16 de marzo de 2011

Inflación emocional 1.

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¿Importamos más canciones de amor
que las que producimos?


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Cosas que pensar mientras se escriben.

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Darte una mano, el corazón, la espalda, el pan. Estar atento a tus cosas, y aunque me resulten extrañas y de imposible explicación, sentirme sereno en tu compañía. En la medida de lo posible, ponerme con firmeza a saber quién eres, y aunque truenen los comentarios apresurados, superficiales de la gente, no dar alimento alguno a los que te juzgan. Aceptar tus señales sin prisa. Disfrutar tus iluminaciones. Entender de tus sombras y dolores. Leerte. Anotarte. Estudiarte. Clarificar las tonalidades de tu compleja alegría. Hacer lo que todavía no sé para que pienses en mi como alguien capaz de reparar tu techo antes de las lluvias, velar tu sueño en la espesura, abrirte nuevas puertas y alumbrarte caminos en la selva. Despertarte retos, buenos sabores y fragancias que te renueven el aire y te alimenten con gotas y sollozos de riberas fértiles.

Cosas así, y que un ligero estremecimiento te empiece desde los pies arriba, y me pienses besándote rincones y amándote en las escaleras y rellanos que nos vayamos encontrando.


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Tan ausente.


Me gustas, tan ausente,
cuando la gente me habla de ti.

Aunque tenga que vivirte
como una tormenta sucia y violenta,
bajo la enramada.



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El Día Gris.

Tus tesoros andarán curtiéndose bajo la lluvia, con tu fuego descuidado.

Mientras, te toco en otra presencia,
que me anda a disgusto en los bolsillos,
que me choca contra los muebles.

Tan fría, tan lejana.


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Humildad.

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A veces el amor está en tu camino,
a veces el amor crea tu camino.


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ABRO TODAS MIS PUERTAS.

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Aireo la virtud, el canto hermoso,
a ver si un día tú
abres una de las tuyas
a mi mundo de puertas abiertas.


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En tiempos grises.

Es importante
que mi país sea productor de poemas.



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LO QUE VAYAS PIDIENDO.

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Si para caminar a tu lado me pides dureza
la encontraré.

Aunque podrías pedir ternura, pasión y compromiso,
cualquier otra cosa no violenta de las que comprendo, y así
andar juntos de la mano,
más ligeritos.



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14 de marzo de 2011

Ciertas claves desde las que conocerme.

Hablar y escribir, y pintar "SOBRE AMOR", y ver (haber visto, reconocer e identificar) que "el AMOR" como tema centro de mi interés es también "el AMOR POR LA VIDA QUE HE ELEGIDO", ver que como "objetos de mi amor" están identificadas las MUJERES, las que quiero y me quieren, las que no, o las que no saben, o las que no dicen y las que yo aún no sé, y las que no digo, y por lógica extensión, el resto de la Humanidad en todo tipo de eventualidad emocional que me sepa despertar y ponerme a pensar, sentir y hacer en cualquiera de mis maneras; y pensando y con el vislumbre íntimo de que esos objetos de mi amor son identificados en una bolsa común por mi entusiasmo, mi empuje y ganas de vivir con todas las actitudes relacionadas con PINTURA-ESCRITURA-VIDA EN CONCIENCIA, saber, digo, que EL AMOR POR EL AMOR, el amor por LA(s) MUJER(es), el amor por mis semejantes, el amor por la vida, el amor por mi trabajo y el amor por mi camino con todas sus implicaciones SON UN MISMO TEMA y SON UN MISMO AMOR... el tener y mantener todo esto IDENTIFICADO en un mismo aliento, en un mismo impulso entusiástico, el mantener esta constante en mis días, pese a que a veces todo es un desierto sin señales, sin direcciones ni respiros, y a pesar de todo ello, sigo en todo eso... pues eso, a lo largo de todo este tiempo, con todo lo que ha habido de avance, retroceso, estancamiento momentáneo, pues me ha llevado, atravesando mis lugares y mis épocas de iluminación y de oscuridad absoluta, me ha llevado, digo, a ir formando, poco a poco, una pregunta que también, en ese paciente formarse, se me ha ido dibujando como respuesta, que por haberse ido formando por dentro, a quién tendría yo que acudir para comprobar o reforzar o refutar, que ya con esta formulación, pues se me va imponiendo con la fuerza y la veracidad de todo lo sencillo, que soy YO quien pregunta, que soy YO quien responde, que es ocioso buscar asidero fuera de uno mismo ante ciertas preguntas y respuestas elementales.

