palabra
no la puedes mantener.
Jag.
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26 de septiembre de 2017

WABI


1- No es por razón ni por pasión.
2- Dios todavía se lo está pensando.
3- Quién mierda quiere exactitud en este mundo de ladrones y mezquinos enardeciendo a los ignorantes.
4- Quién se atreve a suspirar por la perfección en este juego adulterado.
Jag.
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COMPAÑÍA


Es que alguien
te comprende,
y sientes
que te lo quiere
hacer entender.
Jag.
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17 de septiembre de 2017

QUÉ DIABLOS

UNO.

Que no. Que no hay que hacer una intro como las canciones, para decir las cosas. Se dicen y paf. Están dichas. La interpretación es otro cantar. La pertinencia o no es otro cantar. No hay que extenderse ni abrumarse. Lo esencial siempre es sin explicación ¿Te explicas el respirar? No, lo haces y ya está. ¿Te explicas la digestión o se explican las plantas la función clorofílica? NO. A pesar de que son vitales para que vivamos tú y yo, y las hierbas y los árboles y los hongos y los animales del campo, las vivimos sin explicación. Y así todo lo esencial.

Y no. No buscaba que alguien como tú me sostenga los resuellos. No me conoces. No me entiendes más que golpeado por la ilusión de una comprensión veraz y efectiva. Por la fragilidad del apetito. La decepción de la improbable compañía. Sí, es verdad que te sonrío. Es verdad que te pensaba y aventuraba devestirte de ropa para vestirte de besos. Ahora todo eso me parece una pamplina, y se me hace un nudo de innecesaria nostalgia en este momento. Hasta decir poesía me parece rendir pleitesía a los verbos del pasado. Y no. Nada de esto cabe en mi corazón de ahora ni en tu cabecita de siempre. 

Todo esto es absurdo. Ahora estoy en un mundo de palo y ceniza que tú ni hueles. Aún sabiendo que yo podría darle aceite, color, aroma y sentido a tantas y tantas cosas normales que tú no te explicas, parece que toda esa fuerza convencida que antes me desasosegaba de entusiasmo en mitad de la noche, ahora se me ha cansado. Es como un derramarme líquido en la arena. Es como que mi cuerpo y mi alma de pronto se disgregan en una espesa nube de moscas, que se disgregan solas como autistas cada cual buscando su mierda para poner los huevos que me propiciarán en un futuro como nuevos millones de moscas que se encuentran y me hacen. Como un dormirme de pronto, y sólo darme cuenta, despertando pastoso, cuando ya nada es lo mismo y todo ha pasado.

En el amor se vence claudicando, sólo que tenemos una lectura errónea de lo que es vencer. Y cuando vencemos, no lo vemos, o no lo hemos entendido.

Vivir es vivir. Es vivir y paf. Amar es amar. Y paf. Quizá el amor en el ardor es la única verdad. Es una guerra inútil intentar urbanizar algo tan evanescente. Es animal, vegetal, mineral y paf. Quizá en el amor sólo existe esa epifanía, y todo lo que viene detrás de su inicial inspiración, ya es impostado, ya es mentira, está equivocado, estoy pensando. Quizá en realidad es mejor amar como una especie de función clorofílica que sale natural y sin intención, y no necesita de nuestra opinión ni cuidado. Siento que demasiado me he alargado en este estornudo de Dios.

Es una canción muerta de hambre la del alma que busca serenidad en un corazón doblegado. Mi vida no se iba a enderezar de un modo deseable si tu corazón acababa dando su brazo a torcer. Es una canción triste, ridícula, mezquina e irreal. Si mi mundo tiene que ser de fantasía, que al menos no sea indigna.

Está a dos noches de guapitos de saberlo, me decía. Está a tres días de hastío, dos de rendiciones y uno de desespero, me decía. A dos décimas de saber que entró de lleno en la quincena de vivir sabiéndose importante para alguien, me decía. Pero todo fue espero y desespero, al mismo tiempo, desde mi orilla. Las aguas bajaban quietas, siniestras y silenciosas como un río estancado. No estabas más allá de la bruma. Todo fue un sueño agitado del que no despertaba.

