23 de mayo de 2020

Día 69 del confinamiento,


detectada grieta en el poema,
hoy como siempre no sé,
si estoy fuera de eso
que no sabía que era dentro,
o si nunca como todo
desde dentro,
de algo de fuera
sin querer acabé
sabiendo tanto.
No es nada. Detectada
grieta en el poema, toco
los botones, gracias.
Para eso estamos.
La calor, la realidad,
y a mí y al poema,
se nos queda
el cuerpo raro.
Jag.
21_5_2020


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Dia 68 del confinamiento,


CONQUISTAS NORMALES
Trabajo en algo que me gusta, que sé que es útil y lleno de sentido, y para lo que me siento preparado. Soy licenciado en Arte. No quiero ser funcionario. Vivo de vender mis obras y diseños, y de ofrecer enseñanzas no regladas en los ámbitos de las artes plásticas y la escritura. Quiero escribir a secas: explorar/me y conocer/me y compartir/me y llegar a mí y a los demás. A secas significa sólo escribir: lo mantengo conscientemente alejado del intercambio económico, y que lo que escriba sólo se base en los criterios que les son propios. Me autoedito, yo digo lo que vale y lo que no (con mayor o menor margen de equivocación) y santas pascuas.
El hándicap siempre es el flujo de ingresos. Estoy FUERA de muchas cosas de las que se consideran normales en la vida que conocemos, porque no las puedo costear, y porque me mantengo firme en esos valores. Que la vida sea como yo la intento no tiene nada de utópico. La vida crece dándole a la imaginación un papel REALIZADOR. Y puedo decir que, asumiendo todas las negociaciones que me van saliendo al paso, estoy trabajando y haciendo mi vida con los frutos de cosas que he imaginado primero, y después he realizado. Asumo como puedo los déficits.
La vida crece con lo que pides y con lo que das. Piensa en lo que haces en el tiempo libre de tus vacaciones pagadas: ¿eres un vago o un parásito que disfruta sin trabajar? NO: viajas, lees, pintas, ves películas, juegas con tus hijos, amas y descansas. Disfrutas de un DERECHO que todos los trabajadores como tú financiáis sumando vuestras propias deducciones. No hace tanto, pensar que los trabajadores pudiesen tener vacaciones pagadas era una utopía. Era inconcebible. Pero alguien lo concibió, la gente lo pidió y ahora es simplemente una realidad. Un derecho. Como tantas otras cosas que parecían fantasías descabelladas, y acabaron convirtiéndose en derechos, que ensancharon y mejoraron la normalidad.
Todos los derechos tienen una lógica-motor que los hace avanzar hacia su realización, y una reticencia que no siempre es lógica, que los frena. A veces ese freno es conservador de lo que ya hay, o simplemente es temeroso por la incertidumbre y se resiste al cambio.
A ver si la gente que dice "paguita" entiende que una renta básica universal permitiría que mucha gente NORMAL sacara la nariz de los contenedores y pudiera ir al súper con su propio dinero. A ver si entienden que ese dinero se transforma en pagar el alquiler y la luz, y no tener que reciclar la ropa de la calle. Que ese dinero vuelve a la sociedad, permitiendo que muchísima gente acceda a lo que se considera normal. Con ese dinero el súper vende más comida, y la zapatería más zapatos.
A ver si entendemos que no es cuestión de ideologías, sino de básica humanidad.
Jag.
20_5_2020


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Día 67 del confinamiento,


ES PORQUE SÍ SE PUEDE
Da igual que guste o no guste las veces que me expongo. No les cierro ninguna puerta a quienes ahora piensan que de eso se trataba.
Es verdad que no acaban llamando, y por tanto se alejan con opaca alegría de acabar comprendiendo.
Pero qué puedo hacer. Yo supongo que no tendría una casa tan grande si todas si todos se pusieran a llamar y aceptarme la silla, un vasito de agua, cómo te va, qué haces esta tarde.
Al corazón sí le gustaría que pasaran esas cosas, y estiraría tanto y podría parir sin romperse todo eso a la vez hacia dentro, y habría casa, y pez, y agua, brazo y mano para todas y para todos. El caso es que la mayor parte del tiempo estoy así más bien solo, y me dedico al ciego especular con el aroma que tus pétalos te dejan en el vestido.
Ya ves, todo de espaldas a como la gente normal se pone a construir el mundo. De todos modos, aunque todo lo mío tenga mala foto y buena sensación para el fracaso, yo me estoy alimentando a base de bien con las chispitas que por mí sueltas a escondidas por los rincones de tu casa.
Me lo dice una emoción inútil que no me abandona, y que me da misteriosamente las fuerzas para vivir contigo en esa casa invisible que haces con tu suspiro mientras borras tu rastro. Me siento amado, y los dos sabemos cuántas miserias suciedades de la vida estás conmigo derribando cuando pones tu dedito a funcionar.
Por esa suerte de intimidad que me da tanta comida, yo me siento liberado de tanta gente que no pueda entender estas cosas. Contigo aquí no les tengo tiempo de ocuparme, y me da más bien lo mismo cualquier cosa que les pudiera molestar de este sucio poemita.
Jag.
19_5_2020


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Día 66 del confinamiento,


TODO
lo que entiendo en poesía
se reduce a lo que soy y tengo
con lo que no puedo ser ni tener.
Toda la poesía se reduce
a vivir abrazado a ti,
el alma el cuerpo el suspiro,
mientras nuestras vidas
en sus casas
siguen mirando
por su cuenta adelante.
Jag.
18_5_2020


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Día 65 del confinamiento,


No tengo para dar,
y no estoy haciendo nada.
Si me sale bien, nada.
Si me sale mal, pues nada.
Jag.
17_5_2020