Hay, pues, cosas que parten de la intimidad y que no tienen sentido ni razón cuando las sacamos de ella, pues sólo a ella corresponden. Y sin embargo ahora estoy escribiendo sobre esa pregunta que es una respuesta y al revés. Y sé que voy a seguir adelante, porque aunque no se necesite, en eso está el sentido de escribir: en sacar fuera de uno mismo las cosas que casi nadie entendería.

Y mi tema, que es mi monotema, con miles de tentáculos, e imbricaciones y extensiones que salen de un mismo árbol, me ha llevado a afirmarme en la sensación de que el centrarme (encerrarme, por qué no) en esos temas tiene que ver con el "espíritu de indagación Zen", necesario para acceder al SATORI.

Esa identificación que yo he hecho desde dentro con todo lo que amo, convierte todo en UNA SOLA COSA con mil caras, y me hace encontrar que el proceso de indagar también es el camino, y el destino de ese camino está en el principio, en el durante y en el final. Y en mi vida, el hambre es el alimento en sí y el propio sentido de alimentarse, todo al mismo tiempo. Y esa hambre por conquistar mis simas y cumbres del corazón y del intelecto, esa ansia irrefrenable por intentar ser mejor que mis pensamientos, y aprender a correr hasta adelantarme a mí mismo en esas cosas de las que hablan todas las canciones y todos los poemas de todos los tiempos, creencias y lenguas, porque esas cosas interesan y están en las bocas de los músicos y en las hojas de los libros y cuadernos, y en las pinturas y en los templos, pero también en los oídos de los que no disfrutan la música, en los corazones iletrados y en los espíritus escépticos, y esas cosas le han acabado dando cuerpo tangible a mi espíritu, tripas y sentimientos a mis músculos, como cuerpo le han acabado dando a mis certezas indemostrables, y hoy me oigo maravillado cómo balbuceo desde mi corazón frases que han escrito otros, hoy me veo con mi casa construida con ladrillos de otras casas que siguen en pie, y me martillea y siento que me forja una frase del maestro Daisetz T. Suzuki: "mantener el koan continuamente ante el propio ojo mental para hacer que nos esforcemos en hallar una clave de sus secretos".

¿Es tonto o arrogante o impertinente pensar, o más bien, pensar-actuar-vivir asumiendo que EL AMOR, como mínimo, es un KOAN (¡atención, Wiki Sapiens!) que me autoimpuse, sin tener plena conciencia de ello, en su momento? Es probable. Cualquier cosa que se pueda leer puede parecer estupida e incomprensible, pero está de más juzgar los frutos de los pálpitos del corazón o los chispazos del intelecto. Hace tiempo, yo pensaba que mis verdades iban a crecer hasta convertirse en suposiciones. Y ese pensamiento descabellado y sin fundamento, lo he ido asentando, atravesando alegrías y dolores hasta hoy, el día en que no me da vergüenza compartir mi lucidez ni mi miseria o ineptitud con los demás. Para eso vivo y para eso me esfuerzo, para que en este mundo de certezas, cualquiera pueda beneficiarse y construir lo que se le ocurra con mis suposiciones.


(Para quien quiera conocer MÁS):

DILLON, G.: "El Nao de Brown". Norma Editorial,
SUZUKI, D. T.: "Budismo Zen". Ed. Kairós,
Idem: "El ámbito del Zen". Ed. Kairós,
Idem: "Vivir el Zen". Ed. Kairós,
DESHIMARU, T.: "Preguntas a un maestro Zen". Ed. Kairós.



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Crudamente alegre.

¡Yo también estoy vivo!

¡Yo también estoy labrándome CONSCIENTEMENTE un lugar en el tiempo!

¡Estoy diseñando, casi, las experiencias que quiero tener!

Aunque tengo los piños cada vez más degradados, y al oculista abandonado, me siento un artista pleno.

Cotizar no está en mi paisaje perceptivo, la subvención es ciencia-ficción.

¡Y de vacaciones, olvídate!


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No hay amor a la defensiva.

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Dónde pongo lo mejor.

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11 de marzo de 2011

Del día que murieron Górecki y García Berlanga.

Pues yo estaba como jugando a que mis HECHOS tienen un valor EN SÍ, a que no era demasiado importante A QUÉ estaban destinados o DE QUÉ eran consecuencia. Jugaba a identificar HECHOS con REALIDADES. Y todo eso porque me empeñaba en confrontarlos a las PALABRAS. Estaba diciendo(me) que los primeros son "los buenos" y las segundas "las malas". Me había montado en mí mismo un chiringuito espectacular para que tuvieran toda una base racional estas ideas.