Estás toda la vida sintiendo, pero el sentir ocurre en un momento. Y paf. Las flores se mueven imperceptiblemente al otro lado de la cristalera, en la calle ardiente. Y ya no tengo fuerza ni ternez ni tensión ni tontura para encontrar poesía en todo esto. Es mejor encerrarme en mi corazón vacío y no hacer nada. El papel escrito está arañado de plegarias sin dios. La tinta se hunde en un microsurco maltratado, y tú qué vas a entender de mí a estas alturas, si sólo te ha interesado tu deporte. Todo ha sido malvivir y paf, exceptuando el tiempo fugaz en que mientras caía sentía que volaba. Me siento pasado de fecha, y ya estoy mal acabando de digerir que no me comes mucho y que no me bebes nada. Ya no digo tu nombre casi nunca, y eso es como morirnos el uno para el otro. Aunque no lo sepas. Aunque no lo concibas. Aunque no te preocupe. Si mantener la vida o el aliento de esto hubiera dependido de ti, ya estaríamos salvados. Ya nos habríamos guiñado el ojo. Ya hubiéramos hecho lo habido y por hacer para que acabásemos siendo nuestros respectivos mutuos cuchicuchis. Qué humor tan cansino me sale en el desaire. Vaya leche más atroz. Tú sabes a tu manera que yo soy más del valor, de la emoción y de la gestión de lo incierto, aunque ahora no hago más que poner en duda si estuviste lo suficientemente atenta. Estás llena de Dios, y eso te hace llorona, soberbia y condescendiente. Me imaginas en un pozo de negrura, y no. Me imaginas libando flores, y no. Todo ha estado completamente equivocado en algún momento, por mi culpa, por mi parte, seguramente. Soy un ser gastado.

DOS.

Es un derecho y un deber y una necesidad expresar lo que sentimos. Que salga de un corazón para ir a otro. En la casa y en la calle. Y lo que tú sientes es libre como el mar, y lo sientes ahí dentro de ti, igual de encerrado que las aguas furiosas en esta esfera celeste de temblor de sangre y arena. Y aunque tienes que decirlo, ¿qué me has de decir, que no me hayan dicho ya tus ojos?

TRES.

No puedo esperar nada.

Yo sólo quiero darte normalidad a fondo. Me bulle la alegría cuando me encuentro contigo. Y cómo explicarte. Cómo hacer que me entiendas sin encuentros formales con el orden del día espinoso, resbaladizo. Cómo puedo hacerme entender desde la sencillez. Te miro al otro lado del cristal, y me digo que al final sólo es admisible vivir en el sentido común. Ay, tus cosas que no sabes. Ay, tus abrazos, en este mundo que se incendia sin alarmas. 

Vengo para darte todo sin explicación.

Me piensas lejos. Y qué no daría por despejar nubes, y que vieras diáfano que lo que te digo sólo tiene esa manera sencilla. Que no hay una forma más profunda de hacerlo, sentirlo o decirlo. Que no hay una forma mayor en otra parte. Que lo que me doy es tuyo, que no hay juego sin fuego. Y que no quiero caer otra vez en las palabras.

No amo por lo que me das. Amo por lo que soy. Y me doy.

Ahora vuelvo a verte. Y no sé cómo dejarte la certeza de que esta época eres tú. Tú. A pesar de todo. Y que nada hay que de mí no te diera, menos la muerte.

CUATRO.

De alguna manera siempre te estoy, aunque siempre me estoy yendo. Esa palabra extraña, todo el tiempo. Espero que digas lo que sientes. Y que te escuchen. Es un derecho y un deber y una necesidad que lo digas y te escuchen. Y que tengas suerte con lo que sientes y con lo que te responden. Que salga de tu corazón y vaya a otro. Lo que yo siento es libre como el mar, y lo siento aquí dentro de mí, igual de encerrado que las aguas furiosas en esta esfera celeste de temblor de sangre y arena. Y aunque tengo que decirlo, ¿qué te he de decir, que no te hayan dicho ya mis ojos?

Te irás. Cuida de que a tu sonrisa, izada al viento para ser admirada, no se le duerma la pierna de tan tenerla cruzada.

Te irás. Cuida de no secarte en la espera del duro brillo de lo auténtico.

Te irás. Y al irte no te equivoques ni te canses. No te marchites. No te desperdicies en miserables amores platónicos, ni te pierdas en abrazos mentirosos. No adaptes tu luz al brillo de quienes no se esfuerzan en entenderte. No te malverses. Y no llames vivir a lo que cualquiera te ponga por delante.