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Día 64 del confinamiento,


TODO ESTO
que ocurre habrá pasado. Seguiré poniendo palabras donde quise abrazos, versos adornos donde contigo quería silencio mirando a ningún sitio concreto y dejando que el tiempo nos adelantara. Habrá pasado y seguiré sabiendo cuánto de ti en mi dentro estás tan lejos, poniendo el dedo de vez en cuando, no vaya a escaparme, obviando el tema de mis llagas, de mis dulces, de tus pelos que tú dices que te sobran, los olores, que se nos pierden en los muelles de cemento en la noche enfurruñada de hace estos años. Habrá pasado todo esto que ocurre y yo seguiré mordiendo el aire, tan bien visto y admirado. Tan de sal de hierro y óxido. Habrá pasado y nunca preguntaste, y yo habré hecho como que no te sentía en los rincones de las estancias de mi alma. Habrá ocurrido todo esto, y un viento de ceniza se llevará esa certeza inservible de que tú y yo nos conocemos bien, y todo volverá a ser como si nunca hubiésemos ocurrido.
Todo esto pasará, y todo volverá a desnudarse igual que antes. Todo será claro y silencioso. Como un amanecer de día de fiesta en el barrio de los cobardes.
Jag.
16_5_2020


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Día 63 del confinamiento,


CREER
Era nuevo, era entonces, y ahora sí, creer, en el país, en el amor, en la mujer, aún cuando desde siempre les digo y me dije, esta vez, seguramente, será la última.
Soñé que perdía mi exiguo equipaje en un aeropuerto en construcción. La gente andaba como loca, sin saber encontrar las escaleras de salir o las puertas de embarcar y volar hacia donde querían o debían, pues todo el espacio era una mole polvorienta de hormigón desnudo, sin obra, sin adorno, sin servicio y con techos altos, atestada de albañiles remolones falsamente ocupados dando vueltas. Esquivaban frenéticas y desquiciantes hordas de niños en triciclo que chocan con los tobillos de la gente. Todos arrastran sus pasos con un desaliento que se generaliza, y levantan un polvo que yo sé venenoso, y que se trasluce en columnas de un sol destructivo que se cuelan y caen por los agujeros y rendijas del techo inacabado.
Era nuevo antes y es ahora, creer otra vez, aún diciendo otra vez, al país, al amor, a la mujer, esta vez va a ser la última.
Jag.
15_5_2020


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Día 62 del confinamiento,


VES ABRIR
Algunas veces pienso en tus ojos. Pienso lo intenté. Quizá lo intenté mal, o tarde.
Algunas veces me acuerdo de Nick. Era un hombre mayor de espíritu libre, que aprendió español en México. Salía cada mañana a recorrer la ciudad nadie sabe a qué, y volvía por la tarde, y ya tenía tabaco. He visto que Nick se moría solo en una Kasa de 11 inquilinos. Primero empezó a oler, luego todos se han extrañado, después han echado abajo la puerta de su cuarto y lo han encontrado en la cama. En ese momento he visto que su problema principal ya se ha acabado. Le hemos conocido gracias a que nació en alguna parte, y en algún momento descubrió el yugo del que quería deshacerse, y con esas llegó hasta aquí. Quizá fue la pereza. El sentirse condenado, encerrado en la comodidad asfixiante. Acorralado en la ignorancia. Quizá llegó hasta aquí para coger aire. Nunca decía nada y le escuché, y lo más doloroso para mí es que nadie se ha preguntado cuánto tiempo llevaba torturándole ese algo que callaba. Y quién sabe cuántas cosas más. Sonreía. Daba las gracias siempre. Y era más solo que independiente y al revés. Hablábamos de las cosas que quieren moldearte, como el trabajo, el colegio, el dinero, el amor. Esas cosas que son yugos que quieren mantenernos tan juntos a todos un tiempo para que nada se salga de madre. Por lo menos hasta que alguno saca la cabeza, e intenta salir solo a la vida, a encontrar algo nuevo, o simplemente a mirar esas cosas poniéndoles distancia, y la vida se va encargando de ir pegándonos en la boca de vez en cuando.
Dios, es tan real querer abrazarte, pegarte un mordisco sin que tengamos que ponernos a conocernos de nada. Eres tú misma tan real, Dios. Pero luego todo se queda en un poema estúpido que no se entera de nada y que parece, tan lamentable, que está ahí para servir de algo. Está todo tan equivocado como suponer que todo esto es para tu carne o para la carne de tanta otra. Y es verdad que pienso en tus ojos. Que pienso lo intenté. Y que lo intenté mal. O tarde. Que está todo tan equivocado como no llegar nadie a saber nunca que todo esto es más que nada por mi hambre, que es sin yugo y no viene a ser saciada. Que sin hacer nada ya todo está bien si tú flotas por la calle sola. Que todo es dame un beso y coge aire, y que te destroces de vida pura en tu rincón de la cama.
También pienso mejor está bien un final simple y remoto para todo esto. Un final perdido en los días descuidados de mucho antes de que abran mi puerta cerrada.
Jag.
14_5_2020


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14 de mayo de 2020

Día 61 del confinamiento,


LAS OVEJAS SE ENCOGIERON DE HOMBROS
Debía anunciar que es indiferente si el óxido o las ganas posibilidades si Dios es uno y trino.
Admitir insustancial que tú seas una cosa pequeña de las que sin dolor sin molestia se acomodan en un repente rincón escondido sin esperarlo, y se acaban quedando todos los días que quieren. Es como un deber mantener la neutra temperatura, que vengas cabalgando ideas que me besan a contrapie, y me ganan y sorprenden y asombran.
Yo lo llamo aroma que no atino a definir. Sabor que me recuerda que en la vida sigo, y que eso es todo, aunque todo lleve tanto y tan profundo tan callado.
Lo sentí como susurros escapados en la tarde que movieron una hoja.
Granitos que se desprenden de una mora.
Ahora no sé decir cuánta agua y cuánta hambre y cuánto fuego.
Ahora no sé decir cuánto viento poderosa levadura.
No sé decir cuánto me está dando tu pequeño sortilegio. Cuánta comida, promesa, canto, y tampoco cuánto para la vida que quiero ayudar a construir con la gente que quiera acompañarme.
No sé decir ahora con óxido o con ganas posibilidades si Dios es uno y trino, y no consigo disfrazar de otra cosa la cosa tan pequeña que en mi casa te dejaste, con las palabras que dijiste, y en las que no dejo de pensar.
Jag.
13_5_2020