Todo es una gilipollez. Lo que haces y lo que dejas de hacer. El mundo es un carro de mierda bajando a toda velocidad por una cuesta pedregosa. Sin caballos, sin toldo, sin cochero y sin amortiguadores. Todo lo salpica, con gusto y generosidad. Y algunas veces me veo, con mi actitud, jaleando este frenético descenso. A ver si revienta ya todo. Tanto acentuar el Hecho sobre la Palabra era simplemente por no tener cojones de EXPRESAR mis sentimientos en voz alta. Y ya está. Me decía a mí mismo que la ACCIÓN es el fin último de la palabra. Y así, podía ir haciendo libremente, sin control propio, sin referencia ni restricción externa, y avanzar ESCONDIDO. Así voy, caminando lento por el camino de enmedio, a veces sintiéndome como un HÉROE que forja su espada en la oscuridad, mejorándola hasta que llegue su hora... sólo que yo NUNCA veo buena la hora de desenvainar y salir al mundo, a ponerlo patas arriba con mis mandobles. Penoso, ridículo, patético. No sé cuál elegir, qué nervios.

Y es que en mi brumoso mundo de la velada-acción-sin-palabras, parece que exijo de la interesada (persona, idea, objeto de mi interés) un sexto sentido especial que le haga ver mi acción troquelada, con un halo fluorescente de Photoshop que la resalte por delante del resto de la realidad, como si en este puto mundo no hubiera nada más interesante que mi mensaje brillando en la oscuridad: espero tontamente que tendrá un olfato finísimo para mis cosas, y eso hará que se acerque trémula, emocionada y expectante a mi mundo callado, y descubrirá el palacio que le estoy levantando en el centro de mi corazón escondido, y entenderá al punto la hondura, la honestidad de mis sentimientos, y enmedio de un dulce torbellino de aire fresco, con una banda sonora del tipo profundidad atmosférica (entre Vangelis, Angelo Badalamenti y Ryuichi Sakamoto) que empezará a sonar espontáneamente a nuestro alrededor, ELLA avanzará con lúcida seguridad, a cámara lenta, su mano temblorosa hacia mi hombro sudoroso, y con un hilo de voz emocionado me dirá, deja ya tus trabajos y persecuciones, amor, pues la sola nobleza de tus gestos y esfuerzos han hollado mi corazón, y en el más remoto y profundo rincón de mi alma han encontrado aposento: tiempo es ya de que con gozosa premura busquemos tiempo y encontremos lugar en que todos mis entrantes se brinden a todos tus salientes, corazón.

Y ya está. A veces me avergüenzo de mi ineptitud, de lo metálico que estoy a nivel emocional. Me duele y me exaspera este tipo de invalidez, pero en realidad sé que no estoy haciendo mucho por superarla. Tengo un corazón con pies de plomo. Disfrazo de artisticidad mi falta de valor, mi apatía, mi temor al fracaso y la decepción, y así sigo avanzando por este camino de flores al borde del precipicio. Me digo cada día que en la vida sólo importa el poema que, viviendo, hacemos. Y así sigo, cubriendo cobardemente el expediente, pintando, escribiendo y mareando miserablemente la perdiz, mientras llega el momento en que se apague la vela.



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Real Facts.

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10 de marzo de 2011

Perseverar.

Veo besos, caricias tuyas
tus risas miedos ensoñaciones
y sólo quiero que me tengas esas ganas.


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Ruido.

No confundas el silencio con una página en blanco.

No confundas la nada con el vacío.


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Boceto de paisaje para después de una batalla.

Como SER no me van a alterar ciertos vaivenes, a estas alturas, que estoy medio acostumbrado a cumbres y simas en el mismo día, y me mantengo constante en mi tortuoso camino hacia la serenidad. Creo.

Como ESTAR, refiriéndome a avatares y circunstancias varias, tengo que mantenerme ocupado en darle a mi ruina el lustre, la atención debida. Ya sea para caer con toda la consciencia posible, ojos abiertos a la verdad, corazón excitado con el sabor y el ardor de la sangre; o ya sea para saltar a tiempo, si se tercia, cuando divise la línea fatal que separa la tierra que se pisa del viento fresco del vacío; o para ejercer mis opciones voluntarias de cambio o simple renuncia, en caso de que me flaqueen el aliento, el entusiasmo, la buena disposición del ánimo o la dulce condescendencia de mi miopía.



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El Poema.

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En la vida lo único que importa
es el poema.




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Más carácter.

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MI VIDA:

Tengo todo controlado.

Llevo los tiempos y las distancias
al milímetro.



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EN MITAD DE LA CREACIÓN.



Fue el hombre quien, en mitad de la creación,
separó lo racional de lo irracional.


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TU DELGADA FIEREZA.

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Pienso con amor indefinido en tu delgada fiereza, y mientras trabajo suspiro por el instinto afilado que pones en la marca de tu terreno. Y avanzo con frialdad, postergando las soluciones a tus rugidos, a las meadas que me vas dejando en los rincones del alma.