Yo sólo he venido a tu vida para darme. No me debes respuesta. No me debes opción ni comprensión. No me debes aliento ni me debes postura. Amo por lo que te doy, mientras te lo doy, y no por lo que me das. No me debes agua ni carne. No me debes razón, ni pared, ni fuego, ni mensaje. No me debes humor, ni comprensión, ni secreto. No me debes ira, no me debes refugio, ni cantar, ni caricia. No me debes baile ni atención. No me debes cuerpo ni aire. No me debes recuerdo. No me debes fruta.

Por eso, te irás, y que te amen mil veces. Que te amen y te colmen hasta que te sobres y te destenses. Que te amen hasta que te acostumbres a que tu normalidad es estar como loca todo el santo día intentando saber cómo pueden mejorarse los dibujos y los escritos del amor. Que te amen y te preñen de paz. Y de paz llenes el mundo de quienes te rodean con sus risas, con sus quejas, con sus pesos, besos y abrazos. Y que seas así, la maravilla que cantan quienes te entienden y quienes ni te huelen. Que seas así, tan normal. Tan de como nunca, y tan de siempre. Que todo sea así, siento desde mí, tan lleno de ti para siempre, por lo visto.


Jag.
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16 de septiembre de 2017

ALTO


Me he caído de tu atracción. No he podido con tu narcisismo, que sólo entiende lo servil. Ahora,
me siento más bien solo, y estoy limpiándome de mucha nada, mientras me desacomodo del suspiro.
Estoy harto de todo esto, y mi natural se hace de forma burda, hosca, en técnica seca.
Nada seductor.
Nada apetecible, herido
en mi sucio esplendor.
Me alza la barbilla apenas una contundencia sorda, latente, callada, recogida y complicada como el trago de un rumiante, en mi interior.
Tengo un libro que no pide ni espera que lo comprenda.
Tengo un libro que nunca me dice que tengo un mal día perdona, es que me mata este dolor de cabeza.
Tengo un libro que no dice no tengo tiempo, de ti no me lo esperaba ni contigo no hay quien pueda.
Un libro que no me conoce de nada, pero que sí me espera.
Jag.
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4 de septiembre de 2017

BUENA SEÑAL

Es sábado.

Estamos recién despertando de la siesta.

Hemos incinerado a mi padre, y todos estamos teniendo hambre.

Creo que es buena señal.


Jag.
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24 de agosto de 2017

FALTITO

Por mucho que yo me ponga, esto no roza ni de lejos el aire de los grandes.

Es penoso reconocerme entre los señalados por los escritores profesionales del Face, que en sus columnas de diario de provincias, en sus cursos de verano de escritura creativa para divorciados con pasta, ejemplifican con lo que no se debe ser: un impostado escribero pretendidamente adulto que confunde emoción con sentimentalismo. Inofensivo como los superventas del frío, recolectores de lástima y funambulistas de la pena. Por mucho que yo me ponga, ahí está mi límite. Nunca va a leer nadie, ni en Faulkner ni en Bernhard un sin ti no puedo vivir y el día que tú a mí me faltes se acaba el mundo pa mí. Escribo por arranques basados en la ocurrencia sin sentido, o por reacción, como cuando se me levanta la concha de lo poco que coinciden en el enamoramiento las personas, por ejemplo. Sí, temas universales y transversales, tocados por Stendhal, Kierkegaard, Leopardi y Paulo Coelho. Todos los grandes. Pero esos temas, escritos en mi barrio, quedan folletineros reggaetonaos. No como cuando los protagonistas son parejas acomodadas siempre a punto de separarse amistosamente, mientras cenan en grupo el menú degustación, maridando vinos y quesos franceses, en un cuco bistro del Village de NY. Eso es tragicomedia, y no me toques los Woodys. Es que a ver a quién se le ocurre escribir cuitas en segunda persona del singular del pretérito imperfecto. Vaya reto literario y vaya aspiración de pareja. Vaya capacidad negociadora. Vaya miras intelectuales. Y vaya planteamiento de vida, señor.

Me faltan cosas importantes, y no estoy hablando del dentista. Me faltan cosas importantes, de las que no se conseguirían babeándole las gracias al zopenco que escribe la historia de mi pueblo en blanco y negro. Cosas importantes con las que se nace, se ejercitan, se airean, y ya está uno más ubicadito.

Sospecho que mi amada no me mira porque nunca voy a tener en la foto de mi perfil el travelling paralelo de un zorro plateado corriendo sobre los capós de los coches aparcados. Y a eso no hay muchas vueltas que darle, y menos ahora que está entrando el tiempo frío, tú sigue mordisqueando ese trocito de hierba, que en ná y menos, todo tiende a refugiarse en el interior. La expansión degenera en implosión, y los huevos se convierten en nueces.

