6 de marzo de 2012

LINKO



El cuadro del pintor, el texto del escritor, la canción del músico son como su muro de Facebook: lo que acaban compartiendo con la gente no es más que una mezcla de lo que saben hacer, lo que sienten adecuado, lo que pueden decir, lo que piensan pertinente y lo que ven interesante o comprensible.

Generalmente se tiende a confundir al cuadro con el pintor, al texto con el escritor y a la canción con el músico. Pero igual que una persona es mucho más que lo que publica en su muro de Facebook, las obras son los restos de un grito de amor balbuciente que llegan desde el fondo de una caverna oscura.

Los cuadros, textos y canciones empapelan los muros de la gente, y están en las bocas, y quizás en los corazones de admiradores y groupies. Pero esos pintores, escritores y músicos no están haciendo nada más que ensayar formas de decir:

-Te estoy buscando a ti.


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4 de marzo de 2012

CLICKA

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Hambre es. Y cambiarás de peinado.

Te dirán ven e irás. Y te dirán tú, y con tu más fina consciencia lo serás. Y cambiarás los aromas, las temperaturas de todo el aire alrededor con las alegrías, con los quejidos propios del cuerpo a cuerpo. Mirarás con la intensidad, con la certeza de que lo que te salva, lo que te eleva, lo que te da alimento y calma tu sed no siempre lo tienes cerca, amable o de tu lado. Mirarás con el amargor de la certeza de que lo bueno, lo bello, lo necesario y primordial, se va o se gasta, se marchita o empieza a mirar para otro lado.

No tengas miedo. No mastiques culpa, que es una bola eterna que nunca consigues tragar. Mantén alta la barbilla y saborea también lo que no puede ser.

Hambre es. Y me mirabas en penumbra.

Gracias por el click, gracias por poetizarme el ruido. Gracias por salpimentarme el zen. Gracias por tu dedo nervioso, por tu ojo amable, por tu candor comprometido. Gracias por jugar. Por salir de paseo, a tu manera, suspirando a mi lado. Gracias por dejar suelta la piel, aunque todo esté a oscuras, en la distancia. Gracias por tener los ángulos que no te voy a conocer. El todo es una utopía de los dioses. Y qué sentido tendría una despensa surtida. Qué emoción habría en un bocado lleno: a nada sabría el plato de todos los sabores.

Hambre es. Y hoy me quiero quedar acostado.

Que el amor me espere sentado en los quicios y umbrales de lo que no ha de ser. Que prueben a entenderse la decepción y la esperanza. Que carguen y descarguen los camiones del deseo, mientras acabo de apañarme un decorado más allá de la ironía. Una casa habitable. Un paisaje que me mantenga en las ganas de andar despierto.

Hambre es, y más me alimenta lo anhelado que lo cierto. Más me llena el bocado imaginario que las reglas convenidas en este teatro que apesta. Déjame y tú verás cómo construyo mi primavera. Dame un espacio, un momento para que se agoten o se alejen o se me olviden de una vez los ecos de las tormentas.

Hambre es, al fin, juntar todos los atisbos y ponerles un lacito o un orden, y dejar bien claro, encima de la mesa, que soy mucho más que mi perfil. Más hondo, más grande, más lejos o más hijoputa. Más guapo y más indeciso. Más luminoso y más apestoso. Más caprichero y más decente. Más sorpresivo y frágil. Más constante y oscuro. Más vitalista y posesivo. Más tierno, más impresentable y desprendido, audaz, generoso, cabal y saborido que cualquier cosa que te pongas a pinchar en mi perfil.

Hambre es, escucha, toda esta simiente digital. La paseo por el mundo, en visitas descaradas o anónimas del uno al otro confín. Hambre es el paso del calor al frío y vuelta a empezar del llanto a la risa, pues vienen a ser las mismas lágrimas en una misma mueca, y total, qué gano esforzándome en esa distinción.

Hambre es todo ese amor digital que tú juegas a manejar en pared o en privado, aunque yo te lo esté escribiendo en un papel sucio, con un bolígrafo que se gasta, en tiempo real, alejado del WIFI, con corazón y semen de carne y hueso.



Coín, 4 de marzo de 2012

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