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Día 60 del confinamiento,


ESTILO ZAFIO CON GRANDES AJOS DE ORO
Bueno, todo empieza con que no tengo un plan de hacer algo demasiado largo en este momento, ya sabes, algo que cuando des click a ver más se te tropiecen las canciones y te ralenticen las descargas. Todo empieza en que me huelo la necesidad de volver a lecturas que me ayuden a fijar un estilo algo zafio aunque salpicado con frecuencia con grandes ajos de oro. Ya sabes, evitarme lo de siempre, no sé si me llego a explicar.
En los últimos estertores de la academia me dijeron eres como
muy flexible voluble maleable
o algo por el estilo.
Por la consideración elemental que les debo de siempre a compañeros y maestros, en ese tiempo me dejaron pensando.
Poco después, cuando ya empezaba con la costumbre de recomponer la risa después de tanto morder el polvo, de repente un día empecé a pensar sin trabajo qué cojones van a decir éstos de lo que yo sea o vaya a dejar de ser. Qué conocimiento profundo podrían tener estos apoltronados de la remota posibilidad de mi capacidad de remonte, vuelo, planeo, caída lastimosa del intento de ser del alma y del cuerpo de mi persona, si todo el mundo los está viendo tan todo su tiempo ocupados en chupárselas con natural constancia dedicación los unos a los otros, vigilando de mantener cerrados los límites de su corraleta, no vayamos a entrar ni yo ni tantos otros, a sus reuniones secretas, en las que se reparten los pedazos de limosna los importantes.
Estoy solo, y en eso de estar solo desde esta perspectiva específica, aunque no dejo de ver cómo la mísera soledad que me dio un tribunal, me abrió a tantas otras miserias y soledades, ahora sé que no es el tema ni el lugar, ni momento de extenderme.
Mi plan tan corto, apenas me da para darme a mis decisiones y poco más. Tan pobre para la vista apresurada, tan rico soy, que siempre entiendo mezquinos los alcances de mis sueños. Eso no me evita ver con desgana dolida cómo se me pudre casi la nobleza ofrecida, el brillo de lanzarme generoso hacia delante confiando en que nadie de entre a quienes les duelo acabe desmejorado en su honra y por mí avergonzado.
Antes me decía valiente.
Ahora me digo valiente idiota.
Ahora sí, mi futuro es mío, y no es porque no lo quiera nadie.
Sólo quiero dar un paso en la calle que me acerque a encontrarte.
Mucha gente que ni me huele, ya está diciendo ya estamos.
Mucha gente que ni me huele, ya está especulando mis heridas, tentando la rima de mis gracias.
La gente a la que en realidad qué coño le importo, rechinan los cuchillos brillantes sin caer en la cuenta de que casi siempre han cagado en sus casas. Me van a mirar con furia miope y tendré sus caricias de condescendencia rosada, sin caer de verdad en la cuenta de que, entre ellos y yo, yo soy el que fui a sus casas con mis especias, yo soy el que sacaba los temas para limpiar las pieles muertas. Que yo soy el que fue, y que nunca me escucharon. Pusieron un hielo en mi vaso, en la chimenea una rama, una mano relajada en mi hombro y taparon mi fiebre con diapositivas y manjares.
Después cuánto amor y estropicio. Después qué te apuestas y hay que ver. Después, todo después. Como antes y como siempre. Después todos menos ellos cargaron con las culpas.
No fue el Gobierno el que nos agrupó en las casas.
No fue el Gobierno quien dijo tú y tú os vais a calentar para siempre el mismo lado de la misma cama. Os vais a besar de verdad tan sólo cuando todo esté limpio. Os vais a empapelar hasta que descubráis que la felicidad no tiene ni puta gracia. Y vais a rendir culto al vacío esplendor de lo razonable. Vais a sonreír cuando venga la plaga, vais a obedecer cuando cante la tormenta. Os mantendréis abrazados y no preguntaréis de dónde sale ese humo de algo verdadero que están cocinando para otros en otra parte.
Y todo eso son ellos, y no soy yo.
Con todas mis faltas.
Yo soy el sabor, aunque apenas puedo tener un plan corto. Algunos días me despierto y me estoy abrazando, y sólo se me ocurre que puedo pensar en nada y en libros. No hay perspectiva ni pared ni techo ni ventana. Sólo hay un dibujo de aliento que hace el frío. Es como un aire tímido que dice que viene a salvarme y se queda sin fuerzas de pronto.
Entonces me centro en mi enfoque. Hablar de cosas pequeñas que no importan a nadie. Hablarlas para mí, y si la gente es más lista que aprovechen sus ejemplos. Tengo que tirar adelante, que no tengo primera ni segunda residencia. No sabes el partido que le saco al amor que me prestan. De ahí saco aire suficiente para iluminar incluso con serenidad y dulzura mis hechos principales. Y todo con un estilo zafio con grandes ajos de oro.
De todos modos, no puedo evitar iros diciendo desde ya que no nos vamos a amar los unos a los otros cuando por fin abran las puertas. Y ahora escupidme y decid que estoy oscureciendo la frente de las niñas y de los niños. Pero podríais fijaros en la fidelidad que le guardáis a que todo vuelva a ser como antes. Salud. Vacaciones.Thermomix. Paz de proximidad, Democracia de la de siempre, que mi chico me saque Derecho, y que todos estemos siempre unidos y cortemos juntos los plásticos de las latas de cerveza que ahogan a las pobres tortugas, y adelante con la cobardía y viva por siempre el vuelo controlado.
Como una lágrima que se seca.
Como el pelo recién cortado.
Quizá es que no sé dejar de sentirme tirano en eso de hacer mi vida sin vergüenza ni disimulo.
Quizá te pienso sin planteamiento, y me abrazo y me olvido del tema, y ardo.
Quizá te pienso, y en ese pensamiento me miras y pierdo para siempre el dominio.
Quizá, de todos modos, voy viendo que se me muere la diversión que yo quería en este enfoque, y por eso, mejor aprovechar el momento de callarme. Si la cosa no tiene gracia, no es plan. Y para qué seguir entonces con la misma mierda de siempre.
Jag.
12_5_2020