No tengo continuidad en lo que soy, ni en lo que hago, ni en lo que siento, ni en lo que digo. Ya me veo como los poetas cronistas de la red,

con fotito sexy,

de su instagram,

haciendo escritos trendy,

cada tres palabras,

coma y Enter,

y que haya

que darle forzosamente

a ver más.

Y a esta desesperante incapacidad poco se le puede oponer. Al final de todo, no te hacen del todo tus lecturas. Te hacen tus capacidades, tus elecciones y tus junteras. Y para que me citen, redondeo con un lugar común: el de la mata y la patata. Toma ya.

Amada de mis entrañas, échame en la arena un puñao de ojos, mátame de pena, ponme ligaduras, mientras la sombra negra se va apoderando del césped.

Negra de mi sombra, échame en el césped y mátame en la arena, ponme los ojos en las entrañas, mientras las ligaduras de la pena se van apoderando, a puñados, de mi amada.

Ay, pena de la sombra de mis entrañas negras. De mi amada mátame los ojos y ponme el césped, mientras la arena se va apoderando de las ligaduras de un puñado.

Puñado de entrañas de mi pena, ligaduras que se van apoderando de mi amada, mátame los ojos negros del césped (ésta es buena), mientras me echan sombra en la arena.

Unos cuantos pezones,

unas pocas palabrotas,

y vengan likes,

y también corazoncitos,

pues casi nadie

lee de verdad.

Nunca respirarán los cantes de mi casa, y yo fracaso lastimosamente, y por muchas vueltas que le doy el whisky se ha apagado.

Por herencia, señalado, rumoreado, envidiado, sepultado, capado y escindido segregado. De mi mano, a la vista, Ella no parece vivir interesada, y empleo la vida en queja y parche, pues le escribo sin futuro, derrotado por el simple desacuerdo, sinsazón en canto desasosiego, abandonado de su fugaz despreocupada compaña.

Todo lo puse por decirle que no podría de lo divino hablarte, si es que ya con lo humano patino, decirle que ya bastante molienda traían los pobres huesos de mi ánima, para acabar empeñado en poner lo que encontraba de tino en requerir su atención, que no se fuerza, ni el regalo, que tan pobre de mí jamás me arrogaría, pues ya celebraba como trofeo de valor incalculable el simple atisbo del reojo de su corazón ensimismado el día malo, despectivo el día peor.

Ay mi torpeza, amada de mis vísceras, le decía constantemente, ay que yo nunca podría decirte mentira, si es que la verdad de este mundo siempre me vino grande, y aquí me ves, le decía, mi querida, con esta tonta franqueza que desde nuestro primer minuto te grava y me adorna, vengo dando chancletazos desde la punta de la calle, haciéndome el cuerpo a la negra fatiga de que todo te lo tengo dicho, le dije, y nunca me has hecho tiempo ni fiesta, y no me tienes ni trabajos ni suspiros ni fin de semana inglés siquiera.

Y a todo esto, después de tanta lectura y escritura vana, yo ya casi no me acuerdo de cuando me dije esta niña va a ser lo que ahora por el momento no es. Yo ya casi no me acuerdo de cuando me dije por dentro pero esta niña quién es, para que de pronto yo me ponga por libre a amarla. Pero ya ves, qué voy a contarle ahora ni a ella ni a nadie del chiste que no le hizo gracia la primera vez. No me he hecho más guapo, ni me enorgullece la voz, ni sorprendo por mi estilo. Lo que de mí le sonó raro, probablemente es la pura verdad, y lo que aún no sabe de mí, yo casi prefiero que lo deje como está, que los compases finales del canto del cisne siempre acaban tendiendo al ahogo, la negrura, y sólo quedan posibles la condescendencia o la decepción. No tengo plan ni estrategia, que por culpa de las cuentas empecé a pasar los cursos raspando. Soy lo que ella ve, sin que me mire, y poco menos que eso, que una parte de curiosa bondad o educada empatía sí que tendrá. No tengo ocultos músculos de más de treinta centímetros, a pesar de que si me dejara recogerla iría andando. Por no importunarla, esta celebración de las faltas que no solucionará la salusita de la mare mía, está sonando como una desquiciada canción que se aparta tristemente del camino. Por no importunarla, esta pobre escribanía en tercera persona me aleja de ella sin tener que despedirme de ella. Y qué tristeza de todo esto, y a la mierda las exigencias de la gran literatura, que a todos nos ha salvado. Qué tristeza más seca, decirle este adiós tan cobardemente escéptico, y que sólo lo escuchen los árboles, las flores, los pájaros del cielo; que sólo lo sepan las calles, los coches, las piedras del campo, las macetas y los niños.