Y entonces, de improviso, la tenaza me dibuja un corte único, preciso y valiente que hace que la pieza encaje instantánea, con un corte que me viene natural, con toda la fuerza y la humildad de lo que es como es, sin más.

Sin remedio, me asalta una resistencia a pensar que entre nosotros no hay hilos que nos van a mantener acordados, formando algún tipo de compañía.


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Un rayo de sol fugaz.

Hay un momento concreto en toda la tarde, en que ella se da cuenta de que existo y soy un ser sensible o algo así. Su postura cambia, su cuerpo me encara. Hace bromas y prolonga las mías, y me toca los brazos, los hombros, sin tener por qué, cuando va a pasar de un lado a otro.

Sólo entonces sé que, por un momento, ella ha salido de su guarida, y yo, que estoy habituado casi a su frialdad, noto cómo se me alegra el corazón: en mi paisaje sopla un viento fugaz, que hace que, por un instante, un rayo de sol ilumine todo en el día plomizo.

A la media hora o así, empieza a recoger sus cosas y se despide sin más, porque tiene pendiente algo indefinido, urgente e ineludible en la otra punta de la ciudad.


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Sobre el interés.

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9 de marzo de 2011

Hablando de hechos.

Imagínate
que en el mundo
sólo queda tu capacidad de amar.

Y ahora haz que tu imaginación
sea más que palabras.


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Palabras y hechos.

Dichas o escritas, las palabras se las lleva el viento. Están cargadas de un alto potencial de confusión; con el tiempo o con el roce de la interpretación, que es libertina, se le pueden encaramar nuevos matices que desvirtúan su sentido o intención original.

Los hechos definen un momento y lo marcan. Escenifican una realidad.

Los hechos son acción y carácter sin ruido.


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8 de marzo de 2011

Con una antorcha en la mano.


Algunas veces el amor te llega con una antorcha en la mano. Con un furor salvaje y eléctrico te ilumina sobre algo mezquino y ruin que aún queda en ti. A dentelladas viene a destrozar lo que te sobra. El amor te quiere, pero te quiere digno y limpio. Quiere el mejor TÚ al encontrarte. Quiere que empieces de cero, como cuando en el colegio te hacían volver sobre tus pasos, si al entrar no habías dado los buenos días.


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Mis ingredientes

Tengo hambre de ser y de hacer.

Y tanto trajín por lo que soy o pueda ser,
por lo que hago y puedo hacer conforme soy
por lo que soy y puedo ser conforme hago
me agota, me despista, me completa
y acaba saciando
mi hambre de tener.


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Estoy vivo.

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2 de marzo de 2011

Pregúntale al sauce.

Últimamente estoy diciendo constantemente y a to Cristo que estoy en una época de cambios... Bueno, creo que esto es un poco incoherente, porque creo que siempre, constantemente, se está en época de cambios. Otra cosa es que no siempre estamos pendientes de que todo se está moviendo. Esto es como cuando tienes una quemadura en el brazo, que percibes que todos los tropiezos del azar y los saludos de los conocidos van a la herida. Todo en este mundo es cuestión de dónde tienes puesta la atención. Y muchas cosas, sencillamente, no existen si no estamos atentos. Funcionamos como cuando tenemos una quemadura en el brazo: sólo en épocas de estados carenciales o procesos febriles proyectamos la necesidad de cambiar. Sólo cuando truena. Nos damos cuenta de que la vida va dando vueltas cuando no nos conviene lo que tenemos ante las narices. Y aún así, creo que estamos muy mal educados en este siglo -y en el anterior- a nivel general, para el cambio. Esperamos que las cosas cambien, y nunca pensamos en la pertinencia del verbo esperar, que tiene dos interpretaciones igualmente pasivas: o esperar (en un nivel temporal) a que nos vengan las novedades, o tener la esperanza de que todo se resuelva con un giro imprevisto. No nos damos papel activo en el movimiento perpetuo de las cosas: las cosas cambian, a veces, porque nos esforzamos en ponernos en disposición de que cambien, si mejoramos (si cambiamos) conscientemente nuestra relación con ellas, o nuestra opinión acerca de ellas, que a veces sucede que todo lo negativo que tenemos en nuestro panorama vital no es más que una mala opinión que tenemos enquistada. No somos conscientes de que, miserablemente, nos estamos quitando de enmedio en algo que tendríamos que observar con las mangas arremangadas: el cuidado de nuestra propia evolución, la mejora de nuestras condiciones vitales.

