a contar hasta diez antes de empezar a construir a partir de un simple comentario. Por tres cuatro veces comprobado.
He aprendido a respirar y no dejarme arrastrar por la flama equivocada del deseo, que sabe de la vida preñada de tesoros, y nunca se cansa de dibujar viajes gozosos, ni de soñar banquetes de besos que abrigan y abrazos que comprenden.
He aprendido contigo que lo que es puede que no sea, y que lo que no es no es.
Mucho he aprendido contigo, domando la lengua del corazón y templando el aire respirado, el centímetro.
Contigo he aprendido, otra vez, lo que una vez aprendí y me propuse olvidar, por el temor a convertirme en un clásico que se vende en pasta dura, en montones de supermercado, que te lo dan con cupones, y lo apilas de cualquier manera en instantes de aglomerado.
Todo eso y más he aprendido contigo, y en días como hoy yo lo doy por bien empleado. No obstante, y antes de que todo vaya a peor, pienso que aún me falta aplicarte a ti misma lo que me dio tu enseñanza. Y dar por bueno, hasta hoy, lo que siento, y acotado lo vivido.
Pero no puedo, pese a esta tristeza que me apaga, dejar de buscar a cada momento del día un rastro de tu suspiro, una sombra de tus ojos mirando a cualquier parte.
La cosa más insignificante que me ayude a llegar a tu lado.
Jag.
11_4_17
Este texto se escribió como presentación en FB de otra entrada del blog: "ISTMO".
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