Ay de mi torpe pena en sombra. Ay de mis entrañas de arena. Ay de las ligaduras de mis ojos, echados en el negro césped. Ay de mi orden. Ay de mi equilibrio. Ya sé que nada de esto va a servir para nada que dé gusto o tenga provecho. Mala hora de los amores que cojean, que igual que la espesa oscuridad nos hace más bonitos los ojos. No se me pueden abrir más las puertas del corazón. Se me han acabado los reflejos y las esperanzas por hacer algo inteligente. No tengo frutos fuera de mis pobres manos sin fuerza. No tengo nada que dar, he perdido la gracia, me he caído de boca en una nube de tormenta. Y no sé escribir en tercera persona del singular que no quiero triunfar en otra cosa que no seas tú.

Jag. 
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La realidad es como un papel blanco,


en el que podemos escribir o dibujar lo que imaginemos. Quiero decir, es multidimensional, no es una superficie plana para representar, es un multiespacio que incluye el dentro y el fuera, y la piel y el más allá de todo lo que ES. Y está en nuestra mano decir eso que es, la realidad.
Por algún tipo de perversa e infecta deriva emocional, cultural, socioeconómica, nuestra mente entiende el mundo en términos de paridad/complementariedad, entendemos las cosas burdamente, por contrastes entre dos contrarios, yin-yang, vacío-lleno, blanco-negro.
En fin, buscamos el juego de los opuestos, aunque en la realidad todo es de su color, y todo está en su armonía con el todo. Yo creo que en realidad, se nos cría malévolamente para que no queramos esforzarnos en los matices. Para que no entendamos que todo es mucho más.
Ante un cuerpo que se desangra, todo se mueve para encontrar culpable, pero el proceso se para y nos contenta cuando castigamos a la mano en la que se encontraba el cuchillo. Y ya está. Nadie dice que la vida es como un río, que viene de lejos y sigue más allá, y las motivaciones de los hechos siguen libres. Castigamos a los mensajeros de la muerte, a la herramienta, pero no a los que la piensan, la deciden y la celebran.
El mundo se queda en una burda y puntual escenificación de la venganza, y ahí se paraliza todo. No pensamos en quiénes ganan con esa muerte.
Me duele mi ineptitud para entender y acceder a la multidimensionalidad de mi mente. Y mi pelea contra todo eso, se tiene que quedar en buscar una tonta posición de antagonismo contra toda esa maldad que baja por el río, y seguirá más allá de mi.
Es todo muy tonto y muy triste y muy indignante y muy desesperanzador. Mi mente sólo entenderá que tengo que ser una oposición personal a un mundo que solucionará todo con cuatro fotos y cuatro nombres, y que dejará de clamar justicia cuando metamos los primeros goles.
Así, ya ves, aquí solo cada quién y cada cual. Arreglando pobremente las cosas, ejerciendo en precario desde la oposición. Contra los que quitan vida, dando vida, como sepa y como pueda. Contra quienes no quieren que piense, pensar. Contra quienes propician y alientan a la mano del cuchillo, amar.
Creer y crear. Es lo único que puedo en mi parte del río. Y ser al mismo tiempo independiente y consecuente con cómo bajan sus aguas.
Jag.
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Refrescándome los pies

A veces, casi siempre
yo quería una
conversación, una
amada océano.
Y aquí estoy
con la vista
perdida de horizonte,
refrescándome los pies.
Jag.
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Este texto se escribió como presentación en FB de otra entrada del blog: "LA AMO TAMBIÉN". 