Y un paréntesis acerca de ritmos: puedes cambiar yendo a la peluquería o yendo al dentista. Me explico:

En el primer caso tomas puntualmente una decisión y, si la cosa no se tuerce, tienes tu giro deseado en cuestión de una hora: puedes ir como los Metállica en sus primeros discos y volver como Bon Jovi, o sea, como los Metállica en la actualidad: toda una renovación capilar y espiritual ¡en menos de una hora! Dejando de lado mi opinión musical, de la que sólo tengo cualificación a nivel usuario, en este tipo de cambio, se hace una toma de conciencia (o no), se adopta una decisión y se realiza. Todo está en una secuencia lineal sin vuelta atrás. Y no es imprescindible el estudio profundo de pormenores previos o consecuencias deducibles de tu intento. Es más, la mayor parte del tiempo, cuando tomamos decisiones, cuando creemos estar llevando las riendas de nuestra vida, realmente no hacemos más que improvisar alrededor de nuestras incomodidades, observar superficialmente nuestras apetencias y decidir como algún personaje de alguna película de los Coen: nuestras pasiones nos ciegan, hacemos cualquier cosa que más que solucionar acaba enmerdándolo todo, y después vamos poniendo patéticos parches que, de cara al exterior dejen un aspecto decente a la situación y de cara al interior, mantengan a flote y con un mínimo de dignidad la imagen que tenemos de nosotros mismos.

En cuanto a ritmo, también hay cambios que nos obligan a manejarnos con más profundidad, pues hay situaciones que nos impulsan a mover el culo, que no empiezas viendo las orejas cuando ya tienes el lobo encima. Hay cambios tipo ir-al-dentista-porque-necesito-una-sonrisa-tipo-heavy-de-peluquería. Venga, como la de Bon Jovi, mismo. Toda decisión implica hechos concretos, y en este caso, esos hechos concretos obligan a una revisión profunda y consciente de los pasos que necesitamos dar para que se den las circunstancias que anhelamos. Y esa revisión profunda y consciente es un curro, y no es fácil. Hay, como en la visita al dentista, un dolor previsto, un dolor presente (sentado en la camilla, agitando nerviosamente los tobillos mientras el taladro vibra en todo el maxilar) y un dolor consecuente, el del post-operatorio. Y si vemos, en este ejemplo, que la sonrisa de Bon Jovi te obligará seguramente a bastantes idas y venidas al dentista, estaréis conmigo en que esos tres dolores que van de la mano de nuestra decisión se van a multiplicar proporcionalmente por los días de visita. Eso es conciencia militante, eso es decidir y mantenerse al pie del cañón. En fin, sumando como de soslayo, la pasta que te va a costar la broma, quiero puntualizar que hay cambios que tienen como objetivo que tu sonrisa sea la de un heavy de peluquería, y son nobles y necesarios esos deseos, pero implican duras introspecciones y hechos concretos que nos quitan, de entrada, las ganas de sonreír. Bravo por todo el que asume todo ese trabajo y ese dolor y sigue adelante, porque su sonrisa, al final, va a estar cargada de sentido. Va a ser conscientemente bella.

Bueno, dejando el paréntesis sobre ritmos (¿o mejor será decir profundidades? No sé), en realidad somos bastantes flojos, y normalmente esperamos que el azar, los demás o la propia dinámica de las cosas nos traigan los cambios. Y además, cuando pensamos en ellos, siempre esperamos que serán en positivo. Y paremos de preguntar, por ejemplo, positivo hasta cuándo y para quién... pues nos olvidamos de la relatividad de las cosas cuando lánguidamente deseamos o esperamos nuestros cambios a gritos con la boca cerrada. Ni se nos ocurre que a veces las situaciones llevan una dinámica de caída que estábamos sosteniendo en un equilibrio artificial, no pensamos que a veces hay que dejar consumar una tragedia para que todo se regenere. En todo esto se necesita, creo, una especial resistencia interior, una mezcla de valor para lo que tienes que hacer (cuando tienes el previo valor de intentar profundizar en ti mismo y saber qué tienes que hacer) y también temple ante lo inevitable. En este caso, sobre todo si somos de ánimo relajado (irresponsable, podríamos decir), si hemos puesto nuestra evolución en manos de cierta esperanza, es casi normal que caigamos en el desespero cuando vayamos viendo que nuestro errático recorrido va desfondándose de pantano en pantano. La situación empeora y echamos la culpa a la mala suerte, como si un ente abstracto tuviera la manija de nuestro destino, y hubiera puesto en solfa, con fina crueldad, todos los hechos que nos destrozan la vida y que -desde nuestro sillón- se ven inalterables. Ya nos vale. Ni se nos ocurre pensar que podíamos haber metido mano.

