10 de diciembre de 2017

TEMBLOR



La verdad, no sé hasta qué punto tendrás todas las ganas de vivir de tu parte.

No se me ocurre pedirte nada. Me pongo delante tuya y sólo me sale la audacia desmesura suicida de sentarme y quedarme quieto lo más cerca posible de tu casa, y comerme un yogur en el parque, o leer un libro o manosear el tiempo acariciándote de algún modo inútilmente en estas notas, esperando que tu ventana dé a mi alma, sabiendo con algún tipo de sabiduría imbécil que un día cualquiera tu corazón va a acabar volando hacia mí, después de tender una lavadora blanca.

Y vas a acabar preguntando temblorosa pero qué estás haciendo aquí maíz del cielo, hombre del demonio, que quién te habrá pedido juegos espectáculos como si no te importaran mis vecinos.

Y temblarás porque sabes que esas cosas que te pondrían de repente a preguntarme, en realidad no tienen demasiada vuelta. En realidad tú sabes que todo eso que nos pone tan cerca de la locura o de la maravilla, no exige ninguna ciencia de nadie, porque está hecho de todo lo sencillo que se entiende en todas las partes y en todos los corazones. Y cualquiera puede hacerlo con cualquier lápiz pequeño en una esquina de cualquier papel que encuentras por la casa.

Temblarás porque un desconocido feo y torpe se come un yogur mientras te espera, o derrama poemas ingenuos haciendo tiempo mientras te espera, mientras piensa tu nombre a los cuatro vientos.

Temblarás porque la pregunta la escribes en un papel traslúcido, que pones sobre la respuesta.

Temblarás porque sabes que todo eso está hecho de nuestra sangre y de nuestras cosquillas.

Temblarás porque todo eso está hecho del miedo más profundo por la más grande alegría.

Temblarás porque en un momento se hace eterno lo que tantas y tantas veces a ti y a mí se nos ha acabado, o se nos ha muerto, o se nos ha hecho mentira.

Temblarás si te acercas, como tiemblo yo al saber que el sentido de todo es correr y salir a buscar para darte todo lo que no tengo.

Temblarás, yo lo sé, y nadie tendrá la culpa de que cuando me miras yo me sienta como cuando llegaba a casa después de que, a la salida del colegio, me esperaran tantos para burlarse y hacerme morder el polvo.

Nadie tendrá la culpa de que yo te mire y sepa, sin conocerte, que el dolor sigue, que no se me repara el orgullo ni se me cansa el cansancio.

Pero te miro, y sé que ya he llegado.

Jag.
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8 de diciembre de 2017

ÁNGELES

Ella me habló de su primer ángel.

De cuando siempre quiso dedicarse a la música.

Me preguntó qué haces por aquí. Y yo no supe o no le dije o no me acuerdo, pero lo entendió perfectamente.

Ella me dijo que volvió por su segundo ángel. Me dijo tú lo conoces, es de nuestros tiempos malotes.

Me dijo que tenía que estar tranquilo.

Me dijo en su idioma que todo va al tran tran.

Y yo estuve de acuerdo, aunque la vida me está comiendo los nervios, le dije.

Yo venía cargado con bolsas de fruta y el corazón rebosando.

Ella me dijo que las cosas pasan porque las cosas te necesitan. Es verdad.

Yo le dije que su tercer ángel es un buen tío. Y su especie de tristeza resignada dibujó una caricia en los labios.

Dijo que las cosas son sabias. Y que también son comprensivas, con el tiempo te van dejando saber para qué sirvió lo ocurrido.

Sí. A veces la vida se raja por donde tiene que salir el aire. O por donde te tiene que entrar la luz.

Ella me dijo que estamos en lugares y personas inesperados porque formamos parte de cosas que tienen que pasar.

(Al mismo tiempo, yo estaba jugando con su cuarto ángel. Me preguntaba un número del uno al diez, si hombre si mujer, si hermano, amigo, novia o enemigo. Y algo gané).

Le dije a ella que a veces estás en los sitios para que pase algo que no te va a pasar a ti.

Ella me dio la razón. Nos despedimos.

. . .

Me fui lleno de amor hacia casa. Porque de pronto parece que han venido a hablarme cinco ángeles, y porque estoy aquí, en esta época desquiciada e inexplicable, y te pienso todo el día.

Yo no sé casi nunca qué estoy haciendo, y tengo completamente desorientado el sentido de dónde debo poner mi interés. A veces pienso que ya se me han ido la posibilidad de la brillantez y las fuerzas. Para seguir, para permanecer y para renovarme.

Pero pienso que te amo, porque te miro y hay algo maravilloso que está como respirando y oculto en mitad de lo oscuro. Y a pesar de sentirme vacío y perdido, yo te lo quiero dar todo. Y no tengo momento para pensar en que reciba algo de ti. Como que no me hace falta. Aunque luego vaya siempre especulando con cómo será que tú quieras hacer por verme y por hablarme (fantaseo con que estoy sentado en algún lugar, y tú me pides un auricular para escuchar juntos una misma canción).