13 de agosto de 2017

PONY


Esa talla emocional que tú tienes no te da para que resistas, por lo visto, mi alegre trotecillo. Esa luz que tienes, ese portento, esas horas de vuelo en lo inmutable, tu magnificencia, tu dignidad para sobrellevar los pesares, no te sirven para encajar el desamor.
Ay, el desamor, ese burdo disfraz del orgullo, esa absurda máscara del miedo a saber que nacemos, vivimos y morimos solos.
Tú no me comprendes del todo, yo creo. La comprensión es algo líquido, y con los líquidos, ya ves, todo queda a expensas del envase y de las temperaturas.
Tú y yo nos hemos acabado poniendo muy solemnes. Tú y yo nos hemos acabado tensando tontamente. Al final, creo que algo tendremos que acabar aprendiendo de los memos de Facebook. Más bailar y menos tonta poesía, y así, hasta que todo se arregle.
Que sí. Como las canciones, tú y yo necesitamos también una parte instrumental, para que la gente descanse. Y por qué no, también un estribillo pegadizo para que nos recuerden sin trabajo, ni obligación, ni sufrimiento. Como algo que gusta. Necesitamos una parte que hable del sol tan llanamente, y que recuerde el lugar que tenemos en los besos de algunas personas que no están delante. Claro. Necesitamos compases estúpidos y vacíos que nos humanicen y nos muestren asumibles para la mayoría, algo que permita que la gente se nos acerque y se nos agarre. No importa si lo que ofrecemos es banal e insignificante, eso es normal, y todo lo normal es atrayente y cercano. Si es normal y estúpido, será comprensible y asumido sin esfuerzo por la estupidez que todos tenemos por dentro. No importa nada eso. Ese encuentro entre nuestra canción y la gente, entre nuestra estupidez y la suya, ocurrirá en la intimidad. Y no habrá nada vergonzante en ello. Lo que ocurre en el corazón sólo otro corazón lo entiende, y si algún soplo de nuestra inanidad se escapa en un susurro, no importa, que sale del corazón, y otra víscera lo comprende y lo ampara. Ay, somos pobremente normales, nos decimos entre latido y latido. Ay, cuánto daño en esta vida espinosa. Ay, cuánta belleza encontramos en todo lo que se nos viene encima. Y así. Todo eso con un poquito de solemnidad, si quieres que tus picorcillos se conviertan en himnos para la juventud. Todo eso con un poco de sucia dignidad, si quieres que los desamados se sientan escuchados, si quieres que los fatalmente dolidos encuentren un pobre asidero en esta vida sin explicación.
En realidad no hay una gran diferencia en que te ofrezca mi hombro para que llores, o que haga signos ostensibles de querer que me dejes de una vez en paz. Todo es suave y siniestro. Cuando estés más tranquila, verás que sale el sol e ilumina la mesa llena de migas de pan seco, y recordarás el momento fugaz en que, como en sueños, sentiste que alguien te besaba con amor en un hombro. Y todo se ha ido, y ya se acerca el invierno, y de repente sabremos que de nada te van a servir los vestidos escotados, las sonrisas sugerentes ni las bravatas. Todo tiene ese estricto sentido. Pero a ti y a mi nos va a ir llegando algo parecido a la serenidad. Nos llegará lentamente, como el agua templada que nos sube por los tobillos en la casa que se anega. El miedo no lo parará. Las lágrimas, los gritos, no harán más que empeorarlo todo. Es tan sólo un dejarnos desfallecer tan simple como una canción de verano que acaba. Ya le hemos visto la vuelta de hoja a esta vida. Y a ti y a mí, en nuestra conversación, qué nos queda. Acaso un saber que nuestra más tonta melodía recuerda vagamente a las cosas importantes que nadie se atreve a mencionar, por miedo a que su vanidad se vea señalada. No nos queda nada. No es por la belleza de la risa de los niños que tú y yo hacemos por mantenernos vivos. No es porque debamos algo a Dios, ni porque nos haya picado un bicho. No sé por qué es, ni por qué no es. No hacemos nada en este mundo con las cartas marcadas. No hacemos nada y no nos servimos para nada. Cantemos entonces. Cantemos a coro, tan distantes, cada cual en su agujero o su acomodo. Cantemos, cantemos la canción de que nos desamamos. La canción de la comprensión, esa cosa líquida que vive a expensas de nuestros envases, que se arrugan, se resquebrajan. A expensas de nuestras temperaturas, que se duermen y se nos apagan.
Jag.
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Te recuerdo