Con todo inundado, siempre es más fácil echar la culpa al mal humor con que nos encara la fortuna o peor aún, buscar a algún inocente más débil y hacerle pagar, con velada o descarada crueldad, por nuestras frustraciones. Y si nos da el punto autocompasivo, porque tampoco en estos extremos tenemos valor para encontrar en nosotros mismos un aire mínimo de rebeldía, pues podemos refugiarnos en lo sobrenatural. Agotada la pataleta por nuestra mala suerte, ahí está Dios y familia, ahí está la posibilidad de reconocer al fin que esto es un amargo valle de lágrimas que ninguno de nuestros intentos hubiera podido dulcificar, el caso es ponernos ante nosotros mismos algún artificio mínimamente razonable (?) que palíe tanto sufrimiento que provocamos por nuestra dejadez o nuestra ineptitud. Y perdón, que no soy quién para hacer burla de los consuelos o las explicaciones que se haga la gente, no soy quién para remover los lodos de esos veneros que en su día brotaron por el próximo oriente...

La verdad es que no creo que haya un signo especial que distinga a quienes no esperan, que no hay que ser más inteligente ni menos inepto para saber, o más bien, para querer coger el volante de tu destino en esta carretera sinuosa y resbaladiza. Más bien, pienso que quien más quien menos va por la vida un poco aventado, con tendencia natural a la comodidad, hasta que algo bueno es demasiado sólido y hay que aprender a morder, masticar, deglutir y sacar adelante la digestión.

Supongo que así es todo, como que los placeres más sencillos se van sublimando y todo se va haciendo tan y tan complicado que a veces sólo reaccionas cuando la debacle ya está encima...

Supongo que todos somos de esperar hasta que algún cambio profundo se nos resiste y se nos va imponiendo en el centro de la existencia, hasta que caemos y tenemos que reconocer que no todo lo que necesitamos en esta vida ES DE SERIE, que tenemos que abrir bien los ojos y mover el culo. Y espabilar, antes de que la vida, por nuestra dejadez, acabe cambiándonos de lugar los verbos de esta última frase... en fin...

Pero aquí viene nuevamente el escollo del ritmo, porque puedes saber que los cambios tienen asas para que los cojas, botones de encendido y reguladores de potencia para ir manejándolos. Puedes saber eso, pero también puedes tener la percepción de que tu cambio es YA.

Sí, finalmente parió la abuela y deslizó la idea de que el devenir de las cosas podría venderse en el Súper: los cambios a nuestra medida y pendientes de nuestra santa voluntad. A eso iba cuando decía que, en parte y en general, estamos muy mal educados en este siglo -y en el anterior- para el cambio. La culpa la tienen las películas y los libros que pueden leerse en la playa y en los transportes públicos de corto-medio recorrido...

Se define PROGRESO a la acción y efecto de avanzar, crecer o mejorar, en sentido genérico, referido a la evolución de la sociedad humana. Por extensión, prosperidad y perfeccionamiento. A mí me parece que en algún punto, nuestra cultura más "de calle" ha identificado progreso con rapidez. Y todo ha ido tan rápido, que en la era de internet casi nos estamos criando en el YA. Café instantáneo, sopa "de la abuela" en sobre, información en tiempo real, y los cambios que necesitamos a nivel personal, AHORA. Por muchos megas que paguemos, todo no puede estar confiado a la fibra óptica. Nuestra EVOLUCIÓN tiene su propio ritmo. En las películas, que no duran más de dos horas porque no serían rentables, en los libros que leemos en la playa o en el metro o mientras esperamos a alguien, que son extensos y con una medida profundidad, para ser consumidos entre parada y parada, entre helado y helado, pues en esas películas y en esos libros, los cambios siempre vienen motivados por debacles, terremotos del azar o arranques de inspiración ante el infortunio, por parte del héroe de la historia. Todo rapidito. Oye, te lo pintan muy fácil, y acabas creyendo que después de A viene seguido B, pero en las pelis pasa así porque hay que ir preparando un desenlace para la próxima secuencia. Pensamos que nuestras mejoras o cambios de dirección son así de sencillos y predecibles. Muy mal educados estamos.

En la vida real, entre A y B puede haber mil buenos intentos pudriéndose en la basura, y largas, interminables sesiones de pajas mentales en la oscuridad antes de que uno tenga remota idea de cómo seguir adelante.

Hasta decir YA requiere un tiempo.