Y todo es un contrasentido. Siempre me pongo a pensar que porque tú y yo somos tan diferentes, podemos tener alguna posibilidad para la armonía.

Yo no sé a qué parajes me conduce todo esto. Pero después de hablar con ella, de pronto me descubro sereno y entregado.

Porque estoy aquí, y cuando te veo, yo te doy mi sonrisa. Y todo está bien.

Jag.
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Me dijiste el lunes:


¿Llevas la manzana?

Y mi vida era una sonrisa.
Jag.
8_12_17


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Amar


no es normal.
Jag.

7_12_17


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5 de diciembre de 2017

PEQUEÑA NOTICIA

Ocurre que llevo unos días pensando
que hay cansancios que descansando
no se quitan.

Ocurre que al mismo tiempo,
yo me acuerdo
de una parte mínima tuya,
e inexplicablemente de pronto uno
vuelve a ponerse en marcha.

Yo en estas cosas creo que soy diesel,
no soy especialmente rápido, y confieso
que soy duro por las mañanas,
todo me pesa y me cruje, pero,
una vez que he calentado,
ya me vengan kilómetros
acelerones frenazos volantazos
de tus llanuras y colinas.

Yo qué quieres que te diga,
es sentarme delante de un papel, olvidarme de tanto que me aprisiona a mí, y que supongo que también a ti, y tener de pronto toda la inspiración puesta en ir a verte y pedirte un beso de tu boca.

Todo
se me hace suspirable de repente,
todo tiene en este instante de luz
su potencialidad para la maravilla.

Y yo no tengo remedio,
mi castillo se desmorona de vergüenza
porque a veces siento
que tan sólo
he puesto números y quejas
en la jodida edad adulta.

Esto no puede comprenderse con facilidad, esto
no es para nada admisible,
y yo me digo, gravado sin remedio
por una honestidad que me arrastra
hasta el fondo,

tú qué vas a decirle

tú qué vas a aportarle
que no sea ropa heredada y malaúva,
que no sean discos que no conoce,
libros que no le importan y que
tú mismo tienes desperdigados, eh?

¿EH?

Y aunque parece que nunca acabo
de descargarme del todo del desaliento, a pesar
de tanto que me canso de mí mismo,
la noticia que hoy tengo para ti
es que me descubro intacta
la persistente inmadurez que me empuja
a andar agarrándome
a tu cara preciosa
para
continuar
adelante
con la ancestral conspiración de los trovadores.

-¿Y no te da vergüenza?- me preguntarás.

Y pensaré que esa no es buena pregunta ni para empezar algo ni para darlo por terminado.

Pero no repondré nada, seguiré manteniendo cara de medio siglo de tontura. No diré nada, porque ya me has pillado en el aire, ay, cierva del trópico. No diré esta boca es tuya, porque nada de eso se entendería en ningún tratado de vuelo sin motor.

La noticia es que tienes un papel
en el torpe y niño lanzarme una vez más,
armado hasta los dientes
con las mejores ropas
de mi vulnerabilidad,
completamente desasistido, para
ponerme delante del mostrador y decirte que

-Hola,
soy tu cliente que no tiene la razón, hola,
mira, que me ha pasado que de repente
pienso que no veas tú qué raro es todo esto,
que creo que se me ha ocurrido para ti lo más bonito,
o algo así, lo siento, normalmente
cuando estoy solo tengo mejor expresión oral,
y ya hago bastante conteniendo gestos
que no vayan a parecerte bruscos, por Dios,
no me pongas esa cara, que yo también me he asustado,
me ha dolido y me ha ahogado, toda
una sorpresa, ya ves,
como otras veces
me ha desvelado, me ha intranquilizado,
y me ha hecho más guapo y más luminoso,
tan sólo por pensar un momento que algún día
tenía que ponerme a decir que pienso en ti
delante tuya mirándote a los ojos.

Yo no sé cómo llamarlo, no creas,
ya sabes, estas cosas son como siempre,
y como otras veces,
siempre son distintas

Yo, como casi siempre,
no me atrevo a ponerle un nombre, para qué
dejar esto aprisionado
en que es deseo, en
que es supervivencia, o atracción
o tan sólo un torpe arrebato de gimnasia
de mi pobre corazón, yo qué sé.

Sólo sé que me ha ocurrido contigo,
o por ti, o para ti, o hacia ti, y qué importa
la preposición a las cosas importantes, y de pronto,
sin violincitos ni mandolinas, se me impone
que a esto habrá que hacerle algo, no lo sé,
ir a lo tuyo a decirte que es cierto
que no tengo nada, pero
que vayas haciendo sitio,
porque todo es para ti.

Que no soy nadie, pero todo esto
y lo que me escuches en adelante,
te lo digo yo.

Y si te lo digo yo, puede
que te suene raro,
delirante o desquiciado, puede
que oído de mi boca
te venga grande asfixiante
o chico irrisorio,
o pronto inoportuno
o tarde lastimoso
o nunca descarnado a secas,
pero si te lo digo yo,
bueno sí es.

Y por decirte algo bueno,
pues ya soy alguien.

Jag.
5_12_17


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