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Día 58 del confinamiento, NOTA DE HUMO (III)


NOTA DE HUMO (III)
Algunas cosas asumidas:
Puedes montar tus planes como una manera de guiarte por el mundo, puedes trabajar las cosas que los afectan, viendo qué son y cómo. Puedes intentarlo, y ese intento te define y caracteriza de un cierto modo. Eres lo que buscas y cómo. Puedes ponerte a ello, pero en un segundo, por algo que te pasa, o entiendes, o haces, por algo que les pasa, o entienden o hacen otros, todo lo que planeabas se va al traste y te encuentras en un mundo extraño.
Asumido eso, asumir además que mejor no sentirte, tan a la ligera, un desgraciado. Asumido también que algunas veces menos mal que no ocurre lo que habías planeado. Lo que llamas desgracias te salvan de otras cosas peores. Por ejemplo de reducirte a lo que aciertas a planear, y perderte todo lo que te está pasando constantemente.
De todo ello, asumo, la vida puede irse fijando en una serie de canciones independientes. Momentos observados sin afán de construir un discurso ni un mensaje elaborado, que al tiempo que llega a una conclusión, es excluyente con las demás.
Simplemente, cómo es este momento, quién soy en este momento. Qué quiero. Qué sensación tengo y qué necesita.
Puedo alzar la cabeza y mirar un grupo de momentos, que ocurrieron en su tiempo particular, y que obtuvieron su pequeña opinión o sensación específica. Puedo querer exponerlos juntos como las canciones de un disco. Sabiendo, también, que un orden u otro darán como resultado lecturas distintas. La vida, como una sucesión de libros de canciones independientes, cada cual con su mensaje y con su acento.
Asumir que todas esas canciones/momentos, construyen/destruyen/propician en perspectiva y en directo. Así que, ¿con qué criterio priorizar o discriminar unas sobre otras? ¿Las amables sobre las incómodas, por ejemplo?
Aprendí una distinción esencial entre las artes de Oriente y Occidente. En Occidente se prima el resultado, y el proceso queda oculto, y a un fin supeditado. En Oriente prima la percepción del momento. En ese sentido, la expresión recae en el propio proceso. El resultado es meramente un final de las indagaciones, no una conclusión. El mensaje es el propio proceso.
Volviendo a las sucesiones de momentos como alternativa a elaborar un plan cerrado, puedo armar grupos de sucesos independientes sin aspirar (sin verme atrapado) a elaborar un mensaje cerrado y conclusivo.
Como series de canciones independientes, agrupadas por un criterio meramente organizativo.
Poner el nervio, el esfuerzo, la voluntad en el momento presente, en la canción. Y sentir que es una expresión y liberación de ese momento. Que no me ata para expresar ni sentir lo siguiente.
Así, aceptar que muchas partes de esa sucesión pueden constituir fracasos. Si no estoy atado a elaborar determinada conclusión, ¿por qué debo ocultar el fracaso, la basura y podredumbre que componen los días en que me afano en encontrar una luz y mantenerla levantada? ¿No haría más natural, digno y humano el mantenerme en pie, hacer visibles los tropiezos y los momentos desalentados? ¿Por qué debería entonces editar o disfrazar que, pese a tener el atrevimiento de ponerme a hacer cantos que piden el tiempo y la atención de la gente, normalmente soy como ellos mismos: compenso con un momento de luz y sabor, una vida de sinsentido en la que intento sobrellevar esa continua sensación de futilidad y fracaso?
Jag.
10_5_2020


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Día 57 del confinamiento, NOTA DE HUMO (II)


NOTA DE HUMO (II)
Las pocas veces que me he puesto a escribir ficción ha sido más o menos divertido, aunque para que la cosa quedara verosímil, esto es, con la profundidad y la amplitud, con la mezcla creíble de lógica e imperfección, de expectativa y sorpresa que hay en lo vivo de verdad, he visto que recurro siempre a alimentar a los personajes y sucesos con lo real mismo: o con lo que me ha pasado o me han contado o he visto en otras y en otros, y lo he asignado y repartido entre mis personajes; o con lo que he leído en libros que amo, quiero decir, esas cosas verosímiles de las ficciones bien construidas por otros, las he adoptado para mis medio verdades construidas. Después siempre me he quedado pensando que vaya gilipollez: buscar fuera de ti verdades para sostener una mentira que nadie necesita ni te ha pedido, para que verdad parezca. Vaya camino falaz y pretencioso, y cansado, me parece.
En la vida real digo la verdad, aunque me joda, porque es más cómodo: no hay que memorizar nada, ni nada que retocar cada cierto tiempo. Aparte, que todo este distingo es una chalaúra. Todo es verdad, lo que vives en lo que vives, y lo que escribes en lo escrito. Lo primero, dependiendo del momento, es siempre moldeable; lo segundo, es otra forma de lo vivido, que aunque la calques de lo que pasó, siempre se modela, en cualquier caso, desde diferentes lecturas, tuyas y ajenas, y distintas entendederas. Encima, esa diversidad de lo que se lee y lo que se entiende, también se mueve, porque está vivo. Así que cuántas verdades pretendo dejar asentadas, como si fueran un ramo de flores de papel puestas para una foto. Nada. Como soy tan cachocarne, mejor aceptarme y no fingir nada. Si queda ridículo quién eres, siempre será digno. Si haces el ridículo montándote una bambalina, ¿qué cojones te distingue de la mierda risible y miserable que campea por el mundo?
Muchas veces he pensado que todo esto es porque no tengo aptitud para la fabulación, aunque ahora creo que eso aún no está demostrado. Pienso que mejor, como he dicho antes, me dejo de posturas raras y me dedico a vivir la vida, que en lo básico es lo mismo que escribirla: lo vives y lo escribes como buenamente sabes y puedes, y a quien le va mejor, no es porque tenga mejor técnica.
Hablando con honestidad, que es para mí de lo que se trata, creo que lo que te pasa no es lo mismo cuando lo escribes. Siempre estás componiendo, igual que siempre estás atento a ser tú mismo, y en realidad siempre estás retocando tu máscara. Y entonces qué es lo real. Vivir a secas no tiene para mí nada de simple, y ya sólo faltaba complicarlo con adorno inútil y agobiarlo con carga.
Casi puedo decir que escribo para repasar, para hacer contacto con lo que vivo, que pasa tan fugaz. Cuando algo pasa, y lo escribo, se puede decir que sólo entonces ocurre. Cuando lo cuento. Cuando le pongo esa atención. Así que lo que sí puedo admitir a conciencia, es que cuando escribo en primera persona, no es tanto decir "este soy yo" o "esto me ha pasado", como reconocer que lo persigo. Que está escrito en primera persona porque no (me) lo quiero perder.
Jag.
9_5_2020