Somos extremadamente frágiles ante lo fortuito. Pienso en ello y acabo diciendo "que me quede como estoy". La voluntad es débil cuando llegas a tenerla definida, y en este último caso es voluble, y caprichosa como el paisaje de tus necesidades. Uno mismo no sabe lo que quiere ni cuando se encuentra incómodo en su pellejo, que es de su talla. Yo mismo, como todo bicho normal, he pasado por todas las quejas y he probado todas las patéticas soluciones que, enmedio de la mierda, se me han ocurrido. Y la verdad es que pocas veces he obtenido óptimos resultados, o al menos explicaciones para ir sobrellevando mis miserias. Después de ser el más reflexivo, después de ser el más sagaz o el más intuitivo de cuantos puedo ser, no he hecho nada como para sentirme digno de llevar con orgullo la bandera de la raza humana. Cuando he solucionado algo puntual, me he parado a relamerme y he visto, con amargura, cuánto se ha roto a mi paso y alrededor con lo que solucioné para mi. Esto no ha hecho que reprima mi manera de ser o sentir, pero ha convertido mis más nobles deseos en deseos sin más. Me he visto atemperado en mis intentos. Como héroe de mi película, sería lastimoso este ir y venir en busca de soluciones dignas de mis problemas... Me parece que la gente no acabaría ni las palomitas en mi peli...

Siento pensar y decir, a estas alturas, que no soy el más fiable para definir mis cambios.

Sin embargo, uno se obstina en poner, pese a todo, la mejor cara a la vida (que es una y muchas posibles) y ensayo constantemente tentativas de mejora.

Mi "época de cambios", supongo que lo mejor será que la viva como una época de intentar hacer lo que esté en mi mano, estar pendiente de lo que no dependa de mi, pendiente de en qué puedo ayudar(me), y buscar mi propia serenidad, antes de sobreactuar y enmerdarlo todo y convertir mi vida en una estúpida y enrevesada película que acabas viendo mientras dormitas en un autobús.

Mejor tranquilizarme, porque en la vida real, los cambios suelen seguir una lógica natural: suelen darse por erosión y desgaste, suelen darse por evolución/involución (que en el mundo natural no todo progreso se da por avance) o por una dinámica constante de creación/destrucción.

Para saber sobre la naturaleza de los cambios, ya nos convendría entender la lengua de los cantos rodados del río, saber preguntarle a un sauce. Sus respuestas nada tendrían que ver con las premuras de nuestras caprichosas necesidades. Vemos los cambios desde nuestra sola perspectiva, aunque estén incrustados en una maquinaria que NOS CONTIENE y en la que, en absoluto, somos los protagonistas. Y ya.



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Cierta conciencia.

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¡Atención, Fuego Interior!

Mujer del Fuego Interior, con juego o con curiosidad o con cinismo preguntaste y qué es para ti el amor. Sí, que estábamos al sol, en buena compañía, acuérdate. Pues has de saber algunas cosas sobre lo que, siendo más grande y más profundo, y más lejos y más cerca, y siendo más extranjero y más de tu casa, y siendo más que tú y más que yo, porque siendo una sombra al principio consigue derramar luz en los finales, sabe pues, que el amor ese del que tú hablas con juego, con curiosidad o cinismo, ese amor, señalará con el dedo lo que todos seremos, juntos y por separado, y nos iluminará cuando estemos pasmados y perplejos, y nos llenará de humildad si nos ve arrogantes. Porque sabe, Fuego Interior, que el amor es el interruptor que enciende tus mejores cosas, las que hacen sabiamente prosperar a la especie. Tú encontrarás ese interruptor en ti y en alguien, y alguien lo encontrará en ti y en sí mismo, y pondréis tino en el ojo y decisión en el dedo, hambre en la boca y calor y frío en la piel para que os acabéis vistiendo de besos. El amor vendrá sin ser invitado y se quedará, como siendo de la familia, se aferrará a la espalda de los incrédulos y construirá templo y posada. Y estará cerca en el momento desesperado y en la luz del nuevo día.
Y no debes apurarte, si a pesar de pensar en lazos blancos no te alcanzó su caricia, pues el amor tarde o temprano va a darte alimento para la mochila y paso en el pie para que emprendas su camino. Será la comida que tú llevas dentro y la que te van a dar por la calle. Es lo que tú querías y lo que no sabías que ahora quieres. Es el cuerpo y el espíritu con el que tú estás poniendo un color TUYO en este mundo. Es la piedra que aportas para construir una casa para todos. El amor está fuera y está en ti. Es el hijo y los padres. El amor es el campo, la semilla y el sembrador. Y el pan, después de su fruto. Está en lo que vas dejando allá de donde vienes. Está en el malestar, está en la fe y en la determinación que te obliga a subir y bajar montañas y cruzar ríos y desiertos, porque tú, sin saberlo, te has hecho un equipaje de amor, para ir a encontrarlo allá lejos, adonde vas.


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1 de marzo de 2011

Abrí las ventanas y entró la oscuridad de fuera.