que es
profundamente trivial
que digas
que nunca vas a olvidarme.
Jag.
11_8_17


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ULTRAMARINOS


Verás,
yo tengo un sueño,
también tengo debilidades
y equivocaciones.
Yo tengo
prejuicios y complejos,
y sobras y faltas.
Pero también tengo
cosas buenas,
para mi y para los demás,
y no lo digo yo solo,
lo dice también
la gente que cree
que no la escucho,
y la gente
que buenamente
reúne el valor
para que yo lo escuche
de sus labios rotos,
o de sus corazones vírgenes,
sus melenas al viento,
sus más preciosos dones
jugosa generosamente
en cueros delante
de mis cosas bonitas.
Aunque quizá también
tengo cosas extrañas,
inaguantables
y forzosamente
inasumibles para
lo que esperaban
de la vida.
Yo no lo sé
yo no tengo
todas las explicaciones
por mis ausencias
por mis tropiezos.
Yo tengo todo lo bueno
que dicen y que digo,
tengo todo lo bueno
que esperan e imagino,
pero también me cabe
la suciedad y la miseria,
la mediocridad
imbecilidad natural
básica de la especie.
En fin,
yo le puedo
tener a ella,
tan allí desde aquí,
todo lo que diga y callo,
pero ya ves,
al final me sale
la lágrima,
la lengua amarga,
arruga vertical
en mitad de la frente,
y claro, tan sólo
soy un ferviente
admirador sentado
de espaldas al sol,
mirando unos huevos
de los que
no van a salir
unos pollos en la vida.
Y con esta gracia
y con este cansancio,
pues venga,
ya puedo colgar
todos
los poemas
y carteles que quiera,
ya me puede gustar
lo que quiera
lo que sepa
lo que digan,
que si ella no me mira,
esto no es amor.
Jag.
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OLVIDO



De nadie es
la culpita
de que en los cantes 
por tu fuente
hayas echao 
en desprecio
ese agüita 
que yo te pongo.

Y en esa pena
tan grande, la prisión 
del recuerdo
de tu olvido,
ando perdiíto yo.

Jag.
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Roma inventó el concepto.


Cada soldado llevaba consigo su impedimenta: su uniforme incluía un kit de ropa, comida, armas y medicinas. Eso les hacía avanzar autónomamente. Aunque añadían algo más de peso a su equipo personal.
Así impusieron las declinaciones en toda Europa y parte del extranjero.
El vídeo está dirigido por Ariel F Verba.
Feliz domingo.


Este texto se escribió como presentación en FB de otra entrada del blog: "Videotexto #18_Impedimenta". 

Pueden acceder a esa entrada en el link:


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LITERATURA RAPIDITA


Rousseau:
La gente es buena.
Maquiavelo:
La gente es mala.
Cèline:
La gente es imbécil.
Jag.


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ESPERANZADOR


Naces,
y el NO
ya lo tienes.
Jag.
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Huele

Huele a cerrado,
pero yo la quiero.
Jag.
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YO YA LO DIJE UNA VEZ,