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Día 56 del confinamiento,


He cogido el móvil a las 23 h.
Iba a decir que ha sido un día de distanciamiento digital.
Mejor digo que ha sido un día de dedicar toda mi energía, ingenio y saber en dejar todo el espacio posible para no hacer nada.
Jag.
8_5_2020



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Día 55 del confinamiento, NOTA DE HUMO (I)


NOTA DE HUMO
Constantemente leer libros, pensar cómo son y cuál y cómo va a ser el mío. Pensar, cuestionar a diario si tendré la fuerza, el nervio necesario, si estará bien enfocado el esfuerzo, si la voluntad, el tino.
Por todas partes, libros de los grandes, con sus logros grandes, a los que me entrego a disfrutar, y sin embargo me paran a preguntar, ¿Y sus premisas? ¿quiénes eran y qué querían y qué se respondieron para empezar a hacer lo que hicieron cuando las hojas estaban tan en blanco?
Libros redondos, los libros de los grandes, también con defectos pero grandes, también con alguna parte descuidada que salió movida, bizca en la foto, que los hizo más humanos, más falibles, mezquinos, groseros, espontáneos. Más normales. Más redondos, para mí, los libros de los grandes.
En un tiempo que he olvidado, yo me preguntaba cómo haré mi libro. Si me falta algo que aprender, planificar, ordenarme y recortar, descartar. Presentar una opción y decir, es así este libro, y es de mi modo mejor, y no es de otro modo.
Pero en el tiempo que de inmediato sigue al tiempo que he olvidado, yo me he dicho, a partes iguales creo que acertado y tontamente, si me pregunto a mí mismo cómo viviré y no me sé responder y sigo adelante, si sé que para vivir me falta por descontado tanto, y algo y más y mucho más que aprender, y no puedo, para vivir, esperar a tenerlo aprendido, y me lanzo, sin haberme planificado, sin vivir sujeto a un orden, sin recortarme, sin descartar nada de mí ni presentar una opción acotada y concreta de mí, y a pesar de ello acabo por decir ante el mundo y ante la gente, este soy, así soy, no sé si soy de mi modo mejor, pero no soy de otro modo.
Si para ser yo, no quiero cerrarle puertas que me encierren y dirijan, ¿sería honesto mi libro si le cerrara puertas para decir, como antes dije, es así y no puede ser de otro modo este libro?
¿Puede ser que hacer mi libro sea un modo de superar mis rudimentos vitales para que mi libro me mejore? ¿Puede ser que debo entregarme a quien soy, aceptándolo con mi caos, mi desorden, y haciendo en el libro tal y lo que soy, presentarme con simple y cruda honestidad por escrito?
Jag.
7_5_2020



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Día 54 del confinamiento,


CONSTATO Y ANOTO
con cansancio que el encierro se me alarga, no porque se me hayan agotado los rudimentos rutinarios, no: por leer, puedo seguir leyendo lo que compré compulsivo, puedo releer hasta el fin de los días para ver ahora qué queda de lo que leí la primera vez, qué me queda A MÍ de ese entonces, qué he puesto, qué me falta de lo que me maravilló, me retorció la expresión buco nasal, qué me removió profundidades bajo el ombligo, el tejido adiposo, los abdominales, etcétera. No.
El encierro se me alarga, constato y anoto, porque me acaba de llegar NUEVAMENTE el anuncio de Lita Cabellut a la bandeja de inicio de Facebook. Sí, ese que al principio del encierro bloqueé como spam. Ese que sale ella en una serie de shots cortos metida en faena ¿no? Vestida de negro y concentrada en su mensaje ¿no? Chorreándole pintura roja a una de sus pobres modelos de performans ¿no? Rojo y negro, rojo y negro por todos lados y una banda sonora de cajón flamenco y gestos bruscos como de pequeño animal que se defiende porque está en su derecho y pinceladas de rabia y de expresión de la vida y de la muerte y que suene todo a Garcialorca ¿no? Y una candela en mitad del estudio y una guitarrita y un caballo negro suelto por allí al fondo, y cara de mujer indomable y dueña de su destino y de su cuerpo ¿no? Y movimientos bruscos y los ojos ENCENDIDOS enrimelados como para el baile final de los montoyas y los tarantos, y un ahahaaaiaaiaai de bulería por soleá de fondo ¿no? Y de vez en cuando unos extractos hablados:
-Pues el Arte? El Arteee, eeh... el Arte es PASSSHÓN ¿no? El Aaaarte, eeh... el Arte es MMÁGIA ¿no?
Eeeeh, he bloqueado otra vez el anuncio. Esta vez no me sale la opción spam, esta vez le he puesto sabe demasiado, y después, listo.
Es culpa mía. El postureo puerco de Lita Cabellut me recuerda a muchísima gente que me ha condicionado el apetito y la sencilla alegría de vivir sin molestarse... Me recuerda a una jefa subnormal que para tumbar mis propuestas decía ESTE ES QUE TIENE MUCHA TEORÍA. Me recuerda a tanta gente que dice, es que yo soy DISTINTO, es que yo soy AUTODIDACTA, y luego cuando vamos de vinos hasta los ojos, se encuentra un cacho de aparato por la calle, y no le quita el óxido ni la mierda porque es trabajoso y expresivo, y se recoge un coletero con un lápiz, y pone el aparato encima de un cacho de madera barnizada, y me dice, y qué te parece en cinco minutos esta MMARAVILLA? Y no me contradigas porque qué sabes tú de mi... ESPRESHÓN, ni de mi liberTÁD.
Culpa mía. Culpa mía, ya lo he dicho antes.
Tampoco descarto que todo esto, que siempre ha estado haciéndome compañía, me salga ahora a flote por estar faltito de sentirme útil barra productivo. No descarto que todo tuviera su arreglo sencillo si me pasara algo parecido a lo que le pasa a Lita Cabellut, que le llegará cada cierto tiempo algún especulador con sonrisa de Nicholson que le dice:
-Va, veen agghií, veen agghií, te compro la pieza que tú me digas, y así te callas un poquito ¿Sí?
¿Mentiende loque tequieroicir?
Jag.
6_5_2020