Pienso ahora en mi estúpido amor atropellado, rondando tu figura en la penumbra, y tu sonrisa y tus ladridos a contraluz. Eso me llena de una especie de triste paz silenciosa.
He quitado de mi casa tus vestigios, aunque he puesto dos velas por ti. Aprieto los ojos, y los puños al pecho, e intentando evadirme de tu olor, del gusto enorme que mi alma encontraba en tu descontrol, me rujo las veces en que he sido valiente, las veces en que con espíritu de héroe pueblerino doblegué al imposible por dos, tres veces. Me rujo el poso de valor embriagado que me encontré en el pecho, con el que planté batalla a mi corazón ingenuo, a mi espíritu adolescente, a mi paso vacilante y a mi brazo débil, y descubrir después, por dos, tres veces que el imposible no era más que un estúpido calcetín al que puedes atreverte a plantar cara, volviéndolo del revés, con poco más de lo que ya tienes, sea tu espíritu adolescente o tu corazón ingenuo. Me recuerdo, en un rugido dolido, cuando con paso vacilante, mi brazo débil quiso y pudo volver del revés al imposible y torció el destino hacia mi lado. Forcé, con lo poco que tenía, a que las cosas me vinieran de cara. Después lo pagué, es cierto, por dos, tres veces. Pero esa belleza que encontré en mí, en mi valor oculto, en mi fuerza que no conocía, hace que sin remedio hoy se me escapen por las costuras del corazón nuevos borbotones de espeso, tibio y perfumado amor, pese a los imposibles que se van renovando.


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Confesión.

Mucho tiempo al día queriendo ser escritor, casi ningún tiempo escribiendo. Mi confesión.
No sé si soy un vago disfrazado de deprimido, o un fantasma sin talento ni empuje mareando la perdiz. El otro día leí en "Malas Ventas" de Alex Robinson (no recuerdo qué volumen), que había uno que estuvo quince años escribiendo para darse cuenta -sólo entonces- de que no tenía talento para ello. Como es natural, se planteó seriamente dejarlo, pero no podía: a esas alturas ya tenía una fama que mantener...
Ay, la fama. De entre todas las leyendas mitomaníacas que te dirigen cuando empiezas a atreverte a decir que quieres ser artista o algo así -que no vas a estar en el camino de hacer algo de provecho con tu vida, vamos- pues lo primero que te sueltan es lo de que tú lo que quieres es ser famoso. Yo siempre me he quedado un poco a cuadros, porque, lo de ser famoso... se puede ser tristemente famoso, no? Por no decir que famoso, me parece que es más de estar que de ser... En fin, no me quiero desviar...
Lo de descubrir lo del talento, pues no hay un termómetro para eso, y quién dice que lo tengas o no, y que es importante o pertinente o deseable el tenerlo. ¿Y para qué? ¿O para quién? Cuando yo era chico, tener talento era no hacer ruido, no ensuciarse mucho, no decir palabrotas, y sobre todo, decir que no tienes hambre cuando vas con tu madre de visita y te ofrecen una clase de galletitas superbuenas que NUNCA has visto en tu casa. Oye, ese talento yo no lo entendía, porque ¿cómo puede considerarse bueno algo que te obliga a negar lo que eres o lo que quieres? Y el talento relacionado con las artes, pues tampoco lo entiendo mucho, la verdad. ¿Y cual será mi caso? Nadie espera mis cosas. A lo mejor, en algún recóndito hueco de mi interior, las estoy esperando yo, aunque no se lo estoy diciendo a nadie. Me obligo a un tiempo fijo de biblioteca cada día, y así, con esas sobras voy alimentando mis ínfulas. La mayor parte del tiempo leo cosas que quiero considerar constructivas, que me llevarán a algo, quiero pensar. Pero la verdad es que últimamente, cuando me ha dado para escribir algo más atrevido que una nota, creo que el máximo provecho ha sido la gimnasia de una buena letra y una mínima limpiada de conciencia de un par de folios, como mucho. Y no tengo fe en esperar que poniéndoles fechas al pie, añadan con el paso del tiempo una pátina de decencia a todo esto.


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La calidad de tus silencios.

En casi todas las historias de pobreza, guión, dignidad artística que he leído había un hombre con una mujer.
Eran historias de pobreza con amor. Y aunque no eran imprescindibles, incluso en absoluto necesarios, también había amigos y vino tinto.

Una percepción algo melancólica que proyecto en mi vida testaruda, sin resignación y sin mujeres en verdadera sintonía, guión, disposición, guión, situación favorable a mis desfasados afanes exploratorios, guión, valores caducos en el siglo corriente.

Estos son algunos de los lastres, guión, adornos de mi vida sin guión.

Y si, lamentablemente, sin que haya razones, guión, intuiciones de peso, me descubro más tiempo del que debiera acordándome de los muertos del que amarró a la cabra, pues he de admitir, sin sonrojo, y desafiando la débil frontera entre patetismo y valentía, que más tiempo del que debiera acabo prestando atención a mi parte irascible, corazón.



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