se me encoge el corazón cuando voy perdiendo.
Y a vosotros os va a parecer una debilidad, como un pujeo. Y es doble el dolor por la injusta confusión, me parece.
A mí no me compensa el superarlo, y mi sonrisa ni lo quiere ocultar ni lo justifica.
Yo soy un ganador frustrado, yo soy un campeón sin prenda, príncipe nacido a menos, mago sin trucos, componendas. Yo soy un país sin enseña y besamanos, soy un dios sin verdad, un rey mendigo sin corona ni mendrugo.
Se me encoje el corazón, ya lo dije una vez, cuando voy perdiendo, porque ya no me hacen gracia los chistes de Dios, y mi tristeza es una furia arrasadora, una descomposición de lo conforme, que se marchita a lo pavo.
Y ya verás qué pronto ensucio mi poema.
Debajo y por dentro de todo ese claudicar que tú me ves, debajo y por dentro de mis sucios ladridos a la luna nueva que no te huele, debajo, por dentro de toda esa derrota y miseria del vivir tan seco de tus caldos,
está el puro amor sencillo
que puso a perseguir
las tribus a las manadas,
los bichos a las flores,
los fuegos a los espinos,
las charcas
a las ganas de vivir de los campos.
No son las nubes las que tiran de los vientos,
no son los pájaros los que sostienen en vilo las ramas del árbol.
Es el puro amor sencillo, entérate
y aleja el regocijo por mi aspecto derrotado.
Nadie se confunda, nadie se apoltrone en las conquistas del momento. Sólo vale el amor puro que todo lo sobrevive.
Nacimos tú y yo con sabor a sangre y mierda en los labios. Nacimos tú y yo, y nos estallaba la luz en nuestras pequeñas cabezas, y dolores de alegría, y jadeos de aliento, sollozos de esperanza y sonidos desconcertantes.
Y todo era imposible en nuestro nulo entendimiento, y todo era miedo y frío en nuestro corazón recién encendido, demasiado grande todo en nuestras pequeñas manos abiertas al albor extraño del primer día.
Pero yo nací con eso
grabado a fuego en las entrañas,
yo nací con eso que tú sabes
porque yo también lo sé,
nací con eso que saben las manadas
porque lo saben las tribus,
con eso que saben las flores
porque lo saben los bichos,
eso que saben los espinos
porque lo saben los fuegos,
sí, tú lo sabes, nací con eso
que saben las charcas
y las ganas de vivir de los campos.
Yo lo tengo de nacimiento,
y ya puedes vestirme para siempre
del color de las derrotas,
ya puedes pintarme para siempre
de miseria todo lo que me presenta,
me define y me nombra,
que yo siempre me acuerdo
-pues lo llevo en carne viva-
de eso que tú y yo y todos sabemos,
y es lo único que importa. Y a eso voy solo, si es que tú no vienes de mi mano.
Tú no me vas a ver bebiendo con los tibios, te lo advierto. Tú no me vas a ver paseando con biempensantes, que lo arreglan todo con un canapé de suelta, con un vasito de acepta, con una conchita de sé agradecido con esta puta vida. Yo soy un sencillo ganador, y pierdo, tan sencillamente, cuando la vida no me lo da todo.
Que nadie me venga ahora con que el destino se me va a abrir de piernas en un descuido. Que nadie me diga que sonría, que todo puede ir a peor, y que la vida es un breve soplo de aire limpio que refresca la humedad y tersura de nuestro rostro lavado en la fuente.
Yo ya vengo de reciclar los envases de la ternura, yo ya vengo de cantar esplendores cansados en la tarde que marchita. Yo soy yo mismo sin la opinión de quienes pasaron la guerra en mi pueblo sin tener que correr ni un metro. Yo soy yo mismo, sin envoltorios, sin cartel, sin flyer, y sin que me bendigan desde un balcón. Yo soy yo mismo, y soy bastante más que los que se hicieron a sí mismos con la pasta que robaron sus abuelos. Soy yo mismo sin que me jaleen los herederos. Yo mismo, sin esfuerzo aparente me hago, viendo cómo pasan los trenes.
Sí, ese mismo corazón de hace unos párrafos y unos cuantos años, igual de frágil, desnudo e indefenso debajo de capas y capas de armaduras destrozadas. Soy yo, tan tierno por desguarnecido, tan bello por apaleado.
Soy yo, y siempre me acuerdo. Sólo vale el amor puro que todo lo sobrevive.
Que les den vientos de tormenta a los que confunden dar vida con dar consejos, que les den luces para sus vidas satisfechas de nacimiento. Y que sigan por su cuenta y me olviden, pues no soy una promesa ni un fichaje del verano. Que sigan adelante con su vida de vegetal que exhaustiva los cantos de sus colores y aromas, mientras la podredumbre les asciende por los pies, desde la tierra en la que han nacido.
Que me dejen en paz con su alegría, y dejen de pacificar mis guerras.
Que ellos sigan en su mundo, mas tú no te equivoques conmigo. Yo no quiero tener que explicarte cuánto me molestan los regalos que no he pedido. Yo no quiero tener que explicarte mi desprecio elemental por las babas que intentan colárseme en la foto. Yo elijo. Es así de simple. Yo pierdo, pero yo elijo.
Ya lo dije una vez, y tú no te equivoques conmigo. Yo soy la flor y el palo, yo soy la tormenta, el cañón ensangrentado, yo soy la dentellada salvaje y el río enfurecido, el rayo que afila los aceros debajo del rostro dolido.
Todo eso, por dentro y por debajo de mi lágrima seca y mi silencio atronador. Todo ese protocolo muerto de príncipe descamisado.
Pero no me confundas peregrino. Es cierto que no canté tus himnos, ni en tu piel agité bandera, es cierto que no viví tu alma y de tu cuerpo nací desahuciado, mas no es débil claudicar si es amor el fluido que muerde mis entrañas, no es de muerte mi silencio si es amor lo que oculta mi rostro.
Todo es sencillo, y ya lo dije una vez.
Yo te soy más que el corazón que me ves, ése que una vez ya dije que se me encoge cuando voy perdiendo.

Jag.
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