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5 de mayo de 2020

Día 53 del confinamiento,


SUR PANTANO
Que soy mejor cuando no creo en nada en mí, y que tu cuerpo es tuyo, el gesto torcido, la risa destructora, quede todo por escrito, por delante.
No me he olvidado de cuánto me fascinaron tus historias de quintos vacíos encaramados en los muebles, bragas en los lugares de paso, aunque hoy me como un paso de cada dos y no tengo cuerpo de especular con mordeduras que todo lo arreglen. Hoy eso no. Hoy estoy ocupado en el desespero encerrado, buscando detalles para la alegría simple. En realidad pensarte en la casa con la primera ropa que te encuentras, enseñando sin ensayo y sin papel un poco de piel de carne sin guión, eso es algo que por el momento me estorba. Quiero encontrar en este sitio, ahora, respuestas, elementos, zumbidos misteriosos, perceptos, artículos susceptibles de utilidad verdadera, aunque acabo resbalando a coleccionar cosas que llevar en el equipaje de un viaje que no existe y que haríamos tú y yo juntos. Un viaje en que descubres que sería normal y concebible que yo estuviera cerca de ti mientras te quitas la ropa de entrenamiento hablando de cualquier cosa. Ya sabes, eso que van diciendo por ahí, que de pronto hay alguien que aunque te quedes en pelotas mostrando los pelos retorcidos de tu pobre humor de mierda, ese alguien no se va, y que le dices una frase hecha adocenada con tu aliento oliendo a cerrado, y esa persona hace gestos ostensibles de que le gustas tú aunque no te guste la gente. Ya sabes, que se te va a ocurrir fuck off damm porco dio o cualquier cosa intraducible del cine independiente, y va a acomodar su hombro en la comisura de tu sobaco, y buscará tu pecho con su pecho y ahí se va a quedar sin dar muestras de preocuparse de si eso es lo más prudente.
Ya te digo que nada de eso que me lleve a ti, me está viniendo muy bien ahora. Tengo que encontrar cosas eficaces antes de que venga la calor para quedarse.
Cosas para dar pasos buenos, aunque sean de desandarse en los tiempos que nos vienen. Aunque apenas he encontrado mis inventos. Apenas una hoja de algarrobo que encontré una vez y ahora se seca y resquebraja. Y qué mierda digo, si todo me sobrepasa.
En la calle, donde esté la cobardía del ignorante, que se quite el expuesto afán del innovador, que tampoco sabe. Los vecinos están ya a hostias, y la niña ya sabe que viene el canco. Yo me siento cada vez con menos fuerzas para vibrar en alto. Por eso me retiro de contribuir con niebla a la negrura del ambiente.
Siempre pienso que la luz del mundo es el afán de los valientes. Pero nadie habla de dónde pueden esos afanes sacar sus fuerzas. Como una bola pequeña de cristal, que gira frenética en una tina de loza salpicada de pedruscos, por muy maltrecho que llegue, después de tanto tropezar, acabo siempre parado en la mínima humedad ternura mordiente de tu par de pétalos. Acabo torciendo, tan simple, al camino que quiere seguir el corazón, y todo lo demás me acaba pareciendo extraño.
Por no equivocarme, que no creo en mí, por no equivocar a tu cuerpo que es tuyo, acabo pensándote a ti sin adornos, sin tú para mí, sin tú conmigo por un placer de improviso, por una verdad cruda o por una salida remota de lo razonable. Quizá es más fácil llevarte en secreto como un tesoro intangible del que nadie hable.
Quizá mejor ilusionarme entonces con que así, a secas, de pronto se acaba que alguna vez ibas llorando por la calle, tragándote el orgullo de que elijan por ti que algo se ha acabado. Afanes, atención, amores, trabajos. Que quizá en los próximos tiempos venideros, va a llegarte un completo extraño, que va a darse cuenta, por sus medios, de que como eres, sin fingir ni esconder nada, eres alguien con quien ir afrontando las cosas que vayan ocurriendo.
Quizá en vez de buscar preguntas para cambiar y respuestas para seguir, quizá me estoy entregando a fantasear con que alguien, como si no tuviera que hacer ninguna otra cosa, va a dedicarse a que no tengas lugar para lamentarte. Alguien que va a venir, y con todo su amor sencillo, te va a joder la vida.
Jag.
5_5_2020



