sepa que es veintiséis y no he desayunado.
Sepa que camino hambriento siguiendo un palpitar de las estrellas.
Sepa que vengo ofrecido a la voluntad de la rabia del monzón asalvajado, entregado al asombro, la ternura de los cataclismos.
Anoche, antes de acostarme, me mojé del arder de la luz y de la sombra, y por eso quizá esta mañana me he despertado mucho antes de hora. Me levanté con el ansia de entender la llama, rezando labio diosanto y que no me abandone la fuerza mordedora.
Voy con todo mi nombre completo.
Voy viviendo del todo ahora, y como iba diciendo el cantor, voy soñando el porvenir.
Y aquí me veo, cuidando todo lo que puedo este precioso bulbo invisible soterrado.
El alma la llevo en vilo, el corazón no para de afilado. Y voy oliendo paisajes, cabalgando a pelo los nervios, a lomos de unos vientos que yo, con quienes me ayudan, hacemos propicios.
Jag.
26_3_21
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