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Día 52 del confinamiento,


BORBONES PUERTOURRACO
Una y Uno, una vez, se pusieron a saber de verdad en qué habían estado metidos tanto tiempo a tanta profundidad y cuánto daño. Obviamente suspendieron. Al entender que nadie les acompañaba en las carcajadas que habían encendido, decidieron sabiamente echarse a un lado y buscar un lejano lugar de cuento en el que comerse a besos las heridas y sobre todo, lavarse las partes y las manos.
Una y Uno, en otro raro poema distinto, dejaron atrás la casa en llamas, repartieron por el camino los papeles del trigal destruido, y se ocuparon de ocultar de la mirada del público, las letras de ruina que sus secuaces compusieron para los himnos que los acompañaban: nada podía sostenerlas con todo aquello temblando, nada alcanzaban a expresar de lo que las carnes al aire estaban exigiendo. Así que se vieron avanzando de la mano por el llano hacia ninguna parte, dejando que, con las aguas cenagosas oliendo a muerte, también cayera un lento inexorable atardecer a sus espaldas.
Habían estado hechos todo el tiempo el uno para el otro.
El higo olía a empresa, realmente. El nabo además, sabía a pasado.
Dejando de pensar, por un momento, en las cosas del campo, Ella le había dicho a Él hay que ver maldito frente nuboso, cuánto puse por saber a ciencia cierta que eras tú el bocado, que eras tú el calor de mi nido alimentando fuego triunfante contra la desesperanza. Él le había dicho a Ella fíjate que todo el mundo se sabe nuestros chistes y ya no nos queda nada. Apenas flagelarnos y comernos cosas blandas. Poner nuevos nombres raros a nuestros hijos, que les ayuden a vivir enternecidos y alerta en paisajes de niebla, a un paso de abandonar, como nosotros, las maletas, escapar por los desagües y amanecer un día en el sueño roto de una ciudad de flan sin sitio para la sugerencia. Nos queda, apenas, le había dicho Él a Ella, entregarnos cuerpo a cuerpo y ahorrar bisagras de nuestros cofres. Es verdad que todo ha desaparecido, le había dicho Ella a Él, apenas cayó en la cuenta: dónde habrán ido a parar los números los aromas, el canto de los pájaros del pardo la espesura, dónde ese ardor abstracto de avanzar sin pararnos a saber si es huir, si es empujar, si es parar las lágrimas de los saurios por lo que para siempre se nos muere. Si es componer los nuevos cantos con la boca rota, en un aire urgente, adaptarnos a que sólo tengamos amor, como la gente, y nos apretemos con urgencia el sudor de las palmas de nuestras manos, inmóviles en el llano inhóspito, mientras desde nuestros pies clavados, avanzan alargándose, juntas hacia la noche, nuestras sombras, tan inciertas.
Jag.
4_5_2020



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Día 51 del confinamiento,


DUMB
Todo se desmorona, y yo hablo como puedo.
Si sé que hay un humor genuino, que nace espontáneo, respetuoso y sensible, y que renueva la vida desde dentro, no voy a perder el tiempo en escuchar a otro humor zafio, insensible, agresivo, violento, heredado, impuesto sin permiso.
Cosas que ayuden a vivir en lo nuevo. No cosas que te hunden en el fondo de lo de siempre y lo de todos.
Que sea por amor, lo que reemprendamos y guíe nuestro deseo.
Leo y copio un trozo de lo que leo, mientras cantan con cierta alegría los pájaros cautivos, y el sol empieza a calentar el ojopatio.
Escribo lento, recreándome en los movimientos del bolígrafo, un trozo que me llama en un libro:
"Parecía hallarse a la espera de algo pero no sabía qué era lo que esperaba".
Me gustan los bolígrafos esbeltos y fluidos. Lo que sea que escribes con ellos, si te mantienes respetuoso, cuidadoso y atento, te mantienen en la paz del momento, dentro de lo posible. Ayudan a que sobrevueles danzando, siguiendo tu propia música, flotando por encima de todo el ruido grosero que nunca hemos pedido, que tan prósperamente se ha asentado en nuestras vidas, y que lo gobierna todo.
Jag.
3_5_2020



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Día 50 del confinamiento,


YO TENGO ESO
Yo sé que todavía es probable que para ti sea demasiado pronto para comprender. Pero yo tengo eso. Que se verá o no se verá. Pero eso ES. Y yo lo sé.
Por otra parte, no dejo de acordarme con miedo de Manzanilla y de sus pequeños limones, de lo bonito que empezaron a abrirse paso y lugar en mis días, y de cuánto dolor acabaron propiciando. Miedo, no tanto por lo que aquello doliera, sino por saber de mi capacidad para lanzarme al desastre. Debería haber hecho caso de mis pálpitos cuando observé cómo iban desmejorando todos los extraños que acababan emparentando con los suyos. Haber anticipado mucho antes que esa mujer es alguien capaz de rezar a Dios para que todo lo que me ame se me muera.
La verdad, no tengo convicción para guardar rencor, no tengo energía ni inspiración para sentir lástima por su enferma negrura. Pienso en ella y no quiero tener sitio para lo suyo. Ojalá que aprenda a dirigir hacia algo útil su naturalidad para el veneno y su facilidad para la amargura. Siento que tampoco puedo echarle la culpa de que mi vida se haya quedado con la luz y el aire de un asterisco entre paréntesis. Ya es bastante sintomático que durante un tiempo me entregara a ella, me parece.
Todo eso tiene que quedar atrás, y no seguir manchando, como la sangre aguada de una herida que no me cierra.
Ahora me acuerdo de aquellos descuidos tuyos de antes, y de las manchas de tus manos. Los pelos de la coleta desastrosa que se te quedaban pegados en los labios. Ahora mismo no sé a dónde voy a acudir, pero sí sé que, en aquel entonces, aunque tú no podías saber qué estaba sucediendo, como en sombras, como mirando oculto a través de un agujero, yo empecé a saber de mi utilidad. Empecé a saber que, después de todo, empezando por ti, yo tengo muchas cosas para dar al mundo, o al menos a toda la parte del mundo que me espere y que yo alcance.
Desde mucho antes de saber que para ti era demasiado pronto para comprender, yo sé que tengo eso, aunque muchas y muchos se empeñen en ignorar, en ningunearlo, yo tengo eso, que se verá o no se verá, pero eso ES. Y yo lo sé. Y tú lo vas a saber en tu momento, con tus descuidos y las manchas de tus manos. Y no todo va a quedarse en que encontremos en la noche un lugar en que vamos a sentirnos compartiendo algo con el infinito, mientras nos damos un beso en el hombro.
Jag.
2_5_2020


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Día 49 del confinamiento,


He soñado que una jefa que no tengo me dice por teléfono pues que sepas que la guillotina también le hace falta a otra gente. Así que me he ido corriendo absurdamente, pues sabía que la tarjetas aún no las tengo impresas, a intentar agilizar un poco el trabajo, y dejar libre lo antes posible la herramienta. Así que he llegado al sitio, que al parecer es en algún reservado de un bar de la Urbanización Buenos Aires. Pero me he quedado en la puerta, viendo que todo estaba lleno de gente, en plan hora de las tapas del Domingo de Ramos. Manadas de mastuerzos que se han adelantado a la salida controlada del sábado. Vamos a caer como moscas, me he dicho dando un paso atrás, titubeado. Pero también he visto de lejos a gente normal hermosa con la que no me había encontrado en mi vida. Es verdad que he despreciado demasiado pronto la posibilidad de que me pase algo bonito dando un paseo en las fiestas de guardar de este pueblo. Pero ahora no es el momento para eso: he llamado a la jefa que no tengo, y le he dicho que ahora estoy con otras cosas y que ya pediré la guillotina la noche antes de la inauguración. Sé que al otro lado de la línea, como es normal, la jefa que no tengo, estaba a punto de abrir la boca para iniciar la preceptiva llamada-al-orden-sin-sentido-meada-en-mi-esquinita clásica de otras jefas que sí he tenido, pero me he hecho el eficiente y he colgado rápido y la he dejado con la meada en la boca. Luego de golpe me he encontrado en el mar, había un islote sin árboles con forma de media luna mora. El suelo era igual que los interminables llanos despejados de entre Las Delicias y Venta Los Morenos: piedra arenosa y frágil que cuando la golpeas echa peste, sobre tierra roja, con vegetación autóctona de monte bajo, tipo tomillo, romero, jara, espino, esparraguera, condón pañuelo arrugado. En uno de los vértices del islote de la media luna mora había dos gatos acicalándose. Uno estaba demasiado oculto tras una mata, el otro era rubio atigrado. Después me he despertado. Eran las ocho, y me he dicho: otra vez. He leído de un amigo FB la introducción a un recuerdo. Me ha parecido sencilla y emocionante. Maravillosa. No he podido evitar pensar que escribiendo soy un triste y un majara. Que me complico y me pongo estupendo sin venir a cuento y no tengo control ni valores rectores y así no voy a ninguna parte. Quizá es que tengo que cambiar de lecturas. Quizá es que tengo que cambiar de pellejo. Mudar las vísceras y cambiarlas por otras. Quizá es que tengo que hacer caso a la belleza sencilla que se me pone tan cerca. Estoy cansado de tanto misterio. La cosa tiene que ser más como los centrales de Simeone, patadón y fuera. Aunque así, la verdad, vaya mierda de vida. En qué momento le íbamos a hacer honor al baile, al papel de lo desconocido que venga de la mano de la poesía, dejarle a la cucaracha una bella ilusión de sentido, un segundo antes de que la aplastes mientras pensabas distraidamente en otras cosas. Todo es tan fugaz como decir vaya mierda y pasar a lo siguiente. En realidad, hay que ver lo bien que dejó explicada la vida el hijoputa de Cortázar. Si lees Rayuela de la manera uno, sin complicarte, llegas a las tres estrellitas que significan el fin, y la acabas sabiendo que te pierdes más de la mitad; si la lees de la manera dos, dando todas las vueltas a las que te mandan, entregándote a lo que recibas, pasas los días con la señalita adelante y atrás en el libro, sabiendo sólo en qué momento presente estás, pero imposible saber cuánto te falta.
Jag.
1_5_2020



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Día 48 del confinamiento,


AL FONDO DE LAS AGUAS
No voy a ser yo quien diga que yo tengo más que decir que quién. No voy a ser yo quien diga que Dios sabe que lo que llevo dicho hasta ahora, lo he dicho mejor que quién. Yo sé que la gente no está esperando a comprender para vivir. Que todo avanza, aún estando oscuro y accidentado. Yo sé que de mil que no comprenden hay dos, hay uno que sí comprende. Y quién me dice que serás tú quien me espera para saber por mí. Quién me dice que, de entre la masa informe que a ciegas sobrevive tentando constante, vas a ser tú quien va a comprender. Nadie me lo dice, pero te lo digo a ti. El amor es mi opresión. Y te paras un poco a saber qué estoy diciendo, quién soy. Quizá a mí me falta por decir y a ti te falta para saber que soy algo más que lo que miras sin ver.
El amor es lo que acabo de decirte, y tú te quedas con lo que llega de un cielo atosigado de nube espesa, apenas rayas oblícuas amarillo transparente de un sol distante, indiferente, de calor tamizado. Te preguntas quién soy para decir lo que digo, y yo digo que no soy quién para decir que Dios sabe que lo que llevo dicho hasta ahora, lo he dicho mejor que nadie. Tú me miras y te falta saber. Eso sí lo sé. Es mi corazón, encerrado dentro de todo esto que tú crees ver, un nervio incontenible en la piel de un salvaje animal que se niega a ser domesticado. Aunque come de mi mano, descansa en mi sombra, es un hambre sin fondo, un incendio voraz que deja insomne todo lo que toca. Recuerda, el amor es mi opresión, es lo que acabo de decirte, y yo me digo amo. Me digo amo, otra vez. Me digo amo, otra vez y otra, y yo no sé adónde acudir y nada puede frenarlo. Es lo que mordió a un perro que bebía y cada día lo arrastra al fondo de las aguas. Me digo amo, otra vez, y tú me miras, sin ver, y nada puede frenarlo.
Olvida a la gente, masa informe que no se para a ver ni escucharme. Nadie me dice que vas a ser tú quien, de entre mil sobreviviendo a ciegas, vas a pararte y comprender lo que me hayas escuchado. Pero te lo digo a ti: ya sabes, no me desdigo, qué es el amor para mí. Es un hambre transparente sin fondo, es un incendio oblícuo de nervio insomne que se niega a ser tamizado. Es mi salvaje animal, atosigado sol distante, que descansa en mi sombra y se come mi mano. Es más que lo que ves en mi piel, porque es más que lo que miras sin ver. Tú me miras y te falta saber. Eso sí lo sé. Te falta este modo de ser que se niega a ser domesticado. Te falta, para saber quién soy, eso que hay en mí, que mordió a un perro que bebía y cada día lo arrastra al fondo de las aguas. Te falta ese calor que no puede contenerse en una piel, para saber qué digo cuando otra, y otra vez y otra, yo me digo amo.
Jag.
30_4_2020



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